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“Cine para imbéciles” y “basura pomposa”: aquel primer guion de ‘Star Wars’ que no gustó a nadie
Cita:
“Cine para imbéciles” y “basura pomposa”: aquel primer guion de ‘Star Wars’ que no gustó absolutamente a nadie
En el verano de 1975 George Lucas presentó a amigos como Francis Ford Coppola y Brian de Palma un guion que había escrito “para niños de entre 10 y 12 años”
Anthony Daniels (que daba vida a C-3PO) con George Lucas en el rodaje de 'La guerra de las galaxias', titulada posteriormente 'Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza'.
Sunset Boulevard (Corbis via Getty Images)
Miquel Echarri
Barcelona - 18 JUN 2025 - 22:30 COT
Francis Ford Coppola, una de las primeras personas en leerlo, consideraba que aquel guion era una basura pomposa e indigesta. El 1 de agosto de 1975, hace ahora casi 50 años, George Lucas dio carpetazo al que consideraba el primer borrador viable de la futura Star Wars. Desde su punto de vista, ya solo quedaba cerrar los últimos flecos del acuerdo de producción con Fox y empezar a rodar en el área de Los Ángeles a finales de diciembre. Pero a su esposa, Marcia Griffin, y a su socio y amigo, Coppola, aquello les seguía pareciendo una jerigonza incomprensible.
A Marcia, montadora de profesión, colaboradora habitual de Martin Scorsese, le preocupaba especialmente que el gran proyecto de George tras el éxito de American Graffiti se basase en un guion falto de pulso narrativo y deficiente en lo literario. Incluso recomendó a su marido, no sin cierta crueldad, que intentase “leer un poco más” para comprobar por sí mismo cómo se construye una buena historia.
Literatura de urracas
Pero la falta de referentes no era el problema. Adventures of the Starkiller, Episode One: The Star Wars, título provisional del proyecto, había sido fruto de muchas horas de lectura voraz y digestión problemática. Para empezar, Lucas se había inspirado en Las enseñanzas de Don Juan, evangelio new age del escritor (y chamán) peruano Carlos Castaneda, y en los cuentos de hadas del mitólogo neoyorquino Joseph Campbell.
Ese par de autores le inspiraron un primer balbuceo narrativo, apenas un puñado de párrafos, escritos en febrero de 1972, en los que podía leerse la siguiente frase: “Esta es la historia de Mace Windu, venerable Jedi bendu del planeta Opuchi, y de su pariente y aprendiz padawaan Usby C.J. Thape". A continuación, empezó a enriquecer el guiso con ingredientes literarios tan heterogéneos como los cómics de Flash Gordon y Buck Rogers, las sagas de Tolkien, los tratados sobre religión comparada del antropólogo James George Frazer, el ciclo de novelas sobre el explorador John Carter que escribió Edgard Rice Burroughs, Los viajes de Gulliver o los romances galácticos de Edwin Arnold.
Alec Guinness y George Lucas en el rodaje de 'La guerra de las galaxias', titulada posteriormente 'Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza'.
Sunset Boulevard (Corbis via Getty Images)
Lucas, según propia confesión, abordó todo ese material con instinto de urraca, decidido a apropiarse sin complejos de todo lo que brillase. Eso sí, las influencias literarias convivieron en todo momento con las cinematográficas. En mayo de 1973, cuando todo lo que podía exhibir era un lánguido borrador de 13 páginas repleto de nombres extraños, Lucas explicó al director de Universal Pictures, Lew Wasserman, que su película iba a ser un cruce entre los hermanos Grimm y 2001: Un odisea del espacio y que su esquema narrativo básico (una princesa adolescente custodiada por dos secuaces, uno alto, escuálido y parlanchín y otro bajito, rechoncho y parco en palabras) iba a ser muy similar al de La fortaleza escondida, de Akira Kurosawa, una de sus películas de cabecera.
Decisiones complejas
Lucas creía tanto en el proyecto, había invertido tanto tiempo y esfuerzo, que incluso renunció a dirigir Apocalypse Now, una epopeya bélica con guion de John Milius en la que Coppola y él tenían puestas grandes esperanzas desde su etapa como productores independientes a finales de los sesenta. Para Coppola se trataba de una renuncia incomprensible: Lucas estaba dando la espalda a la película que iba a consagrarle como un director serio, un verdadero auteur en la incipiente tradición del nuevo Hollywood, para dedicar los próximos tres años de su vida a hacer “cine para imbéciles”.
“No aspiro a recaudar mucho dinero, pero fabricaremos juguetes inspirados en los personajes y muchos de los niños que vean la película querrán comprarlos” George Lucas a Brian de Palma
Pero Lucas estaba harto de la paternal tutela de Coppola, de las pretensiones intelectuales de su esposa Marcia y de los consejos condescendientes de miembros de la camarilla del cine de autor como Scorsese o William Friedkin. Con el primer borrador en la mano en el verano de 1975 y el presupuesto de cinco millones de dólares que le garantizaba Fox, estaba resuelto a encontrar su propio camino, que era también el de Steven Spielberg y Brian de Palma, otro par de jóvenes con voluntad de restauradores del cine tradicional.
A De Palma, su mejor confidente, le dijo que la suya iba a ser una película “para niños de entre 10 y 12 años”, y que por tanto no cabía exigirle al guion coherencia narrativa ni profundidad psicológica. A los niños les entusiasman los detalles, así que se trataba, sobre todo, de construir para ellos un universo de fantasía ricamente amueblado, con estímulos múltiples para su imaginación, como las atracciones de un parque temático: “No aspiro a recaudar mucho dinero”, confesó a De Palma en un rapto de clarividencia que, pese a todo, se quedó muy corto, “pero fabricaremos juguetes inspirados en los personajes y muchos de los niños que vean la película querrán comprarlos”.
Más aún: el guion de 110 páginas que había suscitado el rechazo incondicional de Marcia y Francis no era más que la punta del iceberg. George contaba con otros 250 folios que iban a dar pie a un par de secuelas casi inmediatas, de manera que, tal y como recordaba años después su confidente, De Palma, una vez consolidado el impacto inicial, la segunda película recaudaría el doble que la primera y la tercera el doble de la segunda. “Era un plan quinquenal”, concluía De Palma. Y fue ejecutado con una precisión y una eficacia muy por encima de las expectativas.
George Lucas y la Estrella de la Muerte.
Sunset Boulevard (Corbis via Getty Images)
Lucas se estaba anticipando al signo de los tiempos, pero contaba ya con un precedente poderoso: pocas semanas antes de que su guion estuviese listo, a finales de junio de 1975, Spielberg acababa de estrenar Tiburón, el manifiesto contrarrevolucionario del cine comercial, la prueba de que una película de género de factura clásica y sin ínfulas de ningún tipo podía recaudar más de 100 millones de dólares.
Peter Biskind explica en Moteros tranquilos, toros salvajes cómo se gestaron las tres versiones de The Adventures of Luke Starkiller que Lucas pergeñó en solitario. El cineasta se encerró en el desván de su casa de San Anselmo, en California, “en una habitación que compartía con un estridente piano eléctrico Wurlitzer” y en cuya pared, justo detrás del escritorio, había pegado una foto de otro de sus héroes, el director soviético Serguéi Einsenstein. Aunque dedicaba largas jornadas a trabajar en el guion, muchas de ellas estaban destinadas a la lectura de biografías de astronautas y novelas de ciencia ficción barata de los años treinta.
Biskind explica que una de sus principales preocupaciones era “introducir en el guion material de sensibilidad contemporánea, pero evitando el sexo y rebajando todo lo posible la dosis de violencia”. Para el personaje del Emperador, un sombrío burócrata corrompido por el poder, se inspiró en el presidente Richard Nixon. A Darth Vader, por entonces un personaje secundario, lo concibió desde el principio como un cruce entre el sacerdote de un culto esotérico, uno de los brujos de Castaneda, y un oficial nazi. El resto del material fluía y oscilaba con una intensidad alarmante: “Primero había demasiados personajes; después, demasiado pocos. El argumento empezó siendo demasiado sencillo para volverse, en las sucesivas reescrituras, demasiado complejo. El papel de la princesa Leia crecía y menguaba”.
“Primero había demasiados personajes; después, demasiado pocos. El argumento empezó siendo demasiado sencillo para volverse, en las sucesivas reescrituras, demasiado complejo. El papel de la princesa Leia crecía y menguaba” Peter Biskind en 'Moteros tranquilos, toros salvajes'
Obi-Wan, que inicialmente era el mismo personaje que Darth Vader, se convirtió en su némesis. “La Fuerza pasó a tener un Lado Bueno (Ashlan) y otro malo (Bogan)”. Anakin Starkiller se fue transformando gradualmente en Luke Skywalker y, en el proceso, dejó de ser un alto oficial retirado que se unía a una milicia rebelde para transformarse en la Nueva Esperanza, un joven Mesías atascado en un planeta desértico al que los caballeros Jedi, la secta de nostálgicos partidarios del Viejo Imperio (pronto la Vieja República) instruían en el uso de la Fuerza, que por entonces era más un arte marcial que una corriente espiritual con base genética.
Con un poco de ayuda de mis amigos
En aquellos borradores, Han Solo seguía siendo una criatura de repulsivo aspecto reptiliano que traicionaba a la Resistencia para convertirse, poco más tarde, en lo que Marcia Griffin describía como “una rana con chaleco de cuero” y un aliado reticente del protagonista. Chewbacca iba a ser otro batracio con disfraz de Halloween hasta que Lucas decidió darle el aspecto de su propio perro, Indiana, un malamute de Alaska, el único ser vivo al que permitía acceder al desván durante sus más de dos años de casi continuo encierro. Personajes como Kiber Crystal, llamados a desempeñar un papel crucial en los primeros borradores, acabaron desapareciendo a medida que Obi-Wan los suplantaba asumiendo cada vez más funciones, del ermitaño loco al antiguo instructor de Darth Vader, el tío y mentor de Luke, el infiltrado de la princesa Leia en la periferia imperial.
Lucas se había extenuado escribiendo. Sufría frecuentes dolores de cabezas, molestias lumbares y gástricas y había sucumbido a las supersticiones del escritor solitario: solo utilizaba lápices del número 2 y papel rayado de color azul y verde, se cortaba mechones de pelo y los envolvía en el papel que arrojaba a la papelera, se alimentaba de manera anárquica y precaria. Cuando dio la tarea por concluida, aquel 1 de agosto de hace medio siglo, estaba solo en casa. Marcia había empezado a trabajar en lo que ella consideraba una verdadera película, Taxi Driver, no la fábula pueril en que estaba embarcado su marido. Aun así, dio a Brian De Palma instrucciones muy precisas: “Si George te lee su guion, dile, por favor, que te parece genial y que tiene mucho talento. Yo no lo creo, pero él está pasando una crisis de autoconfianza y tu opinión es la única que respeta”.
Steven Spielberg y George Lucas en 1978.
Frank Edwards (Getty Images)
Esta historia tiene un final feliz. Aunque el departamento creativo continuó considerando que la versión de agosto de Episode One: The Star Wars seguía siendo un desastre, reconocía que era bastante mejor que los anteriores y podía rescatarse del oprobio con un poco de trabajo adicional. Sugirieron a Lucas que lo pusiese en manos de un equipo de guionistas profesionales, y él, por una vez, decidió seguir su consejo.
Aunque solo a medias. No estaba dispuesto a contratar a ninguno de los juntaletras a sueldo que le ofrecía el estudio, profesionales adocenados que no le inspiraban más que desprecio, pero sí estuvo dispuesto a mostrárselo a dos buenos amigos, el tándem de guionistas que formaban Gloria Katz y Willard Huyck. Fueron ellos, según diversos testimonios, los que dieron al guion final la concreción y la coherencia narrativa que, en opinión de Lucas, ni siquiera necesitaba.
El poderoso amigo fue bastante cicatero con Katz y Huyck. Aceptó la mayoría de sus sugerencias, compró a precio de ganga sus líneas de diálogo sencillas pero certeras y, una vez concluido su trabajo, les explicó que había decidido firmar el guion en solitario, porque Star Wars era “la obra de su vida” y no le parecía lógico compartirla con nadie.
Eso sí, como compensación, les ofreció un pequeño porcentaje de los futuros beneficios. Katz y Huyck estuvieron de acuerdo, satisfechos, según explicaban años después, de haber contribuido a rescatar a un buen amigo que padecía un atasco creativo.
El guion final estuvo listo en marzo de 1976 y la huella de Katz y Huyck resulta evidente para cualquiera que haya echado un vistazo a las versiones anteriores, tan míticas hoy como torpes y absurdas parecieron en su día a la estrecha élite de sus primeros lectores. Han Solo nunca fue un batracio con chaleco, Leia Organa pasó de mujer florero a líder de un movimiento de resistencia democrática contra un Imperio del Mal, Luke no fue un vetusto general y Chewbacca acabó encarnando la versión galáctica del mejor amigo del hombre.
Para Marcia Griffin, tal vez la lectora menos indulgente que tuvo jamás Lucas, “Star Wars acabó siendo un enorme imperio audiovisual con forma de pirámide invertida: en su base había un guisante, el guion de George”. La historia de héroes y villanos de una galaxia lejana que a Coppola le pareció pomposa e indigesta.
Las 100 m3jores películas del siglo XXI, según el NYT
Lista de las 100 mejores películas del siglo XXI, según The New York Times
1. Parasite (2019)
2. Mulholland Drive (2001)
3. There Will Be Blood (2007)
4. In The Mood for Love (2001)
5. Moonlight (2016)
6. No Country for Old Men (2007)
7. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004)
8. Get Out (2017)
9. Spirited Away (2002)
10. The Social Network (2010)
11. Mad Max: Fury Road (2015)
12. The Zone of Interest (2023)
13. Children of Men (2006)
14. Inglourious Basterds (2009)
15. City of God (2003)
16. Crouching Tiger, Hidden Dragon (2000)
17. Brokeback Mountain (2005)
18. Y tu mamá también (2002)
19. Zodiac (2007)
20. The Wolf of Wall Street (2013)
21. The Royal Tenenbaums (2001)
22. The Grand Budapest Hotel (2014)
23. Boyhood (2014)
24. Her (2013)
25. Phantom Thread (2017)
26. Anatomy of a Fall (2023)
27. Adaptation (2002)
28. The Dark Knight (2008)
29. Arrival (2016)
30. Lost in Translation (2003)
31. The Departed (2006)
32. Bridesmaids (2011)
33. A Separation (2011)
34. Wall-E (2008)
35. A Prophet (2010)
36. A Serious Man (2009)
37. Call Me by Your Name (2017)
38. Portrait of a Lady on Fire (2019)
39. Lady Bird (2017)
40. Yi Yi (2000)
41. Amélie(2011)
42. The Master (2012)
43. Oldboy (2005)
43. Once Upon a Time … in Hollywood (2019)
44. Moneyball (2011)
45. Roma (2018)
46. Almost Famous (2000)
47. The Lives of Others (2007)
48. Before Sunset (2004)
49. Up (2009)
50. 12 Years a Slave (2013)
51. The Favourite (2018)
52. Borat: Cultural Learnings of America for 53. Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan (2006)
54. Pan’s Labyrinth (2006)
55. Inception (2010)
56. Punch-Drunk Love (2002)
57. Best in Show (2000)
58. Uncut Gems (2019)
59. Toni Erdmann (2016)
60. Whiplash (2014)
61. Kill Bill: Vol. 1 (2003)
62. Memento (2001)
63. Little Miss Sunshine’ (2006)
64. Gone Girl (2014)
65. Oppenheimer (2023)
66. Spotlight (2015)
67. Tár (2022)
68. The Hurt Locker (2009)
69. Under the Skin (2014)
70. Let the Right One In (2008)
71. Ocean’s Eleven (2001)
72. Carol (2015)
73. Ratatouille (2007)
74. The Florida Project (2017)
75. Amour (2012)
76. O Brother, Where Art Thou? (2000)
77. Everything Everywhere All at Once (2022)
78. Aftersun (2022)
79. The Tree of Life (2011)
80. Volver (2006)
81. Black Swan (2010)
82. The Act of Killing (2013)
83. Inside Llewyn Davis (2013)
84. Melancholia (2011)
85. Anchorman: The Legend of Ron Burgundy (2004)
86. Past Lives (2023)
87. The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring (2001)
88. The Gleaners & I (2001)
89. Interstellar (2014)
90. Frances Ha (2013)
91. Fish Tank (2010)
92. Gladiator (2000)
93. Michael Clayton (2007)
94. Minority Report (2002)
95. The Worst Person in the World (2021)
96. Black Panther (2018)
97. Gravity (2013)
98. Grizzly Man (2005)
99. Memories of Murder (2005)
100. Superbad (2007)
Al leer el título, empecé a echar mente y me decidí por una película, dudando en nombrarla pues últimamente la han mencionado mucho, y pues no me gusta como seguir pa donde va toda la gente, y luego leyendo la lista veo q la mencionan, es la 7.Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), El eterno resplandor de una mente sin recuerdo, con Jim Carrie, la Vi creo q en el 2009, y no es q precisamente sea mi favorita, sino q es una película demasiado sentida, se siente el dolor del abandono en pleno apego emocional, Joe q es el personaje (Jim Carrie) sufre pero sufre mucho, y lo demuestra como quizá cualquiera de nosotros lo demostraría en la vida real, como si no fuera actuado, lo más bravo es q todo el trama desprende de algo poco probable que es pagar para q le borren los recuerdos, ahora pienso q hay gente q actúa así como si le hubieran borrado de la mente los recuerdos, y pues lo q duele es el actuar,, y con recuerdos o sin recuerdos actúan o hemos actuado como si no hubiese existido ningún vínculo, y pues el formato de la película de ir saltando o mostrando escenas alternadas del presente y pasado, hace q sea algo enredada, por cierto hay buen elenco, la vaga del Titanic, el hombre increíble sin convertirse, Mary Jane del hombre araña, no les digo q se la vean, no es una película para compartir y comer crispeta, más bien es bastante aburrida.
Se llevaban mal en la película, peor en la vida real pero hicieron un éxito: la pareja que arrasó por única vez
En Kramer vs. Kramer, Ted y Joanna Kramer luchan en pantalla por la custodia de su hijo tras un amargo divorcio. La ausencia de química romántica entre los personajes resulta perfectamente comprensible: se trata de una expareja que se enfrenta en los tribunales. Sin embargo, lo que el público no sabía en 1979 era que la frialdad entre Dustin Hoffman y Meryl Streep no se trataba solo actuación.
Detrás de las cámaras, los dos protagonizaron su propia batalla personal. Los métodos agresivos de actuación de Hoffman, que incluían violencia física no autorizada y ataques psicológicos deliberados, transformaron el set en un campo de guerra emocional.
Una joven promesa frente a una estrella consagrada
Meryl Streep tenía 29 años cuando fue elegida para interpretar a Joanna Kramer. Era prácticamente una desconocida en Hollywood, con solo unos pocos créditos cinematográficos en su haber. Esta era su primera película importante.
Por el contrario, Dustin Hoffman, a los 42 años, se encontraba en la cúspide de su carrera tras el éxito de El Graduado, Cowboy de Medianoche y Todos los hombres del presidente. La diferencia de estatus profesional estableció desde el primer momento una dinámica de poder desequilibrada.
Hoffman, reconocido por su intenso método de actuación, había desarrollado una reputación de ser extremadamente exigente en el set. Esta característica se intensificaría durante la producción de la película.
El primer día que marcó el tono
El incidente más comentado ocurrió durante las primeras jornadas de filmación. Según testimonios recogidos en la biografía Her Again: Becoming Meryl Streep de Michael Schulman, Hoffman abofeteó a Streep sin previo aviso durante una escena.
"Quiero a mi hijo": la escena quiebre en Kramer vs Kramer
El director Robert Benton escuchó la cachetada y vio a Meryl salir corriendo al pasillo. “Estamos muertos”, pensó. “La película está muerta. Nos va a presentar ante el Sindicato de Actores”, imaginó.
Sin embargo, Streep mantuvo su profesionalismo y continuó con la actuación. Años más tarde, en 2018, en una entrevista con The New York Times, la actriz confirmó el incidente. “Era mi primera película y era mi primera toma, y él simplemente me abofeteó. Y se ve en la película. Fue una extralimitación”, declaró.
El dolor personal como herramienta de actuación
Uno de los episodios más perturbadores involucra el uso que Hoffman hizo de la tragedia personal de Streep para provocar emociones en sus interpretaciones. La actriz había perdido a su novio, John Cazale, apenas unos meses antes del rodaje debido a un cáncer de pulmón.
Hoffman conocía esta información y decidió utilizarla como herramienta de actuación. Según el productor Richard Fischoff, Hoffman “la provocaba, usaba lo que sabía sobre su vida personal y sobre John para obtener la respuesta que creía que debía dar en la actuación”.
En una ocasión, antes de una escena crucial en el tribunal, Hoffman le susurró el nombre de Cazale al oído. Durante otra secuencia, se burló de ella con comentarios sobre el cáncer y la muerte de su novio. El productor describió estas acciones como una estrategia deliberada para obtener reacciones emocionales auténticas de Streep, sin importar el costo personal para la actriz.
Violencia improvisada en el set
Los episodios de violencia física no se limitaron a la bofetada inicial. Durante la filmación de una escena en un restaurante, Hoffman decidió improvisar nuevamente sin avisar a Streep ni al equipo: golpeó una copa de vino contra la pared. Los fragmentos de vidrio volaron hacia Streep, quien saltó de su silla, auténticamente sorprendida y asustada. Algunos pedazos de vidrio terminaron en su pelo.
Después del incidente, Streep le dijo claramente: “La próxima vez que hagas eso, te agradecería que me avisaras”. La cámara captó todo y la reacción genuina de shock de la actriz se mantuvo en la película final.
El método de Hoffman llevado al extremo
Dustin Hoffman era conocido por ser un practicante del método Stanislavski, pero en Kramer vs. Kramer llevó estas técnicas a extremos preocupantes. El actor permanecía en personaje entre tomas, lo que creaba un ambiente tenso para todo el equipo de producción.
Su comportamiento también afectó a otros miembros del reparto. Con el pequeño Justin Henry, quien interpretaba a Billy (el hijo en disputa), Hoffman utilizaba tácticas psicológicas para obtener reacciones emocionales auténticas.
Le decía al niño que imaginara perder a su perro o le explicaba que las familias de cine eran temporales y que probablemente nunca volvería a ver a sus amigos del set.
La respuesta profesional de Streep
A pesar de los abusos, Meryl Streep mantuvo una actitud profesional notable. El director Robert Benton comentó: “Nunca vi un solo momento de emoción en ella, excepto durante la actuación”.
“Para ella, la película era un trabajo, no un campo minado psicológico”, agregó el director. La actriz también logró influir creativamente en la película: escribió su propio discurso para la escena del tribunal, para transformar al personaje de Joanna de una villana unidimensional en una mujer compleja y vulnerable. Cuando Benton le pidió que reescribiera el diálogo, Streep entregó un texto que el director describió como “maravilloso”.
Esta contribución creativa demostró que, a pesar de las adversidades, Streep mantenía su compromiso artístico con el proyecto.
Las consecuencias a largo plazo
La experiencia traumática sirvió como catalizador para que Streep desarrollara mecanismos de protección profesional que la acompañarían durante el resto de su carrera. Aprendió a establecer límites claros con sus compañeros de reparto y a exigir el respeto que merece como artista.
Hoffman, por su parte, atravesaba su propio divorcio en la vida real durante el rodaje, lo que complicó aún más la dinámica en el set. En 2012, durante un evento de BAFTA, lloró en el escenario mientras hablaba de la película.
“Me estaba divorciando, había estado de fiesta con drogas y eso me agotó en todos los sentidos”, rememoró Hoffman. Esta revelación ayudó a explicar, aunque no justificar, su comportamiento agresivo durante el rodaje.
El éxito que eclipsó los problemas
Estas tensiones reales entre los actores contribuyeron a la autenticidad de sus interpretaciones en pantalla. La química tóxica entre Ted y Joanna Kramer reflejaba fielmente los conflictos que experimentaban Hoffman y Streep durante el rodaje.
La película se convirtió en un éxito rotundo, recaudó más de 173 millones de dólares a nivel mundial y ganó cinco premios Oscar. Estos incluían los de Mejor Actor para Hoffman y Mejor Actriz de Reparto para Streep.
Sin embargo, el triunfo profesional no logró sanar las heridas personales entre ambos intérpretes. Nunca volvieron a trabajar juntos en otra película.
Reconciliación tardía
En años posteriores, tanto Hoffman como Streep reflexionaron sobre aquella experiencia. En 2020, durante una aparición en Friday Night with Jonathan Ross, Streep declaró: “Todo está perdonado y realmente lo amo y creo que es un actor increíble, sí, pero ese día estaba muy enojada”.
Hoffman se disculpó públicamente por su comportamiento: “Tengo el máximo respeto por las mujeres y me siento terrible porque cualquier cosa que hice que la haya puesto en una situación incómoda. Lo siento. No refleja quién soy”.
"Normalmente se vive únicamente una vez pero yo he vivido 151 veces, tantas como peliculas he hecho"
Claudia Cardinale, emblema de italianidad y libertad ha fallecido rodeada de sus hijos en Paris a los 87 años. Fue calificada como un "marimacho" por John Wayne y como la "más bella invención italiana después de los spaghettis" por David Niven.
“Detesto la cirugía plástica, es algo ridículo. Hay que aceptar que el tiempo ha pasado. No me preocupa la belleza” declaró en su 80 cumpleaños . Entre las anécdotas de su vida excepcional, se encuenta la épica pelea entre Visconti y Fellini, quienes la querían como protagonista exactamente en las mismas fechas. “Rodé al final con los dos al mismo tiempo. Entonces tenía los cabellos largos hasta la cintura. Luchino me quería morena y silenciosa para el papel de Angelica en ‘El Gatopardo’. Federico rubia y etérea para ‘Ocho y medio’ ¡Cambiaba el color de mis cabellos cada dos semanas! Con Visconti era como hacer teatro. Con Fellini era todo improvisación”. Su nombre queda grabado en las páginas de oro del Cine.
Cuando Robert Redford asumió el papel de Jay Gatsby en El gran Gatsby (1974), el casting ya era un evento cultural. La novela de F. Scott Fitzgerald era venerada y las expectativas eran altísimas. Lo que poca gente sabe es que Redford inicialmente dudó. Le preocupaba que Gatsby pudiera parecer superficial en la pantalla, solo un hombre rico que daba fiestas. Para Redford, el corazón del personaje era el secretismo y la soledad, no el glamour. Aceptó hacerlo solo después de insistir en que la cualidad de "forastero" de Gatsby fuera central en la película.
El director Jack Clayton y el productor David Merrick estaban tan decididos a conseguir a Redford que se adaptaron a casi todas sus peticiones. El diseñador de vestuario Ralph Lauren fue contratado a instancias de Redford para darle a Gatsby un guardarropa que se sintiera icónico pero sobrio. Lauren dijo más tarde que Redford era Gatsby: elegante, distante, pero con una sensación de anhelo bajo la superficie.
Un incidente fascinante ocurrió durante el rodaje de la primera gran escena de la fiesta. Cientos de extras se apiñaron en el set de la propiedad de Long Island, bebiendo y bailando mientras las cámaras rodaban. Redford, en lugar de mezclarse, se mantuvo apartado, observando en silencio el espectáculo desde un balcón hasta su señal. Cuando terminó la toma, Clayton le preguntó por qué. Redford respondió: "Ese es Gatsby. Él organiza la fiesta, pero nunca está realmente en ella". Al director le encantó la elección, y se convirtió en un aspecto definitorio de su interpretación.
Aunque la película en sí recibió críticas mixtas, la actuación de Redford le dio a Gatsby el aura esquiva que Fitzgerald describió: un hombre a la vez deslumbrante y desesperadamente solo. Para Redford, el papel era un espejo de la fama en sí misma: cómo la adoración puede rodearte, pero el aislamiento vive en silencio en el centro.