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Respuesta: Escritos de Armando Cita:
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Respuesta: Escritos de Armando muy buen poema... |
Respuesta: Escritos de Armando bacano inspirarme asi |
Respuesta: Escritos de Armando En repetidas ocasiones, las personas me han dicho: "Descubre el mundo, hay muchas cosas afuera" y yo les respondo "¡No! Todo (tocando mi cabeza con el dedo índice) está aquí". |
Respuesta: Escritos de Armando Cita:
De acuerdo :wink: |
Respuesta: Escritos de Armando Gracias, querida :wink:. Había una vez una hiena que cazaba gacelas. Un día se dio cuenta de que las gacelas le temían, así que la hiena decidió quitarse los dientes y empezó a alimentarse de frutas y hierbas: la hiena había dejado de ser hiena, tanto que empezó a armar una conspiración contra todas las hienas. Las observaba, las analizaba y las seguía... |
Respuesta: Escritos de Armando Saludos señor Armando, viajero de las estrellas, ¿acaso la Hiena queriendo no ser hiena, buscaba una razón de lo que una hiena sería? ¿Cómo sería ser hiena, mirando como hiena, desde fuera las hienas? Conspiraciones fatales de quien es, y es conocido por lo que es, destino fatal para la hiena por parte de las hienas que ya no la reconocen, destino fatal para la hiena por parte de las gacelas, que no saben qué es eso, que hiena antes era. |
Respuesta: Escritos de Armando Saludos, amigo de Grecia. Intentaré responder en verso: La hiena y la gacela Una tarde calurosa y con vientos era aquella: cuando los árboles sus hojas ponen a secar, cuando la hierba seca anhela que la gran centella se digne, muy serena, a abrir las puertas que sellan a las nubes grises que juntas, hacen mojar. Había una criatura, con serenidad, comiendo de todos los machos era el mejor de los sueños y todos pasaban cerca de ella sonriendo, si es que no estaban peleando y fingiendo, para ser de esta hermosa gacela, su único dueño. Ante estas risibles escenas, la gacela miraba con desdén, con indiferencia las pretensiones, con desdén porque los machos no le interesaban, con indiferencia porque su belleza le bastaba, así era la gacela, altiva: ignorando las pasiones. Pero ni belleza ni galantería podrían nunca opacar el miedo que sentían en la manada cuando veían por la tarde, cuando el sol se va a descansar entre los matorrales y arbustos con sardónico mofar un grupo de hienas que sin chiste alguno, reían. Sí: varios poetas sobre la guerra han hablado, sobre el terror y la desolación de los paisajes que son montajes para los gritones y callados, para los soldados más cobardes y más osados... pero ni una palabra sobre la vida salvaje. Porque al menos en la guerra de los humanos la sangre cae al ritmo de espadas y gritos, pero en esta manada, los que son ancianos, hablan de risas y de aplausos sin manos: son las hienas: tienen patas, pero no ritos. Como las ruinas y escombros de una ciudad grandísima que entre el humo y los sollozos inmutable permanece, así es el cuadro para las víctimas cuya carne es riquísima, para cuyos parientes la fortuna arrebata con mirada ínfima, que mucho toma, que mucho lleva, pero no agradece. La gran centella vuelve a brillar sobre el amplio telón azul y ahora vemos a una cría que con sus iguales se recrea: corre, se bota, salta, grita, se esconde y vuelve a la luz, feliz compite con otros cachorros por entre los bambús como cuando un caballo es despojado de sus correas. Y como pasan las nubes escoltando al astro celeste, así pasan las horas y meses, desfilando con insolencia, rápido crecen los matorrales y las flores campestres, rápido crecen las bestias, sus patas y sus dientes como diciéndole al pasado "¡Vete! me das impaciencia". Ya el cachorro es mayor: común se ha vuelto en él la risa, alejarse de la manada puede, ya busca la comida solo. Se pasea por los campos tranquilo, sin llevar ninguna prisa le gusta el agua, le gusta el calor: es como la ceniza se ha vuelto una hiena macho, anda de polo a polo. Había una criatura, con serenidad, comiendo de todos los machos era el mejor de los sueños y todos pasaban cerca de ella sonriendo, si es que no estaban peleando y fingiendo, para ser de esta hermosa gacela, su único dueño. Como Galileo a la luna veía, a gran distancia así la hiena macho a la gacela observaba, la hembra comía en el campo con ansias como si ese día el alimento fuese de Francia. Sin que se diera cuenta, la hiena la miraba. Quedó él estupefacto, al ver la delicada figura, sus ligeras curvas, su pelaje entre la hierba, le inspiraban tan desbordante dulzura, que más parecía que era la ternura la que triunfaba sobre devorar a la cierva. Y así, instinto dominado, se acercó la hiena sin que la gacela interrumpiera lo que hacía. La primera no tenía violencia en sus venas la segunda vio que correr no valía la pena Sean bienvenidos a un diálogo de fantasía. -Te estaba mirando hace tiempo, gacela, a lo lejos no temas, te doy mi palabra de que no te haré daño-. -Sé que es extraño, porque esta charla yo dejo pero tus palabras y tu caminar han de dejar perplejos a tus semejantes, como nunca en muchos años-. -Tal vez ría como ellos, quizá luzca como "otro" de la manada, pero la verdad, que es incierta, se ha olvidado de algo y es que no todos los pescadores usan gusanos por carnada, hay unos que sin trampas arrojan la red en una lanzada, y de la red a una pecera, el pez en una sala escucha tango-. -¿Así que dices que es mejor dejar de lado los protocolos para así evitar el gran dolor de que uno muera solo? No sé qué pretendas con esas palabras, lo declaro pero mira lo que soy: una gacela muy hermosa a la que cualquier macho puede brindar amparo, que yo rechazo y demuestro con gran descaro, porque eso de vivir de a dos no es gran cosa. Piensa antes en cuánto daño han hecho los tuyos, que con afilados dientes han hecho llorar a mi raza: raras escenas que van de las risas a los murmullos, tan violentas cual huracán que arranca los capullos... ¡ah! tú sabes cómo es. Se hace tarde, vuelvo a casa-. Fue cuando se separaron por vez primera que la hiena pensó "Pertenezco a una especie horrible, mi risa no agrada, todo lo que mi pasado, mi especie y mi familia fundó ha sido solamente una larga lista de llanto y de dolor ahora, ¿cómo voy a hacer para tener mi mente calmada?" La centella grande del azul telón se asomaba, la hiena salió como de costumbre a caminar, y cuando cerca de un claro charco pasaba escuchó una voz conocida que le susurraba: "Búscame en el charco, te tengo que hablar". Y entraron las orejas puntiagudas, y sus ojos, seguidas por su hocico en el claro estanque: era su reflejo, el cual, sin tener cerrojos, tenía los dientes blancos que se vuelven rojos, producto y resultado de feroces ataques. Como un galgo cuando su dueño le reprende, la hiena atenta unas palabras escuchaba: "¡Mírate! Eres asqueroso, ¿no lo comprendes? Si quieres a la gacela, entonces aprende: fueron tus dientes afilados los que la asustaban". La voz se unió con el reflejo y esta pareja se marchó, no sin antes dejar perplejo a nuestro protagonista quien, contra una gran roca su boca estrelló causándole un terrible sentir marcado por el dolor, todo por ganar en el amor una conquista. La hiena empezó a adoptar el caminar de las gacelas macho: elegancia, porte, altivez, recato y hasta delicadeza eran temas que la hiena repasaba por todo lo ancho porque creía que a la gacela le gustaban eran los muchachos, y decía "ningún cachorro puede enamorar princesas". Así, con dientes ausentes pero la sonrisa atractiva, la hiena ilusionada se disponía a su gacela enamorar pero cuál sería de todas, la sorpresa definitiva, que iba a hacer de nuestra protagonista una fugitiva: la gacela estaba de coqueta con un tigre patán. No sé sabe qué fue primero: si la rabia o la tristeza, la primera la sentía dentro de la sangre suya, la segunda hacía que lágrimas cayeran con fiereza, su sonrisa permanecía constante, -era la naturaleza- vamos a ver a quién es que la Fortuna arrulla. "¿No había insinuado que mis raíces eran violentas? ¿Cómo puede querer al tigre si parece más fiero? El dolor que hay en mi pecho, parece, revienta quema y destruye mi amor con esta afrenta... contenerme más no puedo: sangre felina quiero". Y corrió a su encuentro nuestro enamorado, la gacela observando, muy sorprendida estaba. "¡Mírame, gacela! Mis dientes he arrancado, porque de ti siempre estuve enamorado, 'inofensivo y tierno me amará', yo pensaba. ¡Vano mi cariño, vana toda mi esperanza! Veía tu figura hasta en las líneas de los robles Sabes que tu carne nunca fue mi añoranza, ahora con lo que veo he de cobrar venganza ¡Perderé la vida, pero con sentimientos nobles!" Dicho esto, la hiena y el tigre se prepararon. La primera sobre el segundo se abalanzó: lo mordía, lo aruñaba, sus patas no alcanzaron porque del felino los dientes en ella entraron y cansada, enamorada, con una sonrisa, murió. La vida de nuestra protagonista por el tigre no acabó: fue por la decisión de la gacela hermosa y engreída, que, como otras que rechazan el puro y noble amor de unos pocos que saben de sacrificio y de honor, los deshechan, para en un futuro, quedar heridas. PD: Al ver tus palabras en prosa, me dieron ganas de rearmar la historia en verso. Tu comentario fue inspirador, hombre :wink:. |
Respuesta: Escritos de Armando Excelente historia Mr Armando |
Respuesta: Escritos de Armando Monsieur, Leyendo y pensando las palabras narradas, quedé estupefacto ante la batalla contada. Más fiero que el tigre la voluntad fue lanza de aquella hiena altiva que superó su condición con loa. Pero entre palabra y palabra algo más que una historia fué contada, una razón de vida, o de existir tal vez, una razón que obligó a negar, lo que hiena significaba ser. ¿Qué es aquello que llaman amor que sacrifica con veneración las almas sin compasión? ¿Cómo decir, cómo sentir lo que con placer nos lleva a sufrir? y entre combate y combate, a veces consigo mismo a veces con los demás, la hiena hizo lo que quiso lanzándose a un habismo al que nadie le acompañó, y como en "Los motivos del Lobo" de Rubén Dario, es mejor volver y ser esquivo y fugarse, corriendo por las estepas y reir a la luna como por vez primera. Radical enseñanza la que el dolor desgrana, sin dientes, sin piel, pero buscando que ser, hallóse entonces solo, en la mitad de la nada para ser nueva especie, acaso tal vez, lejos del bullicio y su estupidez. Su escritura motiva, al pensar de manera activa, son pocos lo que encuentro en este foro así, usted y aquella dama, que en el vacío su ser reclama, inspira poder decirlo así, sobre todo en este medio tan fútil. Bon Noite |
Respuesta: Escritos de Armando :shock: Traducción: "Gracias, amigo en letras" :wink:. |
Respuesta: Escritos de Armando Doble Shock por aquí... :shock: :shock: Damphir y Monsieur, excelente; ¡qué manera de escribir! Es la mejor conversación de la que he sido testigo por estos lugares y toda en verso... Monsieur, las historias que has contado en tu espacio, tus relatos, siempre me hacen reflexionar. Damphir, no sé cómo lo haces y si no es imprudente o grosero llamarlo de esta forma, pero admiro esa habilidad tuya para improvisar con tanta estética y profundidad. Señores, gracias por ayudarme con el ejercicio mental :wink:. Y para mí los dos también son inspiradores :). |
Respuesta: Escritos de Armando No siempre escribo así, !Como quisiera¡ depende de lo que leo aquello que motiva el decir momentáneo o una idea furtiva. Sus reflexiones, consignadas en estos temas, me hacen pensar, y querer que los lea, reacciono hacía aquello que ustedes hacen, sonriendo mi espíritu al encontrar personas que no se sonrojan al suspirar. Me alegra poder conocer lo que en palabras hacen. Gracias a ambos por albergar estos díalogos. |
Respuesta: Escritos de Armando Y el viejo dijo: "No, gracias a ambos por albergar estos diálogos". |
Respuesta: Escritos de Armando Me gusta el mensaje de Jesús de Nazaret. Eso de dejar la vida del mundo en un segundo plano y cultivar el perdón y el amor es algo que choca totalmente contra las ideologías actuales. |
Respuesta: Escritos de Armando Pongo en duda que un hombre maduro se enamore de una mujer, tanto como que una adolescente se enamore de un hombre mayor. |
Respuesta: Escritos de Armando No nací machista: ellas me rogaron que lo fuera. |
Respuesta: Escritos de Armando Cita:
Este tema tiene tanta historia... "el machismo" y como bien dices, aún se le augura buen futuro :icon9:. En cuanto a tu nueva imagen... :shock: :laughing9: :wink: Saludos. |
Respuesta: Escritos de Armando Cita:
Gracias por leer, mijita :wink:. |
Respuesta: Escritos de Armando Pasos para una caída (involuntaria) : 1. Ignorancia: no sabemos cómo o cuándo vamos a caer. No lo tenemos planeado. 2. Negación: la caída es inminente pero intentamos balancearnos o aferrarnos de algo para no caer. 3. Resignación: no hay nada que hacer. Es un momento efímero en el que nuestra voz interior dice: "Bueno, en una milésima de segundo menos estaré en el suelo". 4. Levantamiento: la caída es considerada como tal si y sólo si hay voluntad de levantarse. Si no nos levantamos en el preciso momento es porque o nos desmayamos o porque nuestro corazón dejó de funcionar, no más. 5. Mentira total / Optimismo parcial: decirle a los demás con gestos o palabras: "No pasó nada: estoy bien". http://www.youtube.com/watch?v=dPVG94MBfkg |
Respuesta: Escritos de Armando Las palabras soeces son el recordatorio perfecto para el hombre que se olvida que tiene testículos. |
Respuesta: Escritos de Armando ...¡pero mira! Los reclutas demuestran mayor disposición y voluntad que los veteranos... |
Respuesta: Escritos de Armando La gente debería de celebrar Navidad con el mismo recogimiento de Semana Santa, y festejar el sábado de resurrección con la misma efusividad de año nuevo. |
Respuesta: Escritos de Armando Excelente :) |
Respuesta: Escritos de Armando Nunca nos gustan las personas, nos apegamos a ellas. La verdad, no nos apegamos 'a' las personas, nos apegamos 'a algo' de ellas. |
Respuesta: Escritos de Armando Es bueno mirar tu alcancía y ver cuánto has ahorrado... pero también es bueno hacer una lista de lo que has conseguido, para así saber cuánto has gastado. Lo ideal es ver más llena la alcancía que la lista. Por eso es bueno verla: inspira reducirla cada vez más. |
Respuesta: Escritos de Armando - Él sabe que en tu corazón o en tu mente o en la punta de tus pestañas vive alguien especial. Dices pertenecerle a esa persona y sin embargo, te pones nerviosa y le sonríes al otro, a él. ¿Y crees que él no se da cuénta cómo juegas con tu cabello cuando lo ves? ¿Crees que él ignora la forma en que tiemblan tu voz y tus palabras cuando estás cerca de él? - ¿Estás hablando de ti mismo en tercera persona? - Sí... él lo hace. |
Respuesta: Escritos de Armando Buenos pensamientos. |
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