Politica y SociedadEspacio dedicado a la información y discusión de todo lo relacionado con nuestro país, departamento y ciudad, pero también de todo aquello que ocurre en el mundo. Noticias, fenómenos sociales y datos históricos tienen su sitio aquí. Todas las opiniones se aceptan siempre y cuando se hagan respetando a los demás y sin insultos.
Ir a la Página...
Hola Invitado!
Tómate un minuto para registrarte, es 100% GRATIS y no verás ninguna publicidad! ¿Qué estás esperando? Para Ingresa a Denunciando.com por medio de TapaTalk Clic ACA
Mi amor, ¿sabes qué es una spintria?
Calificación: de
5,00
¿Spintria?
por Heráclito
—¿Sabes qué es una spintria? —Mi novia aparta la vista de su laptop y me mira con picardía.
—¿Spintria? —¿De dónde habrá sacado esa palabreja?, pienso mientras esculco mi mente que me da una respuesta de “yo no sé tampoco”.
—No te las sabes todas.
Adoro su sonrisa y más aún cuando me da la explicación. Fija sus hermosos ojos en la pantalla y me cuenta que es una ficha romana en la que están acuñadas poses o símbolos sexuales.
No es valiosa por el material del que estuvieron hechas, generalmente latón o bronce de unos dos centímetros de diámetro y si nos vamos a los precios de hoy, valdría un dos mil doscientos pesos.
Bueno, hasta ahí nada del otro mundo, pero lo interesante es el término. Picada la curiosidad nos pusimos a investigar y resulta que Suetonio, el historiador, conocido por su libro “Los doce césares”, en el que nos proporciona las biografías de…
—Ya, párale, no comiences con la explicación de todo lo que existe.
Levanto la cabeza y la veo con la ceja izquierda arqueada, lo que significa que es hora de aterrizar. Bueno, resulta que Suetonio llamaba de esta manera a los putos, por aquello del esfínter, un terminacho griego que lo dice todo.
Con el tiempo y ya saltamos al siglo XVI, con inquisición a bordo en medio de báculos y casullas, el término ya no se refería a los sodomitas o a las bacanales que les encantaban a los romanos, sino a las propias fichas. Uno de ellos, luego de matarse escudriñando en las costumbres romanas, escribe el “Discurso sobre las medallas antiguas” y nos muestra esta Roma bastante curiosa.
Todo está bien, ¿pero para qué servían estas fichas tan explícitas? Si uno las ve hay de todo como en botica, me refiero a las poses sexuales, desde felaciones, hasta clavadas, con tanta variación que, como dijo alguien, nos encontramos frente al Kamasutra de las monedas.
Pero volvamos al cuento. Se dice que como los romanos no hacían otra cosa que conquistar el mundo, llenaban el imperio de esclavas, muchas de ellas jóvenes y hermosas, era natural que muchas de ellas terminaran de hetairas.
—Y dale con los términos rebuscados. ¿No podías simplemente decir, putas?
—Sí, mi amor, lo que tú digas.
Bueno íbamos en lo de “putas”. Como es obvio no sabían latín y la mejor manera de que entendieran lo que quería el cliente era enseñarles la moneda y de igual manera el pago. Me das aquello y yo te doy esto. Y para adornar el cuento, además, no era de buen gusto pagar con denarios con la efigie del emperador, aunque él fuera más puto que el resto. Las apariencias, diríamos, siempre han existido.
Claro que otros historiadores no están de acuerdo y alegan que si bien eran monedas porno y tenían acuñados los números del I a XVI, quizás eran las fichas de un juego de mesa y los dibujos apenas una manera de adornarlas para morbo de los jugadores.
Imaginemos las apuestas:
—Apuesto doble al 69
—Pago con dos misioneros y un loto
—Felación y cucharita, ¿quién da más?
Como en esto de meterse en la vida ajena, y más si se trata de dos mil años atrás, no hay manera de ponerse de acuerdo, los santurrones aseguran que servían de paga a soldados o ciudadanos que se iban a otros destinos. Y no faltan los que las ponen como fichas de taquilla en los baños que se hallaban fuera de las ciudades.
Lo cierto es que estas monedas morbosas andan por ahí en manos de coleccionistas como recordatorio de que podrán pasar los siglos de los siglos y seguiremos siendo los mismos haciendo lo mismo.
—Mi amor, ¿ya te vienes a acostar? Son las once.
—Ya voy, sólo estoy escogiendo la spintria de hoy.
—¿Sabes qué es una spintria? —Mi novia aparta la vista de su laptop y me mira con picardía.
—¿Spintria? —¿De dónde habrá sacado esa palabreja?, pienso mientras esculco mi mente que me da una respuesta de “yo no sé tampoco”.
—No te las sabes todas.
Adoro su sonrisa y más aún cuando me da la explicación. Fija sus hermosos ojos en la pantalla y me cuenta que es una ficha romana en la que están acuñadas poses o símbolos sexuales.
No es valiosa por el material del que estuvieron hechas, generalmente latón o bronce de unos dos centímetros de diámetro y si nos vamos a los precios de hoy, valdría un dos mil doscientos pesos.
Bueno, hasta ahí nada del otro mundo, pero lo interesante es el término. Picada la curiosidad nos pusimos a investigar y resulta que Suetonio, el historiador, conocido por su libro “Los doce césares”, en el que nos proporciona las biografías de…
—Ya, párale, no comiences con la explicación de todo lo que existe.
Levanto la cabeza y la veo con la ceja izquierda arqueada, lo que significa que es hora de aterrizar. Bueno, resulta que Suetonio llamaba de esta manera a los putos, por aquello del esfínter, un terminacho griego que lo dice todo.
Con el tiempo y ya saltamos al siglo XVI, con inquisición a bordo en medio de báculos y casullas, el término ya no se refería a los sodomitas o a las bacanales que les encantaban a los romanos, sino a las propias fichas. Uno de ellos, luego de matarse escudriñando en las costumbres romanas, escribe el “Discurso sobre las medallas antiguas” y nos muestra esta Roma bastante curiosa.
Todo está bien, ¿pero para qué servían estas fichas tan explícitas? Si uno las ve hay de todo como en botica, me refiero a las poses sexuales, desde felaciones, hasta clavadas, con tanta variación que, como dijo alguien, nos encontramos frente al Kamasutra de las monedas.
Pero volvamos al cuento. Se dice que como los romanos no hacían otra cosa que conquistar el mundo, llenaban el imperio de esclavas, muchas de ellas jóvenes y hermosas, era natural que muchas de ellas terminaran de hetairas.
—Y dale con los términos rebuscados. ¿No podías simplemente decir, putas?
—Sí, mi amor, lo que tú digas.
Bueno íbamos en lo de “putas”. Como es obvio no sabían latín y la mejor manera de que entendieran lo que quería el cliente era enseñarles la moneda y de igual manera el pago. Me das aquello y yo te doy esto. Y para adornar el cuento, además, no era de buen gusto pagar con denarios con la efigie del emperador, aunque él fuera más puto que el resto. Las apariencias, diríamos, siempre han existido.
Claro que otros historiadores no están de acuerdo y alegan que si bien eran monedas porno y tenían acuñados los números del I a XVI, quizás eran las fichas de un juego de mesa y los dibujos apenas una manera de adornarlas para morbo de los jugadores.
Imaginemos las apuestas:
—Apuesto doble al 69
—Pago con dos misioneros y un loto
—Felación y cucharita, ¿quién da más?
Como en esto de meterse en la vida ajena, y más si se trata de dos mil años atrás, no hay manera de ponerse de acuerdo, los santurrones aseguran que servían de paga a soldados o ciudadanos que se iban a otros destinos. Y no faltan los que las ponen como fichas de taquilla en los baños que se hallaban fuera de las ciudades.
Lo cierto es que estas monedas morbosas andan por ahí en manos de coleccionistas como recordatorio de que podrán pasar los siglos de los siglos y seguiremos siendo los mismos haciendo lo mismo.
—Mi amor, ¿ya te vienes a acostar? Son las once.
—Ya voy, sólo estoy escogiendo la spintria de hoy.
Interesante anécdota personal, viejo Hera, y qué artículo tan eróticamente curioso esto de las spintrias, ve.
Poniéndome a pensar un poco en la expresión sexual de aquellas épocas y de otras de hace unos cuantos siglos (y décadas), casi que llego a la conclusión de que lo tan explícito de hoy en día, con una facilidad nunca antes imaginada de mi parte para acceder al porno y demás contenidos más o menos similares, hace que el sexo en cierta manera haya «perdido» algo de su misterio y fascinación.
Puede que exagere, pero estas expresiones artísticas como estas simpáticas monedas, creo que estimulan mejor la imaginación, y a la vez hacen que el acto sexual (sea lo que entendamos por el mismo), resulte un asunto que no se pase de roscas como mucha de la pornografía actual lo pretende.