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Predeterminado

Interesante articulo de Fernando Vallejo en la edicion N° 70 de El Malpensante, en la cual Vallejo toca temas como la evolucion, la defensa de los animales y las atrocidades de las tres religiones monoteistas.

Un poco extenso, pero muy interesante.


Mi otro prójimo

Fernando Vallejo

Después de darle muchas vueltas al asunto, el autor antioqueño ha decantado unos principios tan simples como polémicos. En noviembre del año pasado los expuso con su habitual tono durante una conferencia en Berkeley.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX Maupertuis, Lamarck y Erasmus Darwin empezaron a hablar de lo que hoy conocemos como la teoría de la evolución: que todos los seres vivos, sin excluir al hombre, están emparentados por provenir de antepasados comunes, y en última instancia de un solo antepasado común, la primera célula que dio origen a toda la vida que ha existido y existe hoy sobre la Tierra. En 1859 Charles Darwin (nieto de Erasmus) publicó El origen de las especies para tratar de explicar cómo se origina una especie de otra, el fenómeno de la “especiación”, que es un aspecto de la evolución pero no toda la evolución, y postuló para ello el mecanismo de “la selección natural” o “supervivencia del más apto”, el cual a mi modo de ver no pasa de ser una perogrullada o tautología, una explicación que no explica nada: como Dios, ni más ni menos, con quien tratamos de explicar lo que no entendemos, aunque sin lograr entenderlo a Él. Pero en fin, repleto de datos de botánica y zoología, El origen de las especies daba la impresión de ser un libro muy científico y su aparición marcó el triunfo de la teoría entera de la evolución, que es lo que importa. Y es que la evolución biológica es una realidad manifiesta. Compárese usted con un perro y verá: usted y él tienen dos ojos, dos oídos, una nariz con dos orificios nasales, boca u hocico con dos hileras de dientes, un sistema circulatorio con venas y arterias y sangre roja con hemoglobina, pulmones para respirar, un sistema digestivo que procesa los alimentos y los excreta, etcétera. Y sobre todo, que es lo que cuenta para la tesis que voy a sostener aquí, un sistema nervioso con el que usted y el perro sienten el dolor, el hambre, la sed, la angustia, la alegría, el miedo... Un sistema nervioso que es el que produce el alma.

Y dejando al perro, compare ahora a su mujer con la hembra del chimpancé y verá que los ciclos reproductivos de ambas son casi iguales y que usted está casado con una casi igual, una semisimia parlante que produce óvulos, tiene menstruación, es fecundada en el coito a través de una vagina y pare después de varios meses de gestación por el mismo orificio por el que la inseminaron. Y ponga a una simia y a su mujer a levantar sendas piedras a ver. Míreles las manos. ¿No se le hacen muy eficaces, muy expresivas, muy parecidas por no decir que iguales? Y míreles las caras, la expresión de las caras. Y por si le quedan dudas, tenga presente lo que nos enseñan la citología respecto al cariotipo y la biología molecular respecto al genoma: el chimpancé, el gorila y el orangután, o sea los grandes simios, tienen 24 pares de cromosomas; el hombre tiene 23, pero resulta que uno de los cromosomas nuestros está partido en dos en ellos, y los restantes 22 pares de cromosomas son iguales. En cuanto al genoma (o sea el conjunto de los genes que están en los cromosomas y que determinan quiénes somos, si fulanito de tal o zutanito, si blanco o negro, si perro o gato), el del hombre y los del gorila y el orangután coinciden en el 98 por ciento, y el del hombre y el del chimpancé en el 99 por ciento. Así nos lo dice la última de las grandes ciencias biológicas, la biología molecular, la de Watson y Crick, la de Avrey, Kornberg, Spiegelman, etc. ¡Carambas! Si no estamos emparentados con los simios, los perros, los gatos, las vacas, las ratas y demás mamíferos (por no ir más allá de la clase Mammalia y ampliar nuestro parentesco al fílum de los vertebrados) tampoco entonces lo están los padres con los hijos, los hermanos con los hermanos, los primos con los primos...

Somos como los perros, los gatos, las vacas, las ratas... Lo que nos separa de ellos y de los restantes mamíferos frente a las coincidencias es insignificante. Hasta tenemos sus mismas enfermedades. Las ratas nos contagian la peste, pero del mismo modo nosotros se las contagiamos a ellas. Y a los perros les da diabetes, como a nosotros, y sobre todo si les sacamos el páncreas para ver si sí les da. Y les da cáncer, como a nosotros. Y envejecen, como nosotros. Y se mueren, como nosotros. ¿A qué entonces la pretensión bíblica de que el hombre es el rey de la creación? Acaso porque sólo el hombre ha desarrollado el lenguaje hablado, el de las palabras, en el que radica su portentosa capacidad de mentir. Nos designamos desde Linneo como el Homo sa­piens u hombre sabio pero no, somos el Homo mendax, el hombre mentiroso, la mentira es nuestra esencia.

Milenios le tomó al hombre desengañarse del cuento bíblico, redescubrir y aceptar lo que en un principio bien sabía (cuando vivía en las copas de los árboles como simio o cuando bajó de ahí a las sabanas de África como australopiteco u homínido y se enderezó y empezó a caminar en dos patas), que en esencia es un simple animal, una especie más entre los millones de especies animales que pueblan la Tierra. Para mediados del siglo XX ya a ningún científico le quedaban dudas de esto. El “creacionismo”, como se llamó a la teoría opuesta a la de la evolución y que sostiene que Dios creó todas las especies inmutables tal como aparecen en el presente y que unas no provienen de las otras, hoy no es más que un feo engaño del pasado.

¿Y por qué se tardó tanto el hombre en descubrir verdad tan obvia? Es que nacemos con dos ojos para ver y dos oídos para oír pero con una venda moral que nos impide sentir el dolor del prójimo, entendiendo por “prójimo” todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir, así camine en cuatro patas. Unos pocos en el curso de sus vidas logran quitarsela venda pero la mayoría no, como nacieron se mueren, con el alma tapada, que es como vivieron y murieron Cristo y Mahoma, a cuyas religiones hoy pertenece más de la mitad del género humano: 3.400 millones. Y sin embargo ya en el siglo vii antes de nuestra era Zaratustra, quien acabó en Irán con los sacrificios de bueyes y fue el primer protector de los animales, lo había entendido muy bien. Como lo entendió un siglo después Mahavira, el fundador del jainismo, cuya norma básica es la de no infligir jamás el dolor a ninguna criatura viviente y cuyo ideal supremo era la muerte voluntaria por inanición, con la que se anticipó en más de milenio y medio a los cátaros. Fueron jainistas los primeros en fundar, en el siglo III antes de nuestra era, asilos para animales viejos y enfermos donde los alimentaban hasta la muerte...............

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