Denunciante Popular
| El estrellado dínamo de la máquina
Calificación: de
5,00 | El estrellado dínamo de la máquina
He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura de facebook, hambrientas histéricas logueadas en twitter al amanecer, arrastrándose por las calles del trollarmy en busca de un colérico Megusta, demolidas por 2Milkbps de conexión celestial que marca territorio con increíble sordidez, como una fucking zorra que borra con el jopo minuciosamente todo rastro de felicidad. Justificar el asunto o buscar motivos para justificar nuestro proceder es, en rigor y concordancia, justificar la existencia de Internet, o peor aún, de los social media xxxperts. Prostitutas posmo que simplifican el arte de la sugestión con sus imágenes enlatadas, efectos especiales y pirotecnias de neón parpadeante donde se adivina la inhumanidad de lo moderno como un anzuelo tras el que se confunden profundas inflexiones de la pavorosa y alienante neo cooltura baila kuduro. Noté el césped.
Noté las colinas.
¿En qué lugar del tiempo asfixiaron en cloroformo esas obras de culto donde la imagen poseía una riqueza tan extraordinaria que cegaba los sentidos con su luminosidad intrínseca sin echar mano de la varita digital, dueña y señora del cine contemporáneo? El culto a la belleza de ensueño que se descubre en Herzog y Tarkovski resulta accesorio en esta sociedad donde el yo cotiza más que el corazón y porno tiene más resultados que amor en google. Noté las autopistas.
Noté el camino de tierra.
Noté un auto en el estacionamiento.
El arte moderno es el reino de la patraña. Cualquier imagen vulgar potencia puntos de inflexión tan sugestivos que cualquier pelafustán con una kodak, haciendo fuera de foco y filtro sepia de alto contraste, se piensa artista. Pero el relativismo no tiene la culpa. En la actualidad la impostura es norma. El mundo es farándula y la humanidad fan de sí misma. El ego es el gran protagonista de nuestra historia y nadie quiere ser un secundario más, todos persiguen el estelar. Aparecer en fotos con sonrisa happy meal es pauta de conducta oficial para las redes sociales. Todos quieren ser etiquetados en actitud fashionista y están a cuatro clics de la egolatría ¿y el mundo? A la mierda. Todos quieren tener abdominales pero nadie piensa en detener con ellos el tsunami de Japón. Es el amargo e innegable reducto de la estética publicitaria. Noté los fajos de billetes, noté el dinero,
cheques y tarjetas de crédito.
Noté el autobús, los extranjeros,
noté los hijos vestidos de rojo.
La incertidumbre del Muro como extensión máxima del guapo, simpático e inteligente ser humano, provoca un gran interrogante metafísico sobre el devenir del arte en general. El efecto mariposa, la ciencia ficción, Amelie, la pirotecnia visual, Corre lola corre, la opera, Lost y los flashbacks, han fecundado el terreno indie hollywoodense para un grupo de películas insufribles del corte Mr. Nobody. Creaciones insubordinadas a una excelente banda sonora, conspicuos efectos visuales, insuperable fotografía, montajes gigantescos y clichés tópico-clásico-recalcitrantes. Retoños aberrantes del malcriado universo esnobista sobre poblado por autores obstinados en explorar la originalidad de formas que ya fueron inventadas. Noté el letrero de entrada.
Noté las casas.
Noté las banderas azules y amarillas.
Noté los devotos, sus camiones y autobuses.
Noté las almohadas rojas y amarillas,
almohadas cuadradas girando y girando.
La diferencia entre una película y un mero material audiovisual atrayente está en el fondo, no en la forma. Si pagas por el tikect y las crispetas no tienes garantizada una película. La dramatización de un juicio por supuesto contenido obsceno en obra literaria, la lectura del poema más popular de la generación beat, fragmentos de entrevistas realizadas al poeta Allen Ginsberg y una peculiar animación de Aullido como elemento ilustrativo, no conforman una película propiamente dicha, aunque se agregue pimienta y sal al gusto. Noté el Tori Gate, noté que la gente se inclinaba,
un desfile de hombres y mujeres con ropas formales.
Noté la procesión, noté la gaita, tambores, cornetas.
Noté las sedas, las coronas,
noté los mantos anaranjados, noté los trajes de tres piezas.
El filme de Rob Epstein y Jeffrey Friedman ignora todos los términos elementales que impone una narración cinematográfica. Howl es otro intento desesperado por despreciar lo masivo. Experimento que se resume en un conglomerado de abstracciones publicitarias que nadie comprender y no tienen razón de ser. Por supuesto son imágenes de innegable valor estético pero que emergen de la nada, sin ton ni son, como esas propagandas súper cool de Pepsi que todos disfrutan pero nadie entiende. Noté el silencio de la multitud,
noté al poeta chileno,
noté un arco iris, noté que el gurú estaba muerto.
Leía hace unos días por ahí (?) cómo el arte está lleno de obras totalmente inútiles pero absolutamente necesarias ―análoga correspondencia hipotética de esa teoría insuperable que divide las obras de arte en dos arquetipos concretos: las que te gustan y las que no te gustan. Simple, directa, potente, expresiva, perfecta― que algunos disfrutan y otros no comprenden. Y con el relativismo hemos topado. La película de Epstein y Friedman gira entorno, por no decir se centra totalmente, en el poema más conocido y admirado de Allen Ginsberg. Aullido es, fue y será, el icono de un movimiento cultural admirable y el revelador manifiesto de una generación trascendente (de la vida misma). Un poema visceral, lleno de emociones sobre excitantes e imágenes de gran expresividad, contundencia y fuerza, que a pesar de ser extenso se recita en Howl línea por línea; limitando terriblemente el filme, que peca de repetirse a sí mismo en varias secuencias. Pero digamos en favor de la película que sus directores no buscaban realizar un docudrama o una biopic propiamente dicha, como esperábamos todos los groupies ―que entregamos nuestra energúmena pubertad, tirados sobre el piso del baño en posición fetal, a los poemas de Allen Ginsberg― cuando descargamos esta película. Su abstracto trabajo fílmico funciona a muchos niveles como anzuelo estéticamente atractivo para calar en el zeitgeist contemporáneo un poema que marcó generaciones y un autor que funciona como puerta de entrada a la literatura de la generación beat. 
__________________ las mentes brillantes tienen los demonios mas persuasivos |