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Antiguo 07-02-2009 , 13:46:22   #398
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........Pero las religiones de Cristo y de Mahoma no surgieron de la nada: provienen de la de Yavé, el Dios local de los judíos que fue el que creó el mundo en seis días. Y claro, con semejantes prisas así le quedó: un engendro chapucero. Tan mal le quedó que al punto se arrepintió y nos mandó el diluvio. “Yavé vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal. Se arrepintió entonces de haberlo creado y se afligió su corazón. ‘Borraré —dijo— de la superficie de la tierra a la humanidad, y también a los animales, pues me pesa haberlos creado’ ” (Génesis, 6, 5). ¿Y por qué también a los animales? ¿Qué culpa tenían ellos de la maldad del hombre? ¿Por qué tenían que pagar ellos por nosotros? Oigan lo que dice el Levítico, el tercer libro de la Biblia:

“Si todo el pueblo de Israel ha pecado por ignorancia, en cuanto se dé cuenta de su pecado ofrecerá un novillo como sacrificio” (4, 13).

“Si el que peca es el sumo sacerdote, le ofrecerá a Yavé un novillo sin defecto” (4, 1).

“Si es un jefe, traerá como ofrenda un macho cabrío y lo degollará en el lugar de los holocaustos” (4, 22).

“Quien toca por inadvertencia inmundicias humanas o pronuncia un juramento insensato, como sacrificio de reparación le llevará a Yavé una hembra de oveja o de cabra y el sacerdote hará expiación por él” (5, 3).

“Si un hombre tiene relaciones con una esclava, le ofrecerá a Yavé como reparación un carnero” (19, 20).

“Si un hombre tiene relación sexual con un animal, morirán él y el animal. Y si una mujer se deja cubrir por un animal, los dos morirán también. Son responsables de su propia muerte” (18, 23 y 20, 15).

¡Carajo, yo jamás he visto a un pobre burro persiguiendo a una puta vieja para cubrirla!

Cada día, “ofrecidos en holocausto de calmante aroma para Yavé”, se le sacrificarán al exigente dos corderos de un año sin defecto, uno por la mañana y otro al atardecer; el sábado serán dos corderos; el primer día de cada mes, siete más un carnero; el día 14 del primer mes, lo mismo; y lo mismo el día de las primicias, “además de un macho cabrío para que expíe por ustedes” (Números, 28, 3 y siguientes). Y así se va haciendo la larga lista de los animales que hay que sacrificarle en tal día o en tal otro al despótico Señor del mundo, por lo uno, por lo otro, por lo otro. Porque a la mujer le vino la regla, porque dio a luz una niña... Cabras, tórtolas, vacas, chivos, corderos, carneros, ovejas, pichones van cayendo degollados o despanzurrados para después ser quemados en el altar del Monstruo.

De los libros de la Biblia, y de cuantos ha escrito el hombre en arcilla, en papiro, en pergamino, en papel, con ideogramas, jeroglíficos, caracteres cuneiformes o letras de alfabeto, el Levítico y Números, en los que Yavé le exige a su pueblo de carnívoros sacrificios de animales, son los más infames. Son el tercero y cuarto de esa colección de libros imbéciles y pérfidos que en el curso de medio milenio pergeñó el pueblo de Israel para justificar sus crímenes y sus guerras de conquista y para desgracia eterna de los hombres. Ni siquiera el libro de Josué es tan vil. En éste, el sexto del mamotreto, es donde está el famoso pasaje en que durante la batalla de los israelitas contra los amorreos Yavé detiene el sol en medio del cielo sobre Gabaón para que se tarde en ponerse, de suerte que Josué, su esbirro, pueda completar a cabalidad el exterminio de sus enemigos. En el curso de su campaña de guerra santa y tierra arrasada por las montañas, las planicies y las lomas de Canaan, la tierra prometida, que Josué recorre sin dejar vencido vivo, pasándolos a todos a cuchillo y asolándolo todo, el esbirro de Yavé ataca por sorpresa a los amoreos y los vence. “Y mientras los amorreos huían ante Israel y ya alcanzaban la bajada de Bet-Horón —anota el relato bíblico—, Yavé les lanzaba desde lo alto del cielo grandes piedras de hielo. Los que murieron golpeados por las piedras fueron más numerosos que los que cayeron bajo la espada de los israelitas”. ¡Qué imagen grotesca! El creador del mundo lanzándoles piedras desde lo alto del cielo, a mansalva y sobre seguro como cualquier rufián de baja ralea, a unos vencidos que huyen... Pero dos páginas después, cuando Josué emprende la conquista norte del país, el Monstruo se supera en infamia: “No les temas a tus enemigos —le dice a Josué— porque mañana a esta hora los entregaré heridos de muerte a Israel. Les cortarás entonces los jarretes a sus caballos y echarás al fuego sus carros” (Josué, 11, 6). Y así se hace, los derrotan sin dejar un solo sobreviviente, les cortan los jarretes a los caballos y echan al fuego los carros.

“Cuando alguien me presente una ofrenda de animales —le ordena Yavé a Moisés en el Levítico—, que sea de ganado mayor o menor. Sacrificarán el novillo delante de mí y los sacerdotes ofrecerán su sangre derramándola sobre el altar; desollarán la víctima, la despedazarán y ahí la quemarán; éste es el holocausto o sacrificio por el fuego, cuyo suave olor apacigua a Yavé. Si alguien me ofrece ganado menor, corderos o cabras, que sean también machos sin defecto: los sacrificarán en el lado norte del altar, derramarán su sangre alrededor y luego los despedazarán en porciones. Si el holocausto es de aves, que sean tórtolas o pichones: el sacerdote les retorcerá la cabeza y las quemará sobre el altar rociando antes con su sangre la pared. Éste es el holocausto o sacrificio por el fuego, cuyo suave olor apacigua a Yavé”. Y esta fórmula inicua, “cuyo suave olor apacigua a Yavé” se repite una y otra y otra vez como en un responso fúnebre y monstruoso en la letanía de los sacrificios de holocausto, de comunión, por el pecado, por la malicia y por todos los delitos del hombre, en que van cayendo degollados cabras, novillos, tórtolas, pichones, ovejas, corderos, carneros... Así que también Yavé tiene el sentido del olfato. Con razón dice el Génesis, empezando la Biblia, que Yavé “hizo al hombre a su imagen y semejanza”. ¿Se comerá también Yavé, y los excretará como el hombre, a los animales que le sacrifican? Manual de los carniceros, el Levítico se lo destinó Yavé a los levitas, los de la tribu de Leví, su preferida, a quienes eligió como sus sacerdotes y de quienes proviene la estirpe rezandera de curas, pastores, popes, rabinos y ayatolas que después de milenios siguen infectando al mundo.....

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