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Discusiones Generales » Ateismo - Topic OficialParticipa en el tema Ateismo - Topic Oficial en el foro Discusiones Generales. |
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| | #391 | ||||||
| Denunciante Distinguido |
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Cristo vino a traer la guerra! Cita:
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Y esta en el nuevo testamento! | ||||||
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| | #1.5 |
| SponSor ![]() | |
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| | #392 |
| Denunciante Distinguido | Donde kedo el amor ahi? |
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| | #393 | |||
| Denunciante Distinguido | Cita:
Sí. Cita:
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Cuando el mismo Jesús dice que trae la espada es por esto: por causa suya habrá división, guerras e intolerancias. PD: ¿Cómo explica la ciencia que nosotros (humanos) tengamos consciencia y los animales no? Última edición por El Armando; 07-02-2009 a las 10:20:23 | |||
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| | #394 |
| Denunciante Distinguido | Sería bueno que le echáramos un vistazo a los obstáculos epistemológicos De acuerdo con Bachelard, se dan cinco obstáculos principales a saber: 1. La experiencia básica o conocimientos previos. 2. El obstáculo verbal. 3. El peligro de la explicación por la utilidad. 4. EI conocimiento general. 5. El obstáculo animista. 1- LA EXPERIENCIA BÁSICA O CONOCIMIENTOS PREVIOS: En la construcción de conceptos científicos el primer obstáculo es la experiencia básica o los conocimientos previos, es decir que los individuos antes de iniciar cualquier estudio, tienen ya un conjunto de ideas muy propias acerca del cómo y el por qué de las cosas son como son. Esta ideas previas pueden ejercer una potente influencia que puede limitar el proceso de aprendizaje. Para Bachelard ( 1976: 27): " En la formación del espíritu científico el primer obstáculo es la experiencia básica". Esto carga de subjetividad las observaciones y se pueden tener concepciones erróneas, ya que las cosas se ven tal como nosotros queremos verlas y no como realmente son. En relación con este aspecto, al analizar la situación de los y las estudiantes en la escuela, se observa que al tratar de comprender un concepto y explicarlo, elaboran construcciones personales con base en lo que han observado a su alrededor y en su interacción cotidiana con las personas que les rodean y con los medios de comunicación, como la televisión. Se forman así conocimientos que aunque no son correctas desde el punto de vista científico, le sirven al estudiante para comprender los conceptos estudiados. Estos conocimientos se evidencian a través del lenguaje cuando se le pide al alumno que exprese una definición sobre un determinado concepto. Ejemplo: Al preguntarle: ¿Qué es un cambio de estado? Responde:" Es cuando el hielo se derrite y se convierte en agua" Aquí el niño traslada su experiencia de lo que observó en un trozo de hielo, pero no hace explícito el concepto. Sólo describe lo que interiorizó al hacer sus observaciones Este conocimiento se toma frágil, porque el niño no generaliza, sino que particulariza el concepto a un solo hecho. Son muchos los ejemplos en donde se nota la influencia de la experiencia previa que hace que las conceptualizaciones se den de manera errónea. Estos Conceptos previos, según Ausubel (1986:61) y Pozo (1989:28, son muy estables y resistentes al cambio, ya que por lo general son compartidos por muchas personas de diferentes edades, contextos culturales, formación y países. Además, muestran una serie de características relacionaos con el origen que tengan, de acuerdo con esto, Pozo y otros (1989:34), los clasifican en tres grupos: concepciones espontáneas, concepciones inducidas y concepciones analógicas. A continuación se analizarán ejemplos de cada una de ellas. A. CONCEPCIONES INDUCIDAS: Se forman por las percepciones sensoriales que tienen los niños acerca del mundo que les rodea y de hechos de la vida cotidiana Algunos ejemplos del trabajo realizado con escolares de siete años de edad, son los siguientes: Al preguntar ¿Qué es el aire? Un niño de siete años responde: aire es el viento que sopla. Es frío y mueve las hojas de los árboles. Otros ejemplos son los siguientes: → Calor: Es algo caliente que produce el sol y que nos quema. → Estado líquido: Es todo lo que se puede tomar y cuando se pone en un trasto se mueve y se puede regar. En estos casos es evidente la influencia de las percepciones sensoriales, las descripciones las realizan los niños con base en sensaciones y dejan de lado la definición científica y el lenguaje empleado por el maestro en la escuela. B. CONCEPCIONES INDUCIDAS: Son creencias inducidas debido a procesos de socialización. Estas concepciones se originan en el entorno familiar, social y por la influencia de los medios de comunicación. Al preguntar a un niño de nueve años: ¿Qué es un animal salvaje o silvestre? Responde: Son los leones y los tigres que viven en África y que atacan para comerse a la gente y a otros animales. Este tipo de concepción se deriva es algunos cuentos, películas y de las historias o fábulas que hacen referencia a los animales silvestres o salvajes. No se piensa que: "Un animal silvestre es el que vive en el bosque, que es capaz de obtener por su cuenta el alimento y de buscar refugio". Animales como la guatusa, el pizote o el tepescuintle, que son silvestres, no son concebidos como tales, porque como no son carnívoros, no atacan para tomar una presa que les sirva de alimento. A un niño de ocho años se le pregunta: ¿Qué es trabajo? Su respuesta fue: "Trabajo: es lo que hacen las personas para ganarse la vida" No hacen referencia al concepto físico de trabajo: “Fuerza que se necesita para mover un objeto a una distancia determinada". Es obvia la influencia de la concepción social de trabajo. De lo cotidiano, de lo que las personas comprenden como trabajo en su medio familiar. Utilizan el homónimo que hace referencia a lo más cercano, a lo que viven diariamente. A una niña de nueve años se le pregunta: ¿Qué son seres animados? A lo que responde: Seres animados: Son las personas que están contentas y felices, como cuando estamos en una fiesta. En este caso, la niña utiliza el homónimo animado: alegre y divertido, que se utiliza con frecuencia en nuestro medio familiar o social y no hace referencia al homónimo que significa seres con vida, que sería el concepto científico correcto, en este caso. En términos generales, se puede observar cómo los niños emplean un significado diferente de las palabras al que utiliza el maestro. Es evidente la influencia de los conocimientos previos, de las concepciones inducidas. Así, Osborne y Freyberg consideran que: Cuando un profesor habla a la clase, hace un esquema en la pizarra, explica un mural o pide a un alumno que lea en alto un texto, su pensamiento (o el del autor del texto ) no queda automáticamente transferido a la mente del alumno. Cada uno de los individuos presentes en el aula forma sus propias ideas a partir de diversos estímulos, incluyendo las palabras específicas, leídas u oídas, que hay en ese entorno concreto de aprendizaje" (Osborne y Freyberg, 1998: 61). Con estos ejemplos comprobamos que no son solamente las palabras de índole técnica y científica las que pueden inducir a dificultades de comunicación, sino también aquellos términos de uso común que presentan varias acepciones, pero que el significado cotidiano es el que prevalece, porque es el que los niños han asimilado en su entorno. C. CONCEPCIONES ANALÓGICAS: Se derivan de las comparaciones que se realizan con hechos de la vida cotidiana, así la comprensión del concepto se basa en la formación de analogías generadas por los propios alumnos en su entorno familiar o en la escuela. Ejemplos: Al preguntar a un alumno de ocho años : ¿Qué es el movimiento? Responde: Es como un trompo que da vueltas. Aquí no lo define, sino que hace una comparación para definir el concepto. Cuando se preguntó a otros niños de ocho años, sobre los siguientes conceptos, respondieron: Estado gaseoso: Es como el aire, se ve como el humo. No tiene forma ni se puede tocar. Fuerza: Es como una energía que nosotros tenemos en nuestro cuerpo, y la obtenemos cuando comemos los alimentos. Es lo que nos permite correr y jugar. Evaporación: Es como cuando el agua que está en una cafetera se calienta y se transforma en humo y se eleva y se va para las nubes. En todos estos casos, los alumnos no logran dar una definición científica del término sino que lo que hacen es hacer comparaciones, para poder explicarlos. Estas ideas previas que tienen estos niños, influyen en su pensamiento sobre estos temas, están muy arraigadas en ellos e influyen en su proceso de aprendizaje. Estas ideas previas, en cualquiera de las tres concepciones citadas, deberían tratar de modificarse , pero según Hewson , citado por (Osborne y Freyberg , 1998: 85): "Cualquier cambio de punto de vista debe ser fruto de un proceso gradual." Por ello como docentes, debemos tratar de que algunos de los niños cambien sus ideas por las de los científicos, para así poder desarrollar una perspectiva científica u obtener alguna perspectiva intermedia en donde se integre la concepción científica aceptada por los docentes con las ideas cotidianas que tienen los niños sobre algún concepto determinado. Sin embargo, para que los estudiantes logren cambiar sus ideas, deben primero estar convencidos de que las que tenían antes no son correctas y ofrecerles una alternativa que les sirva, que la comprendan y que puedan considerarla aceptable y conciliable con los criterios que ya tienen. 2- EL CONOCIMIENTO GENERAL: Para Bachelard : "Nada ha retardado más el progreso del conocimiento científico que la falsa doctrina de lo general que ha reinado desde Aristóteles a Bacon inclusive, y que aún permanece, para tantos espíritus como una doctrina fundamental del saber" ( Bachelard, 1976: 66). Al explicar mediante el uso de generalizaciones un concepto, se cae, en la mayoría de las veces, en equivocaciones, porque los conceptos se vuelven vagos, e indefinidos, ya que se dan definiciones demasiado amplias para describir un hecho o fenómeno y se deja de lado aspectos esenciales, los detalles que son los que realmente permiten exponer con claridad y exactitud los caracteres que permiten distinguirlos y conceptuarlos correctamente. Muchas veces se dan falsas definiciones, que lejos de construir un concepto científico, se vuelven como hipótesis erróneas, que se construyen con base en las observaciones directas realizadas mediante los sentidos. Ejemplo de ello son las siguientes definiciones dadas por niños de 8 años de edad: Al preguntar a una niña de nueve años: ¿Qué es un huracán?, responde: es cuando hace mucho viento y llueve mucho, y ocurren inundaciones que dañan las casas. En esta definición, sólo se hace referencia a lo que la niña puede observar: el viento y la lluvia, pero no define el término haciendo referencia a que es un fenómeno atmosférico y a las causas que lo originan. Quedan por fuera muchos detalles. |
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| Denunciante Distinguido | Otro ejemplo: Al preguntar ¿Qué es la flora? Un niño de nueve años responde: Es el conjunto de flores y árboles que están en la naturaleza. Aquí se excluyen las hierbas, los arbustos, las plantas sin flores como los helechos. Por lo tanto, la definición resulta incompleta e inexacta. Otra definición en donde se establece una generalización es la siguiente: Herbívoros: Son los animales que se alimentan de hierbas. Al analizar esta concepción, vemos como se enfoca únicamente hacia las hierbas, y se dejan de lado animales herbívoros como la jirafa que se alimenta de las hojas que están en las copas de los árboles, la danta que se alimenta de raíces o aquellos animales que se alimentan de frutos y semillas. Por lo tanto comprobamos una vez más , cómo realmente las generalizaciones dejan de lado detalles importantes, que pueden inducir a errores de conceptuaIización. Al generalizar el niño sale del paso con una explicación sencilla que la aplica a toda una definición, de una forma resumida y concreta. Se dejan detalles de lado que son los que realmente le dan sentido a la definición y sobre todo, le dan validez científica. De ahí, que de acuerdo con los resultados obtenidos en el trabajo con los niños, podemos comprobar que realmente tal como lo afirma Bachelard (1976: 66), el conocimiento general se convierte en un obstáculo epistemológico en el proceso de construcción del conocimiento científico. 3- EL CONOCIMIENTO PRAGMÁTICO Y UTILITARIO: El utilitarismo plantea una serie de problemas a la hora de definir un término, pues existe la tendencia de reducirlo y sintetizarlo de tal manera que se pretende explicar o definir un concepto solamente mediante la idea de utilidad o beneficio. Para Bachelard: "En todos los fenómenos se busca la utilidad humana, no sólo por la ventaja positiva que pueda procurar sino como principio de explicación"(Bachelard, 1976: 110). En este estudio, se pudo comprobar que los niños tienden a darle unidad a los conceptos, y reducen su significado tomando en cuenta sólo un aspecto de la realidad: la relación con los beneficios que generan al medio o a las personas. Por ejemplo, al preguntar a un niño: ¿Qué es electricidad?, contestó: "Es una energía que nos sirve para producir luz y para poner a funcionar los aparatos electrodomésticos". Eneste caso no se define el concepto sino que el alumno se limita únicamente a mencionar los beneficios que tiene la electricidad. Otros ejemplos: Nube: Están en el cielo y sirven para producir lluvia. Dientes: Son blancos, están en la boca y sirven para comer. Brazo: Es lo que sirve para agarrar las cosas. Luz: Sirve para poder ver en la oscuridad porque ilumina. Es lo que nos alumbra. Aire: Es un gas que no se ve, nos sirve para refrescarnos y para respirar. Todos los conceptos anteriores son manejados por los niños tomando como referencia la utilidad que tienen, y es lo que usan como principio para brindar las explicaciones sobre los diferentes términos, es decir, la utilidad es la razón que sirve de base para construir las definiciones. Para Bachelard, "la utilidad ofrece una especie de inducción muy particular que podría llamarse inducción utilitaria. Ella conduce a generalizaciones exageradas" (Bachelard, 1976: 109). Esto obviamente lleva a concepciones erradas y reduce notablemente el significado del concepto. 4. EL OBSTÁCULO ANIMISTA: Los niños tienen la tendencia de explicar ciertos fenómenos o definir ciertos conceptos haciendo analogías con la naturaleza animada. Según Bachelard : "Los fenómenos biológicos son los que sirven de medios de explicación de los fenómenos físicos. Esta característica de valorizar el carácter biológico en la descripción de hechos, fenómenos u objetos, representan claramente el carácter del obstáculo animista" (Bachelard, 1976: 186). Al preguntar a un grupo de niños menores de nueve años sobre algunos conceptos científicos que se incluyen en los programas del MEP, se notó en forma evidente la influencia del animismo en el proceso de construcción de los mismos. Algunas definiciones que ejemplifican esta tendencia, son las que se citan: Movimiento: Es aquello que se mueve como los animales y la gente. El niño en este caso no describe el concepto físico de que es un tipo de energía, sino que lo ejemplifica haciendo referencia a los seres vivos o animados. Vapor: Es un humo fantasma que traspasa las cosas, que se mueve pero que no se puede agarrar. En este caso , tampoco definen el término, sino que utilizan una analogía imaginaria con un ser que es capaz de actuar por sí mismo, como si fuera un organismo vivo. Otros ejemplos: Tornado: Es un remolino de viento muy bravo que se lleva las cosas que encuentra en el camino. Calor: Es lo que me hace sudar. Presión del aire: Es como algo que empuja las cosas, pero que no lo podemos ver porque es invisible. En términos generales se notó que los niños muestran dificultad en definir lo relacionado con conceptos físicos, y es aquí en donde se nota la influencia del animismo. Muchos niños y niñas responden de acuerdo con lo que conocen en su medio más cercano y lo relacionan con características propias de los seres vivos, de ahí que las definiciones que dan acerca de los distintos conceptos están cargadas de características vitales, estados anímicos y/o sensaciones. Después de realizar este diagnóstico, se pretende que el docente logre tomar conciencia acerca de la influencia del animismo infantil en la construcción errónea del conocimiento, para que así poco a poco logre convencer a los estudiantes de que estas ideas no son las correctas y se propicie la transformación gradual de las mismas, para que así los niños puedan construir el concepto correcto. No importa que lo haga con sus propias palabras, lo que es válido es que demuestre que la idea que el niño concibe y expresa con sus propias palabras se acerque a lo correcto. 5. El obstáculo verbal Otro de los obstáculos epistemológicos del léxico considerado por Bachelard es el obstáculo verbal, el cual se presenta cuando mediante una sola palabra o una sola imagen se quiere explicar un concepto. Así es como hábitos puramente verbales, se convierten en obstáculos del pensamiento científico. En el caso de la investigación sobre el léxico científico de escolares ramonenses se le preguntaba al niño: ¿Qué es la flor? y contestaba un "adorno", o sea, que con una sola palabra que hace referencia a la utilidad del vocablo definía una parte de la planta que posee los órganos de la reproducción, y es que con esta palabra, el niño está dando la imagen generalizada que se tiene de una flor. Lo mismo sucedió cuando se preguntaba: ¿Qué es el fruto? y la respuesta era: "comida", "alimento", y aunque hay frutos que no son comestibles se generaliza la imagen por la cantidad de frutos que ellos conocen como comestibles, o bien, porque no conciben que existen frutos que no se comen. En ambos casos se sustituye el concepto, por una palabra que designa una de las utilidades o empleo de esos vocablos. Un caso diferente se presenta cuando se hace la definición con una sola palabra que involucra una parte del concepto; no el todo. Por ejemplo: ¿Qué es la enfermedad? lo cual fue respondida así: "un virus", "un dolor", "fiebre". Tres respuestas diferentes. En el caso de un virus, éste puede producir una enfermedad; pero no todas las enfermedades son ocasionadas por un virus. Las respuestas "un dolor", "fiebre", son síntomas o consecuencias de una enfermedad; pero no se obtuvo la respuesta correcta a la pregunta, ya que ningún estudiante hizo referencia a la alteración de la salud. Se encontraron casos donde con una palabra se quería expresar los fenómenos más variados. Esta situación se presentó con varias de las respuestas dadas por los niños en la investigación citada, por ejemplo; la nube fue definida como "aire", "gas". No se hizo referencia a una masa de vapor de agua suspendida en la atmósfera. También definían el vapor de agua como "gas" "humo transparente". Había casos, inclusive, en que se les preguntaba por partes del cuerpo: ¿Qué es la boca? ¿Qué es el brazo? Y el niño se tocaba la parte respectiva y decía: "esto", porque a veces la función de la palabra "es de una evidencia tan clara y distinta que ni se siente la necesidad de explicarla" (Bachelard, 1976:87). Hubo ocasiones en que se tocaba la parte por la que se preguntaba y se refería a su utilidad: Boca: lo que sirve para hablar; lo que sirve para comer. "Brazo", lo que sirve para coger, o bien, se hace alusión a una cualidad del objeto para definirlo: "hígado", es café; "faringe", es un tubo; "sol", redondo, caliente; "estrella fugaz": que se mueve; "luna llena": entera, redonda, círculo blanco. Se cree que "al asociar a una palabra concreta una palabra abstracta se hace avanzar el pensamiento, cuando en realidad lo que se ha presentado es un movimiento puro y simplemente lingüístico. En este sentido se encuentran deficientes explicaciones de carácter metafórico: metáforas que se apartan de la verdad, como en los siguientes casos: → Estómago: es como un "globo". → Apéndice: es como un "rabito", como un "palito". → Glándula salival: es como una "florcita", es como "algodón". → Asteroides: son como "pelotitas". → Sol: es como un "globo de gas caliente". → Páncreas: es como una hoja. A este respecto anota Bachelard: "No es tan fácil, como se pretende desterrar a las metáforas en el exclusivo reino de las expresiones. Quiérase o no, las metáforas seducen a la razón. Son imágenes particulares y lejanas que insensiblemente se convierten en esquemas generales" (Bachelard, 1976:93). Lo que se requiere entonces, es explicar los fenómenos complicados con un material de fenómenos simples, como cuando se aclara una idea compleja, descomponiéndola en ideas simples. Según Bachelard, este obstáculo es la falsa explicación lograda mediante una palabra explicativa. Una sola palabra o una sola imagen constituye toda la explicación del concepto. |
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| | #396 |
| Denunciante Sobresaliente | |
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| | #397 |
| Denunciante Sobresaliente | Interesante articulo de Fernando Vallejo en la edicion N° 70 de El Malpensante, en la cual Vallejo toca temas como la evolucion, la defensa de los animales y las atrocidades de las tres religiones monoteistas. Un poco extenso, pero muy interesante. Mi otro prójimo Fernando Vallejo Después de darle muchas vueltas al asunto, el autor antioqueño ha decantado unos principios tan simples como polémicos. En noviembre del año pasado los expuso con su habitual tono durante una conferencia en Berkeley. Durante la segunda mitad del siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX Maupertuis, Lamarck y Erasmus Darwin empezaron a hablar de lo que hoy conocemos como la teoría de la evolución: que todos los seres vivos, sin excluir al hombre, están emparentados por provenir de antepasados comunes, y en última instancia de un solo antepasado común, la primera célula que dio origen a toda la vida que ha existido y existe hoy sobre la Tierra. En 1859 Charles Darwin (nieto de Erasmus) publicó El origen de las especies para tratar de explicar cómo se origina una especie de otra, el fenómeno de la “especiación”, que es un aspecto de la evolución pero no toda la evolución, y postuló para ello el mecanismo de “la selección natural” o “supervivencia del más apto”, el cual a mi modo de ver no pasa de ser una perogrullada o tautología, una explicación que no explica nada: como Dios, ni más ni menos, con quien tratamos de explicar lo que no entendemos, aunque sin lograr entenderlo a Él. Pero en fin, repleto de datos de botánica y zoología, El origen de las especies daba la impresión de ser un libro muy científico y su aparición marcó el triunfo de la teoría entera de la evolución, que es lo que importa. Y es que la evolución biológica es una realidad manifiesta. Compárese usted con un perro y verá: usted y él tienen dos ojos, dos oídos, una nariz con dos orificios nasales, boca u hocico con dos hileras de dientes, un sistema circulatorio con venas y arterias y sangre roja con hemoglobina, pulmones para respirar, un sistema digestivo que procesa los alimentos y los excreta, etcétera. Y sobre todo, que es lo que cuenta para la tesis que voy a sostener aquí, un sistema nervioso con el que usted y el perro sienten el dolor, el hambre, la sed, la angustia, la alegría, el miedo... Un sistema nervioso que es el que produce el alma. Y dejando al perro, compare ahora a su mujer con la hembra del chimpancé y verá que los ciclos reproductivos de ambas son casi iguales y que usted está casado con una casi igual, una semisimia parlante que produce óvulos, tiene menstruación, es fecundada en el coito a través de una vagina y pare después de varios meses de gestación por el mismo orificio por el que la inseminaron. Y ponga a una simia y a su mujer a levantar sendas piedras a ver. Míreles las manos. ¿No se le hacen muy eficaces, muy expresivas, muy parecidas por no decir que iguales? Y míreles las caras, la expresión de las caras. Y por si le quedan dudas, tenga presente lo que nos enseñan la citología respecto al cariotipo y la biología molecular respecto al genoma: el chimpancé, el gorila y el orangután, o sea los grandes simios, tienen 24 pares de cromosomas; el hombre tiene 23, pero resulta que uno de los cromosomas nuestros está partido en dos en ellos, y los restantes 22 pares de cromosomas son iguales. En cuanto al genoma (o sea el conjunto de los genes que están en los cromosomas y que determinan quiénes somos, si fulanito de tal o zutanito, si blanco o negro, si perro o gato), el del hombre y los del gorila y el orangután coinciden en el 98 por ciento, y el del hombre y el del chimpancé en el 99 por ciento. Así nos lo dice la última de las grandes ciencias biológicas, la biología molecular, la de Watson y Crick, la de Avrey, Kornberg, Spiegelman, etc. ¡Carambas! Si no estamos emparentados con los simios, los perros, los gatos, las vacas, las ratas y demás mamíferos (por no ir más allá de la clase Mammalia y ampliar nuestro parentesco al fílum de los vertebrados) tampoco entonces lo están los padres con los hijos, los hermanos con los hermanos, los primos con los primos... Somos como los perros, los gatos, las vacas, las ratas... Lo que nos separa de ellos y de los restantes mamíferos frente a las coincidencias es insignificante. Hasta tenemos sus mismas enfermedades. Las ratas nos contagian la peste, pero del mismo modo nosotros se las contagiamos a ellas. Y a los perros les da diabetes, como a nosotros, y sobre todo si les sacamos el páncreas para ver si sí les da. Y les da cáncer, como a nosotros. Y envejecen, como nosotros. Y se mueren, como nosotros. ¿A qué entonces la pretensión bíblica de que el hombre es el rey de la creación? Acaso porque sólo el hombre ha desarrollado el lenguaje hablado, el de las palabras, en el que radica su portentosa capacidad de mentir. Nos designamos desde Linneo como el Homo sapiens u hombre sabio pero no, somos el Homo mendax, el hombre mentiroso, la mentira es nuestra esencia. Milenios le tomó al hombre desengañarse del cuento bíblico, redescubrir y aceptar lo que en un principio bien sabía (cuando vivía en las copas de los árboles como simio o cuando bajó de ahí a las sabanas de África como australopiteco u homínido y se enderezó y empezó a caminar en dos patas), que en esencia es un simple animal, una especie más entre los millones de especies animales que pueblan la Tierra. Para mediados del siglo XX ya a ningún científico le quedaban dudas de esto. El “creacionismo”, como se llamó a la teoría opuesta a la de la evolución y que sostiene que Dios creó todas las especies inmutables tal como aparecen en el presente y que unas no provienen de las otras, hoy no es más que un feo engaño del pasado. ¿Y por qué se tardó tanto el hombre en descubrir verdad tan obvia? Es que nacemos con dos ojos para ver y dos oídos para oír pero con una venda moral que nos impide sentir el dolor del prójimo, entendiendo por “prójimo” todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir, así camine en cuatro patas. Unos pocos en el curso de sus vidas logran quitarsela venda pero la mayoría no, como nacieron se mueren, con el alma tapada, que es como vivieron y murieron Cristo y Mahoma, a cuyas religiones hoy pertenece más de la mitad del género humano: 3.400 millones. Y sin embargo ya en el siglo vii antes de nuestra era Zaratustra, quien acabó en Irán con los sacrificios de bueyes y fue el primer protector de los animales, lo había entendido muy bien. Como lo entendió un siglo después Mahavira, el fundador del jainismo, cuya norma básica es la de no infligir jamás el dolor a ninguna criatura viviente y cuyo ideal supremo era la muerte voluntaria por inanición, con la que se anticipó en más de milenio y medio a los cátaros. Fueron jainistas los primeros en fundar, en el siglo III antes de nuestra era, asilos para animales viejos y enfermos donde los alimentaban hasta la muerte............... |
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| | #398 |
| Denunciante Sobresaliente | ........Pero las religiones de Cristo y de Mahoma no surgieron de la nada: provienen de la de Yavé, el Dios local de los judíos que fue el que creó el mundo en seis días. Y claro, con semejantes prisas así le quedó: un engendro chapucero. Tan mal le quedó que al punto se arrepintió y nos mandó el diluvio. “Yavé vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal. Se arrepintió entonces de haberlo creado y se afligió su corazón. ‘Borraré —dijo— de la superficie de la tierra a la humanidad, y también a los animales, pues me pesa haberlos creado’ ” (Génesis, 6, 5). ¿Y por qué también a los animales? ¿Qué culpa tenían ellos de la maldad del hombre? ¿Por qué tenían que pagar ellos por nosotros? Oigan lo que dice el Levítico, el tercer libro de la Biblia: “Si todo el pueblo de Israel ha pecado por ignorancia, en cuanto se dé cuenta de su pecado ofrecerá un novillo como sacrificio” (4, 13). “Si el que peca es el sumo sacerdote, le ofrecerá a Yavé un novillo sin defecto” (4, 1). “Si es un jefe, traerá como ofrenda un macho cabrío y lo degollará en el lugar de los holocaustos” (4, 22). “Quien toca por inadvertencia inmundicias humanas o pronuncia un juramento insensato, como sacrificio de reparación le llevará a Yavé una hembra de oveja o de cabra y el sacerdote hará expiación por él” (5, 3). “Si un hombre tiene relaciones con una esclava, le ofrecerá a Yavé como reparación un carnero” (19, 20). “Si un hombre tiene relación sexual con un animal, morirán él y el animal. Y si una mujer se deja cubrir por un animal, los dos morirán también. Son responsables de su propia muerte” (18, 23 y 20, 15). ¡Carajo, yo jamás he visto a un pobre burro persiguiendo a una puta vieja para cubrirla! Cada día, “ofrecidos en holocausto de calmante aroma para Yavé”, se le sacrificarán al exigente dos corderos de un año sin defecto, uno por la mañana y otro al atardecer; el sábado serán dos corderos; el primer día de cada mes, siete más un carnero; el día 14 del primer mes, lo mismo; y lo mismo el día de las primicias, “además de un macho cabrío para que expíe por ustedes” (Números, 28, 3 y siguientes). Y así se va haciendo la larga lista de los animales que hay que sacrificarle en tal día o en tal otro al despótico Señor del mundo, por lo uno, por lo otro, por lo otro. Porque a la mujer le vino la regla, porque dio a luz una niña... Cabras, tórtolas, vacas, chivos, corderos, carneros, ovejas, pichones van cayendo degollados o despanzurrados para después ser quemados en el altar del Monstruo. De los libros de la Biblia, y de cuantos ha escrito el hombre en arcilla, en papiro, en pergamino, en papel, con ideogramas, jeroglíficos, caracteres cuneiformes o letras de alfabeto, el Levítico y Números, en los que Yavé le exige a su pueblo de carnívoros sacrificios de animales, son los más infames. Son el tercero y cuarto de esa colección de libros imbéciles y pérfidos que en el curso de medio milenio pergeñó el pueblo de Israel para justificar sus crímenes y sus guerras de conquista y para desgracia eterna de los hombres. Ni siquiera el libro de Josué es tan vil. En éste, el sexto del mamotreto, es donde está el famoso pasaje en que durante la batalla de los israelitas contra los amorreos Yavé detiene el sol en medio del cielo sobre Gabaón para que se tarde en ponerse, de suerte que Josué, su esbirro, pueda completar a cabalidad el exterminio de sus enemigos. En el curso de su campaña de guerra santa y tierra arrasada por las montañas, las planicies y las lomas de Canaan, la tierra prometida, que Josué recorre sin dejar vencido vivo, pasándolos a todos a cuchillo y asolándolo todo, el esbirro de Yavé ataca por sorpresa a los amoreos y los vence. “Y mientras los amorreos huían ante Israel y ya alcanzaban la bajada de Bet-Horón —anota el relato bíblico—, Yavé les lanzaba desde lo alto del cielo grandes piedras de hielo. Los que murieron golpeados por las piedras fueron más numerosos que los que cayeron bajo la espada de los israelitas”. ¡Qué imagen grotesca! El creador del mundo lanzándoles piedras desde lo alto del cielo, a mansalva y sobre seguro como cualquier rufián de baja ralea, a unos vencidos que huyen... Pero dos páginas después, cuando Josué emprende la conquista norte del país, el Monstruo se supera en infamia: “No les temas a tus enemigos —le dice a Josué— porque mañana a esta hora los entregaré heridos de muerte a Israel. Les cortarás entonces los jarretes a sus caballos y echarás al fuego sus carros” (Josué, 11, 6). Y así se hace, los derrotan sin dejar un solo sobreviviente, les cortan los jarretes a los caballos y echan al fuego los carros. “Cuando alguien me presente una ofrenda de animales —le ordena Yavé a Moisés en el Levítico—, que sea de ganado mayor o menor. Sacrificarán el novillo delante de mí y los sacerdotes ofrecerán su sangre derramándola sobre el altar; desollarán la víctima, la despedazarán y ahí la quemarán; éste es el holocausto o sacrificio por el fuego, cuyo suave olor apacigua a Yavé. Si alguien me ofrece ganado menor, corderos o cabras, que sean también machos sin defecto: los sacrificarán en el lado norte del altar, derramarán su sangre alrededor y luego los despedazarán en porciones. Si el holocausto es de aves, que sean tórtolas o pichones: el sacerdote les retorcerá la cabeza y las quemará sobre el altar rociando antes con su sangre la pared. Éste es el holocausto o sacrificio por el fuego, cuyo suave olor apacigua a Yavé”. Y esta fórmula inicua, “cuyo suave olor apacigua a Yavé” se repite una y otra y otra vez como en un responso fúnebre y monstruoso en la letanía de los sacrificios de holocausto, de comunión, por el pecado, por la malicia y por todos los delitos del hombre, en que van cayendo degollados cabras, novillos, tórtolas, pichones, ovejas, corderos, carneros... Así que también Yavé tiene el sentido del olfato. Con razón dice el Génesis, empezando la Biblia, que Yavé “hizo al hombre a su imagen y semejanza”. ¿Se comerá también Yavé, y los excretará como el hombre, a los animales que le sacrifican? Manual de los carniceros, el Levítico se lo destinó Yavé a los levitas, los de la tribu de Leví, su preferida, a quienes eligió como sus sacerdotes y de quienes proviene la estirpe rezandera de curas, pastores, popes, rabinos y ayatolas que después de milenios siguen infectando al mundo..... |
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| Denunciante Sobresaliente | ......La fuente de la que manan las tres religiones semíticas del judaísmo, el cristianismo y el mahometismo es la Biblia, un conjunto de libros escritos por incontables autores anónimos que a lo largo de medio milenio lo fueron reescribiendo, cambiando y comentando hasta lograr la maravilla que tenemos hoy: la palabra de Dios apresada en hebreo, griego, latín, inglés, castellano, etcétera, y donde Yavé, el Ser Supremo, cohonesta, autoriza y sanciona: la mentira, el engaño, el robo, el asalto, la esclavitud, el adulterio, la prostitución, el canibalismo, la intemperancia, la ignorancia, la arrogancia, la intolerancia, la tiranía, la brujería, la holgazanería, la embriaguez, la obscenidad, el asesinato, el fraude, las guerras de conquista, el atropello a niños y mujeres, los sacrificios de animales y la crueldad con ellos... Y qué sé yo, todo un catálogo de infamias. El incesto también, aunque ése es bueno, digo yo, ¿pues quién teniendo comida limpia y sana en su casa se va a comer a los restaurantes sucios de afuera? Y también la poligamia, aunque entendida como poliginia, o sea un hombre con varias mujeres, y nunca como poliandria, o sea una mujer con varios hombres, pues la Biblia es rabiosamente antifeminista. En tanto no se reproduzca y no haga daño, la mujer tiene derecho a cuantos hombres le plazca: diez, veinte, treinta, cien... Mientras no haya atropello ni reproducción el sexo es bueno con lo que sea: hombres, mujeres, perros y gatos. Madres con hijos, hijas con padres, hermanos con hermanas, hermanos con hermanos... El sexo despeja la cabeza y alegra el corazón. Lo malo de esa actividad tan encomiable es cuando el hombre, en contubernio con una mujer, la destina a la reproducción, a imponerle la existencia a un tercero que no la ha pedido y que está tranquilo en la paz de la nada. Nadie tiene derecho a reproducirse, imponer la vida es el crimen máximo. Pero pasemos a Cristo para seguir con Mahoma. ¿Quién fue este buen hombre, incierto y lejano, que hace dos mil años fundó la religión que lleva su nombre, a la que hoy pertenecen dos mil millones y que tanta desgracia ha sembrado sobre la Tierra? Que nos lo describan, primero, sus palabras, que después seguimos con sus hechos. “El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama” (Lucas, 11, 23). “Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? No he venido a traer la paz sino la espada. Y desde ahora habrá cinco en una casa divididos: tres contra dos y dos contra tres. Se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lucas 12, 49 y Mateo 10, 34). “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene aun lo que tiene se le quitará. Y a esos enemigos míos que no quieren que yo reine, traédmelos y matadlos en mi presencia” (Lucas 19, 26). “Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos” (Juan 9, 39). “Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a la esposa y a los hijos y a los hermanos y a las hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14, 26). “Y si tu pie te escandaliza, córtatelo, y si tu ojo te escandaliza, sácatelo, que más vale entrar tuerto al Reino de los Cielos que ser arrojado con dos ojos al fuego del infierno” (Marcos 9, 45). Hombre, éstas son frases de loco. Con razón Porfirio, el filósofo neoplátonico del siglo III, escribió un libro, Contra los cristianos, burlándose de semejantes cretinadas. El emperador cristiano Teodosio, un santurrón asesino del siglo V, ordenó quemar el libro, pero algunas de sus frases han llegado hasta nosotros, y por ellas compruebo, con emoción, que lo que a mí se me ocurre hoy leyendo los Evangelios ya se le había ocurrido a otro hace mil ochocientos años. Porfirio escribió también otro libro, Sobre la abstinencia de animales, en el que propone el vegetarianismo y sostiene que comer carne constituye un grave delito pues requiere dar muerte a seres inocentes que tienen vida, sensación, memoria e inteligencia como nosotros, y que están emparentados con nosotros, sin que el vínculo de parentesco se rompa por el hecho de que algunos sean feroces. Que Porfirio haya escrito un libro defendiendo a los animales y otro atacando a los cristianos no se me hace casual. Aquí yo estoy haciendo lo mismo. Le dedico entonces este texto a su memoria. Porfirio, san Porfirio que estás en los cielos, aquí me tienes de tu lado en la pelea que casaste contra esa religión infame cuando aún no mostraba los colmillos, hace mil ochocientos años. ¡Huy! ¡Cuánta agua no ha arrastrado el río! No bien se montaron los cristianos en el carro del poder de Constantino gracias a sus intrigas zalameras, y de inmediato de perseguidos se convirtieron en perseguidores y de víctimas en victimarios. Entonces empezaron a quemar libros, y después de los libros pasaron a quemar herejes y brujas. En esa religión santurrona e hipócrita que denunció Porfirio estaba en germen el monstruo que andando los siglos habría de establecer el Índice de los libros prohibidos y de quemar a Giordano Bruno en una hoguera por obra de la institución más monstruosa que haya concebido la mente podrida del hombre, la Inquisición. Pero volviendo a Cristo pasemos a sus hechos. Por ponerse a sacarle los “espíritus inmundos” de adentro a un endemoniado que estaba muy contento con ellos y pasárselos a una piara de cerdos, a los porqueros de Gerasa les hizo lanzar por una pendiente hacia el mar, donde se ahogaron, dos mil cerdos que se dicen rápido pero que el alucinado no les pagó porque ¿por qué? ¿Para eso no era pues el Hijo de Dios? (Mateo 5, 11)...... |
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| | #400 |
| Denunciante Sobresaliente | ......Y en un ataque de ira sacó a latigazos a los mercaderes del templo porque estaban comerciando allí para ganarse la vida: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis vuelto una cueva de ladrones” (Lucas 19, 45). Si no quería que los mercaderes comerciaran en el templo, ¿por qué no los hizo ricos y así no habrían tenido que trabajar? ¿No era pues el Hijo de Dios? Le hubiera pedido plata al Padre Eterno... Además los curas de Medellín, donde nací, ¿no venden pues empanadas en los atrios de las iglesias? ¿Por qué ellos sí pueden y los mercaderes no? ¿Y por qué resucitó a Lázaro, si la vida es un horror y él ya estaba tranquilo en la tumba? Lo hubiera dejado allí descansando en paz. Total, después Lázaro se tuvo que volver a morir. ¿O me van a venir ahora con el cuento, los telepredicadores gringos del Evangelio, de que Lázaro sigue vivo? Que me lo presenten a ver, para tomarme con él un tequila. Y ese expulsador de demonios y explotador de pobres y sacador de mercaderes a latigazos y resucitador de muertos ¿es el paradigma de lo humano, el ejemplo que todos tenemos que seguir? Que dizque le era más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos. ¡Claro, lo decía porque él era pobre, hijo de un carpintero! Si hubiera sido rico como Bush que se ganó su platica trabajando de sol a sol, ¡otro gallo nos cantara! En los Evangelios nunca se ve a Cristo dándoles de su plata a los pobres. Comiendo sí, como un gorrón, cuando lo invitan, y bebiendo. En las bodas de Caná convirtió el agua en vino para que se pudieran seguir emborrachando los borrachos. ¿Qué diría Mahoma de esto? ¿Mahoma, que no bebía ni dejaba beber? Para más soy yo que les di los cien mil dólares del premio Rómulo Gallegos que me dio Venezuela a los perros abandonados de Caracas. ¿Por qué no se ocupará de ellos el Padre Eterno que los hizo, y me echa encima toda la carga a mí que no tengo velas en ese entierro? “No deis las cosas santas a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y revolviéndose os despedacen”, dice Mateo en su Evangelio. Pues a mí jamás los cerdos me han pisoteado ni despedazado con sus patas. Ceguera moral es pensar que un pobre cerdo, un animal indefenso, no merece respeto. En Colombia a los cerdos el día de la Navidad los acuchillan para celebrar la venida a este mundo del Niño Dios. Sus aullidos de dolor aún me siguen resonando en los oídos después de tantos y tantos años transcurridos. Es que ni la Iglesia católica, ni la ortodoxa, ni la protestante, ni los judíos, ni los musulmanes han respetado nunca a los animales. “Serpientes, raza de víboras” les dice el Hijo de Dios a los escribas y fariseos en el capítulo 23 del Evangelio de Mateo, insultando con nombres de animales. Como Lenin. O como los Doctores y Padres de la Iglesia que vinieron luego y siguieron su ejemplo: san Atanasio llama a los arrianos “serpientes” y “escarabajos”. San Agustín llama a los donatistas “ranas” y a los judíos “víboras” y “lobos”. San Hilario de Poitiers dice que los judíos “no son hijos de Abraham sino de la estirpe de la serpiente”, y a los idólatras los llama “rebaño de reses” y “bandada de cuervos”. San Juan Crisóstomo considera a los judíos “peores que los cerdos, los machos cabríos y todos los lobos juntos”, a la sinagoga la llama “cubil de bestias inmundas” y a los herejes “perros que ladran”. San Efrén (que de niño mató a pedradas una vaca) llama a los judíos “lobos sanguinarios” y “cerdos inmundos”, a los partidarios de Marción “hijos de serpiente”, y a los seguidores de Mani “piara de cerdos”. San Jerónimo, el de la Vulgata, la traducción más famosa de la Biblia al latín, llama a los herejes “asnos de dos pies”, a Vigilantius “perro viviente”, a Lupicino “asno” y “perro corpulento de raza irlandesa bien cebado”, a Orígenes “cuervo” y “pajarraco negro como la pez” y a Rufino “escorpión”, “tortuga que gruñe” e “hidra de numerosas cabezas”. San Ambrosio juzgaba las opiniones de Joviniano “ladridos de perros”, y Teodoreto, obispo de Ciro, llama al patriarca Jorge de Capadocia “lobo”, “oso” y “pantera”. San Gregorio Nacianceno llama al emperador Juliano “cerdo que se revuelca en el fango”, san Efrén lo llama “lobo”, “cabrón” y “serpiente”, y Eusebio, el primer historiador de la Iglesia, lo llama “perro rabioso”, que es como san Ignacio de Antioquía llama a los cristianos que se le oponen, amén de “lobos que se fingen mansos”. San Pablo llama “perros” a los dirigentes de la comunidad cristiana de Jerusalén y poco más le faltó para incluir a san Pedro entre “los que orinan contra la pared” (perífrasis de Lutero en su traducción al alemán de la Biblia). Tertuliano llama a los herejes “lobos insaciables” y san Epifanio de Salamina “víboras de variadas especies”. Termino la lista con el que la empezó y lo que responde en un pasaje del Evangelio de Lucas: “En aquel momento se acercaron unos fariseos diciéndole: ‘Sal de aquí y vete porque Herodes te quiere matar’. Y les respondió: ‘Id y decidle a ese zorro que yo hago curaciones y expulso demonios’ ”. ¡El Hijo de Dios llamando “zorro” a su prójimo! ¿Y qué tenía en contra de los zorros? ¿Acaso no los hizo él mismo, o mejor dicho su papá? Y ahora, con la venia de los que vuelan torres, paso a Mahoma, esta máquina de infamias que ni de la reproducción se privó: seis hijos tuvo con Khadija, la viuda rica con que se casó, y otro con su concubina María la copta. Desde los 25 a los 45 años, este mercader taimado que habría de fundar la religión musulmana (pomposamente llamada el islam) se pasaba el mes santo encerrado en la caverna de Hera, en las inmediaciones de La Meca, esperando al ángel Gabriel, que le aterrizaba encima y le hacía “revelaciones”: que Alá, le decía, era grande, y que él era su Profeta. Y en el árabe más puro, el coránico, que en esos instantes mismos nacía limpísimo, intocado, libre de anacolutos y moscas y de todo excremento humano o de perro, el enviado de Alá el Clemente y Misericordioso le iba dictando a su Profeta los luminosos versículos de las justicieras suras del Corán: “Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, no os caséis más que con dos, tres o cuatro mujeres” (sura 4, versículo 3). “En el reparto de los bienes entre vuestros hijos Alá os manda dar al varón la porción de dos hijas” (sura 2, versículo 12). “Jamás le ha sido dado a un profeta hacer prisioneros sin haberlos degollado ni cometer grandes sacrificios en la tierra” (sura 8, versículo 68. “Felices son los creyentes que limitan sus goces a sus mujeres y a las esclavas que les procuran sus manos diestras” (sura 23, versículo 6). “¿Hemos creado acaso ángeles hembras?” (sura 37, versículo 150). “Las peores bestias de la tierra ante Alá son los mudos y los sordos, que no entienden nada. Si Alá hubiese visto en ellos alguna buena disposición, les habría dado el oído. Pero si lo tuviesen, se extraviarían y se alejarían de él” (suras 8, 22 y 23)..... |
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