| Denunciante Popular
| Respuesta: El estrellado dínamo de la máquina Noté al maestro de pecho desnudo viendo cómo quemaba su cuerpo.
Noté a los alumnos enlutados,
sentados con las piernas cruzadas frente a los libros,
entonando mantras de devoción,
gesticulando con dedos misteriosos y campanas de cobre en las manos.
Nominada en 2010 al Oso de Oro (?) en el festival de Berlin, es una película insufrible. Creo que ya hablé de cómo el filme se divide en varios momentos que a su vez se repiten a sí mismos. Tenemos dos secuencias importantes en la película. La primera es una entrevista basada en material audiovisual real y en la segunda aparece James Franco fingiendo ser Allen Ginsberg. Y digo que son secuencias importantes precisamente porque se relacionan con Allen Ginsberg, el poeta de nombre sonoro. Noté las llamas irguiendo
banderas, cables y paraguas,
y postes pintados de naranja.
Yo noté…
La otra secuencia es la del juicio. Insufrible por donde se mire. No hay por donde cogerla. Sobre todo porque evidencia la increíble astucia de los social media xxxperts. Engendros del mal que saben cómo vendernos un fucking walkman. Noté el cielo y noté el sol,
un arco iris alrededor del sol,
luz, nubes sombrías flotando sobre el sol.
Dentro de la cosecha artística de Ginsberg, Aullido sacudió a toda una generación y desencadenó un juicio contra su editor por publicar material considerado obsceno por una parte de la sociedad; que tildaba el libro en cuestión como una parábola peligrosa para la humanidad. Era una época donde se cazaban brujas. La carga homosexual del poema, reflejo del propio autor y su estilo trasgresor de las formas clásicas, era una cachetada al conservadurismo platónico de la era. El escándalo generó una especie de efecto dominó que rápidamente conquistó la atención del pueblo norteamericano sobre la producción artística de la generación beat. Convirtiendo automáticamente a sus representantes en mártires del McCarthismo. Noté mi corazón latiendo,
la respiración pasando por mi nariz, mis pies andando.
Yo noté el humo sobre el cuerpo, noté monumentos de fuego.
La escena de este juicio contra el editor del poemario es aberrante. Los guionistas de Howl debieron intuirlo y en correlación sugerir al productor contratar notables personalidades de la televisión para hacer la secuencia menos insufrible. El arrojo fracasó estrepitosamente. Pero el productor seguro ganó algunos ceros en su cheque. Imagino que muchos norteamericanos compraron su tikect solo para masturbarse en la oscuridad con la imagen de Jon Hamm y Mary Louise Parker en pantalla gigante. Noté la alameda camino abajo.
Noté a la multitud tomando el autobús.
Noté la comida, ensalada de lechuga.
Noté la ausencia del maestro.
Noté a mis amigos.
Jon Hamm. El mismísimo Don Draper. Probablemente el mejor actor del universo. Probablemente siquiera llegue a ser considerado actor. Lo cierto es que Jon Hamm es Don Draper y Don Draper es Jon Hamm y los dos son uno y Mad Men es todo. Es la trascendencia. El arte en general le debe vidas a Mad Men. Seguramente la mejor obra narrativa después de Shakespeare y Los Sopranos. A Jon Hamm lo hemos visto de jeans haciendo el ridículo en algunos capítulos de 30 Rock y Saturday Night Live. Fueron interpretaciones anacrónicas en las que nadie reparó porque Jon Hamm nació para usar traje, fumar Lucky Strike, cruzar la pierna y beber Old Fashioned en la Nueva York de los sesenta. Nació para ser Don Draper. Es imperdonable que en Howl interprete a un abogado de traje, inteligente, con media sonrisa, mirada penetrante, y aun así la escena transpire inverosimilitud. Noté a mi auto, noté el Volvo azul,
y noté a un niño tomándome la mano,
nuestra llave en la puerta del hotel.
Y Mary Louise Parker. Nuestra hermosa Nancy Botwin. La narcotraficante más admirada en la historia de la televisión. Siete años acompañándola, tras cada temporada de Weeds, a ella y su familia en una road movie por el mundo de las drogas. Desde que enviudó y empezaba a coquetear con la venta de marihuana hasta su huida por toda Norteamérica desde México al avión rumbo Copenhague. Mary Louise tal vez sea al imaginario popular la cuarentona más agraciada del medio, con su carita adolecente y esa miradita capaz de conmover corazones criminales. Nos hemos acostumbrado a ese perfil, a quererla, apoyarla, regalarle suspiros y frases de aliento desde el sofá. Pero en Howl aparece como una fucking guarrilla rompecorazones del Brooklyn de los años veinte. ¿En qué diablos estaba pensando el director de Casting? Escalofriante. Noté un cuarto oscuro, noté un sueño que olvidé,
noté naranjas y limones, y caviar con café en la mañana.
Finalmente encontramos en Howl una secuencia de animación computarizada para acompañar la lectura de Aullido. Elemento ilustrativo que puede resultar interesante y llamativo pero al no venir en 3D pierde toda gracia. La animación aquí funciona como un tipo de experiencia audiovisual catártica (?) propuesta por algún wannabe del Yoga y la grulla. El arte está lleno de obras totalmente inútiles pero absolutamente necesarias ¿quién era el que decía esto? No lo recuerdo. Pero me parece importante mencionarlo porque en esta película todo parece estar sobrando. No existe un crescendo dramático que justifique todo el adorno, y la brillantina posmo, que aparece de la nada, enlatado y listo para servir. Sin embargo el poema de Ginsberg es similar a encontrar una opera en medio de la jungla ―He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura de Howl, hambrientas histéricas desnudas, pegando versos entre los párrafos en sus post―, es un poema maravilloso que funciona a muchos niveles y con ribetes absurdos. Si en el encadenamiento cronológico de tus recuerdos el nombre de Allen Ginsberg suena por primera vez, esta película es un buen lugar para empezar. Como Dream of Life donde Patti Smith agasaja la ausencia del poeta declamando sus versos en medio de un concierto punk. Noté la autopista, el insomnio, tareas, pensamientos,
los pezones en el pecho del niño, cuando el auto descendía
pasando por bosques verdes hasta el agua.
Ahora bien. Tal vez esperaba mucho de esta película. Lo sé. Pero ¡era la plécula de Allen Ginsberg! Me suponía algo así como un artista transgresor rompiendo los arquetipos supuestamente edificantes que impone la sociedad para reafirmar la pureza de su amor con Peter Orlovsky. Antes que una obra conceptual esperaba un drama. Porque lo absurdo de la abstracción conceptual es que supone una crítica per se hacia la nada. Al final de estas películas nadie sabe en contra o favor de quién funciona el dínamo del arte. Tantas imágenes seudo cargadas de significación que al mismo tiempo podrían no significar nada, con el pasar de los años estrellan nuestra cabeza que se trasforma poco a poco en un noise de tonalidades falsas. Al final del día nuestros sentidos solo perciben la basura multicolor de los efectos especiales y la onírica hipérbole del cine indie. Cada vez estamos más acostumbrados a ver el mundo a través de facebook, a ver caritas jubilosas dejando Me gusta en todas partes. Verdaderos teatros de la mentira. El mundo no es una película de Van Dormael o Dukic. La realidad es austera. Es penosa.
__________________ las mentes brillantes tienen los demonios mas persuasivos |