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Antiguo 07-02-2009 , 13:46:43   #399
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......La fuente de la que manan las tres religiones semíticas del judaísmo, el cristianismo y el mahometismo es la Biblia, un conjunto de libros escritos por incontables autores anónimos que a lo largo de medio milenio lo fueron reescribiendo, cambiando y comentando hasta lograr la maravilla que tenemos hoy: la palabra de Dios apresada en hebreo, griego, latín, inglés, castellano, etcétera, y donde Yavé, el Ser Supremo, cohonesta, autoriza y sanciona: la mentira, el engaño, el robo, el asalto, la esclavitud, el adulterio, la prostitución, el canibalismo, la intemperancia, la ignorancia, la arrogancia, la intolerancia, la tiranía, la brujería, la holgazanería, la embriaguez, la obscenidad, el asesinato, el fraude, las guerras de conquista, el atropello a niños y mujeres, los sacrificios de animales y la crueldad con ellos... Y qué sé yo, todo un catálogo de infamias. El incesto también, aunque ése es bueno, digo yo, ¿pues quién teniendo comida limpia y sana en su casa se va a comer a los restaurantes sucios de afuera? Y también la poligamia, aunque entendida como poliginia, o sea un hombre con varias mujeres, y nunca como poliandria, o sea una mujer con varios hombres, pues la Biblia es rabiosamente antifeminista. En tanto no se reproduzca y no haga daño, la mujer tiene derecho a cuantos hombres le plazca: diez, veinte, treinta, cien... Mientras no haya atropello ni reproducción el sexo es bueno con lo que sea: hombres, mujeres, perros y gatos. Madres con hijos, hijas con padres, hermanos con hermanas, hermanos con hermanos... El sexo despeja la cabeza y alegra el corazón. Lo malo de esa actividad tan encomiable es cuando el hombre, en contubernio con una mujer, la destina a la reproducción, a imponerle la existencia a un tercero que no la ha pedido y que está tranquilo en la paz de la nada. Nadie tiene derecho a reproducirse, imponer la vida es el crimen máximo.

Pero pasemos a Cristo para seguir con Mahoma. ¿Quién fue este buen hombre, incierto y lejano, que hace dos mil años fundó la religión que lleva su nombre, a la que hoy pertenecen dos mil millones y que tanta desgracia ha sembrado sobre la Tierra? Que nos lo describan, primero, sus palabras, que después seguimos con sus hechos.

“El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama” (Lucas, 11, 23).

“Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? No he venido a traer la paz sino la espada. Y desde ahora habrá cinco en una casa divididos: tres contra dos y dos contra tres. Se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lucas 12, 49 y Mateo 10, 34).

“Al que tiene se le dará, pero al que no tiene aun lo que tiene se le quitará. Y a esos enemigos míos que no quieren que yo reine, traédmelos y matadlos en mi presencia” (Lucas 19, 26).

“Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos” (Juan 9, 39).

“Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a la esposa y a los hijos y a los hermanos y a las hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14, 26).

“Y si tu pie te escandaliza, córtatelo, y si tu ojo te escandaliza, sácatelo, que más vale entrar tuerto al Reino de los Cielos que ser arrojado con dos ojos al fuego del infierno” (Marcos 9, 45).

Hombre, éstas son frases de loco. Con razón Porfirio, el filósofo neoplátonico del siglo III, escribió un libro, Contra los cristianos, burlándose de semejantes cretinadas. El emperador cristiano Teodosio, un santurrón asesino del siglo V, ordenó quemar el libro, pero algunas de sus frases han llegado hasta nosotros, y por ellas compruebo, con emoción, que lo que a mí se me ocurre hoy leyendo los Evangelios ya se le había ocurrido a otro hace mil ochocientos años. Porfirio escribió también otro libro, Sobre la abstinencia de animales, en el que propone el vegetarianismo y sostiene que comer carne constituye un grave delito pues requiere dar muerte a seres inocentes que tienen vida, sensación, memoria e inteligencia como nosotros, y que están emparentados con nosotros, sin que el vínculo de parentesco se rompa por el hecho de que algunos sean feroces.

Que Porfirio haya escrito un libro defendiendo a los animales y otro atacando a los cristianos no se me hace casual. Aquí yo estoy haciendo lo mismo. Le dedico entonces este texto a su memoria. Porfirio, san Porfirio que estás en los cielos, aquí me tienes de tu lado en la pelea que casaste contra esa religión infame cuando aún no mostraba los colmillos, hace mil ochocientos años. ¡Huy! ¡Cuánta agua no ha arrastrado el río! No bien se montaron los cristianos en el carro del poder de Constantino gracias a sus intrigas zalameras, y de inmediato de perseguidos se convirtieron en perseguidores y de víctimas en victimarios. Entonces empezaron a quemar libros, y después de los libros pasaron a quemar herejes y brujas. En esa religión santurrona e hipócrita que denunció Porfirio estaba en germen el monstruo que andando los siglos habría de establecer el Índice de los libros prohibidos y de quemar a Giordano Bruno en una hoguera por obra de la institución más monstruosa que haya concebido la mente podrida del hombre, la Inquisición.

Pero volviendo a Cristo pasemos a sus hechos. Por ponerse a sacarle los “espíritus inmundos” de adentro a un endemoniado que estaba muy contento con ellos y pasárselos a una piara de cerdos, a los porqueros de Gerasa les hizo lanzar por una pendiente hacia el mar, donde se ahogaron, dos mil cerdos que se dicen rápido pero que el alucinado no les pagó porque ¿por qué? ¿Para eso no era pues el Hijo de Dios? (Mateo 5, 11)......

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