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Respuesta: Barcelona repitió la historia en el Bernabéu, venció 1-2 a Real Madrid
Guardiola:
"Sacamos buenos resultados aquí (el Barcelona es el único equipo del mundo que ha ganado siete veces seguidas en el Bernabéu) porque los jugadores vienen predispuestos."
Butrageño:
"Estamos ante un gran equipo, tendremos que buscar la tecla que nos permita vencerlo. Hoy al Barcelona le ha costado más porque nos hemos defendido mal, hasta que han marcado y han matado el partido sin dejar de tocar".
Última edición por Heráclito; 18-01-2012 a las 18:40:52
Respuesta: Barcelona repitió la historia en el Bernabéu, venció 1-2 a Real Madrid
El uno a uno del partido:
"El estilo puede con la idea
El manual del fútbol azulgrana supera de nuevo a la última vuelta de tuerca de Mourinho
JORDI QUIXANO- Madrid - 19/01/2012
Alexis dribla a Casillas durante el encuentro.- EFE
Dio el técnico blanco una nueva vuelta de tuerca a su alineación y recuperó el esquema y dibujo victorioso que ya empleó otrora con el Inter y el Chelsea en competiciones europeas. Siete hombres por detrás de la pelota y tres al frente, galgos a la carrera. Sin enlaces, sin interés alguno en manufacturar el pase en la medular, un Madrid de área a área. Una propuesta tacaña en cuanto al fútbol ofensivo, pero excelente en el cerrojo y para abotargar la zona de creación rival; una apuesta práctica y validada por los extremos, sobre todo por Cristiano Ronaldo, generoso y al servicio colectivo como nunca; y un fracaso porque tirar dos veces ante el Barça penaliza, más que nada porque es un huésped que no pilla las indirectas, que no se marcha de tu casa ni a la de tres.
Casillas. Cómodo porque no se le exigió dar un pase con el pie, fue el portero sobresaliente de siempre, excelente bajo los palos -escupió a Messi e Iniesta dos tiros estupendos- y atento como libre si la zaga perdía las referencias. Nada pudo hacer en los dos goles del Barça, vendido en ambos casos.
Pinto. Al contrario que Casillas, pretendió con cierto éxito ser el primer pase, la raíz del juego. Pero falló en lo más importante, que era detener balones. Le probaron en una única ocasión y la pelota se le coló por entre las piernas.
Altintop. Atento al corte y a su espalda, no se le contó fallo sonoro alguno, sino que incluso dio un pase de gol que Benzema estrelló al palo. Pero, precavido y poco acostumbrado al lateral, le costó horrores salir de sitio, por lo que si Iniesta daba un paso hacia atrás, se cobraba unos metros y unos segundos para girarse y dar el pase vertical. Así lo hizo Cesc en una ocasión, que solo la cruceta abortó tras el remate final de Alexis.
Alves. Animado en el ataque, desligado porque en campo ajeno hace daño, el brasileño pretendió resquebrajar al rival con sus incursiones. Pero no pudo doblegar a Cristiano y cometió el peor de los pecados, el no replegarse a tiempo ante la contra rival. Acabó en gol.
Carvalho y Ramos. Al portugués se le notaron sus cuatro meses de inactividad, deficiencia difuminada porque estaba recogido en su área y envuelto por su línea y la precedente. Atinado en el corte y puntual en los balones aéreos, padeció cuando Messi le buscó las cosquillas en una carrera que detuvo con una entrada que bien pudo ser cartulina roja. Y con otra entrada sobre Adriano, debió de completar las cartulinas. Ramos, imprescindible, pendiente de cualquier fisura y corrector por naturaleza, no patinó cuando se salió de sitio, más allá de esa ocasión en la que le clavó los tacos en la rodilla de Alexis.
Piqué y Puyol. La pareja. Cada uno a lo suyo para hacer un todo. Veloces en defensa, reprimieron con persistencia la mayoría de los contragolpes adversarios, bien con un corte de anticipación, bien con una entrada a tiempo. Y con el balón entre los pies, Piqué asumió la responsabilidad, responsable de dar la salida y alguna zancada que otra al frente para provocar y tratar de descolocar al contrario. Si bien le faltó profundidad, Puyol arregló el asunto con un remate en un saque de esquina con el gol.
Coentrão. Las pasó canutas, exigido por la presencia de Messi y Alexis, solo aliviado por la cobertura de Cristiano Ronaldo. No pasó de la medular, aunque tampoco se le reclamó. Queda en su debe el cómo tirar el fuera de juego, pues en dos ocasiones las rupturas desde la segunda línea le sacaron los colores.
Abidal. Tan aplicado en defensa como anónimo en campo ajeno hasta que se le ocurrió probar fortuna. Abrigó a la zaga porque Alves estiraba el campo en el lado opuesto, todo seguridad. Pero Iniesta no tuvo la posibilidad de probar un dos contra uno. Y cuando nadie contaba con él, pisó área, durmió el pase de Messi y definió ante Casillas para celebrar su reciente renovación como azulgrana.
Pepe. Acelerado como en otras ocasiones, por más que le atornillaran por delante de la defensa, Pepe resultó un tapón para las triangulaciones del Barça, exento en las tareas de arquitectura. Dejó, sin embargo, como habitúa, más violencia que fútbol. Hizo una entrada fea, un pisotón a deshora sobre el tobillo de Busquets que le costó la cartulina amarilla. Simuló un manotazo de Cesc cuando no pasó de una caricia. Y, de paso, pisó con voluntariedad la mano de Messi. Para redondear, además, no atendió a su par, Puyol, en el saque de esquina que el Barça festejó en gol.
Lass.Lass, sin el cuero entre los pies porque así lo quiso Mourinho, se prodigó en las ayudas, pendiente de Cesc y Messi cuando bajaban a recibir. Trabajo tan oscuro como necesario para un equipo, poco recompensado con la sustitución y quizá poco entendible al sumar Pepe la cartulina amarilla.
Busquets. Fantástico para guardar la pelota, no hubo un embrollo del que no salió airoso. La melé le gusta. Pero ante la media abigarrada, resultó menos diligente en la entrega vertical. Un demérito que no es tal, porque su misión es enlazar con los volantes, pero que le hubiese sentado de maravilla al Barça para romper una línea de presión.
Xabi Alonso. Acostumbrado a ser la manija del Madrid, los clásicos le deben saber a muy poco, sobre todo porque la pelota le es extraña, porque el equipo se desentiende de la frontera del eje del medio campo para ser tan largo como directo. Jugó, pero, más allá de cumplir con los requisitos de abrochar, para infortunio del Madrid no se notó.
Xavi e Iniesta. A la que encontraron un metro y un segundo, desarbolaron con pases verticales al Madrid. Como ese que lanzó Xavi, prolongó Alexis e Iniesta no pudo definir por milímetros. Xavi, tan presente como de costumbre pero menos vertical ni cómodo que en otras ocasiones, no fue tan lacerante. Iniesta, escorado y un tanto limitado, probó el regate y no puso el desequilibrio. Sí que logró, sin embargo, dos disparos que pusieron en serios aprietos a Casillas, el segundo solo repudiado por la cruceta.
Cristiano Ronaldo. Elogiado por el técnico por su esfuerzo ante el Mallorca, repitió con su generosidad colectiva, con su despliegue en favor del equipo. Se ató a Alves y no se hizo el remolón en bajar, en cubrir las incursiones del lateral adversario. Un acierto porque a la que su pareja de baile se despistó, le lanzó un reto que ganó, una carrera que acabó con su diana. Fue, salvando las distancias técnicas, el Eto'o del Inter.
Alexis. Su trabajo vale oro. Infatigable en la presión, regaló a su equipo infinidad de balones que regalaba la zaga del Madrid. Un poco descolocado porque se desmarca por castigo, hasta de su sombra si se lo propone, que el Madrid jugara tan retrasado le restó peligrosidad y espacios. Aun así, se las ingenió en un movimiento a la espalda de la defensa que solo el poste desbarató.
Cesc. Le costó encontrar su hueco, pero cuando dio con la tecla fue la pieza clave del Barcelona para desatascar. Ordenador por cabeza, lee el juego como pocos y sus movimientos de entrelíneas fueron capitales. Centro a Alexis que acabó en la cruceta, pase a Iniesta que terminó con la misma suerte. Cesc como trampolín, como pierna de Xavi.
Higuaín y Benzema. El argentino compareció sobre el césped, pero no lo pareció. El sistema, por extraño, le sobrepasó y sus desmarques perdieron valor porque no tuvo compañeros que le acompañaran. Inédito. Menos transparente fue Benzema, que se resistió a su falta de balón y retrasó en varias ocasiones su posición para lanzar la contra. En una de esas, CR golpeó.
Messi. Quiso el balón por la vía rápida, como si tuviera que hacer de catapulta y punto final. Algo improbable hasta para el mejor jugador del mundo, más que nada porque había más piernas que huecos a la que agarraba la pelota. Y, tan atrás, su zigzagueo no encontró premio. No está fino el jugador, que desde el parón navideño no rompe. Pero capaz de reinventarse a cada duelo, cuando la tensión aflora, registró una asistencia a Abidal que solo él fue capaz de anticipar. Una acción que valió medio gol y, de paso, media victoria.
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aa que buena victoria, bonita costumbre del barca en los ultimos años de desordenarle la palomera al madrid, leyendo los 3 analisis que colgaron como que el mito volvio, pepe a vuelto a sus andanzas
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el barcelona vuelve a demostrar su superioridad..........................
por otro lado ese mal llamado" jugador profesional" Pepe sigue demostrando que ante el talento de un rival con clase el unico recurso que le queda es el uso excesivo de la fuerza para lastimar al rival... pedazo de animal...!!!!!!!!!!!!!!!
__________________ "Dos errores no hacen un acierto"
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Actualización:
Una opinión demoledora, por las verdades que desnuda. Cuando el Barça juega contra los merengues, al final lo hace contra Mourinho, quedando atrás el espíritu madridista que debe asistir al duelo personal de su entrenador que lo sacrifica todo en busca de una victoria, su victoria:
'Con Pinto y casi sin Messi'
Mourinho montó anoche una alineación solo para fastidiar al Barcelona, pero no quiere enterarse de que el problema es Pepe
RAMON BESA 19/01/2012
Ahora mismo el Madrid es un equipo desnortado, de rayos y truenos, físico y muy colérico, tanto como su entrenador. Mourinho montó anoche una alineación solo para fastidiar al Barcelona. Terco, volvió a la misma idea de la Champions, para insistir en su denuncia de que si no alcanzó la final de Wembley fue por el árbitro. ¿Por qué? No parará hasta responder a su pregunta. No quiere enterarse de que el problema es Pepe. El partido refrendó la sensación de que quien juega contra el Barça no es el Madrid sino Mourinho. A su entender, el fin justifica siempre los medios y las jugadas concretas valen tanto o más que las retóricas del Barça, un mal diagnóstico.
Al técnico portugués le interesan los episodios de la misma manera que el Barcelona se explica a partir del relato. Los azulgrana son un equipo de lluvia fina, mirada a medio y largo, que se reinventan cada temporada sin perder nunca la personalidad, solo para que no le pillen el truco, siempre pendientes de su fútbol. Juegan igual contra el Betis que ante el Madrid. No necesitan a su máximo rival para afirmarse. Seguramente Guardiola admira más a Mel que a Mourinho. Pinto jamás jugaría el partido de ayer en el Madrid y, en cambio, su alineación en el Barcelona se interpretó como una muestra más de la salud del vestuario del Camp Nou.
Aunque Pinto falló en el gol de Cristiano, los azulgrana explicarán que la jugada fue mal defendida por el colectivo desde que Benzema trazara el pase, y por tanto la culpa fue del equipo y no del portero. Nadie puso el retrovisor sino que los jugadores tomaron la pelota y redimieron al arquero en un córner cabeceado por Puyol y con una correcta actuación coral. No hay peor penitencia para Mourinho que su equipo tome un gol a balón parado, su suerte favorita, un remedio al alcance de cualquiera. El Madrid nunca jugó como el Madrid sino como el equipo de Mou. Desnaturalizados, los jugadores obedecieron las órdenes de su técnico. El Barça, en cambio, fue reconocible, incluso con un disminuido Messi, porque juega contra el propio Barça. Los azulgrana resolvieron el partido poco a poco, a su gusto, convencidos de su idea, mientras que el Madrid jamás tuvo un plan para protagonizar el partido, entregado al marcador. Pocas veces se vio a un plantel más estraperlista y cobarde, personalizado en Pepe, agresivo, simulador de agresiones, pendenciero. Mourinho solo dio un paso al frente cuando la rechifla del Bernabéu le conminó a cambiar, y para mayor escarnio, entonces recibió un segundo gol, marcado por Abidal, una muestra más del fútbol socializado del Barcelona.
El juego aseado de los azulgrana contrastó con la frustración del Madrid, remontado por segunda vez, empeñado en ensuciar el choque, vencido de nuevo en el cuerpo a cuerpo, solo mejor que el Barça cuando se mide a terceros. Atacó bien el Barcelona, y salió ganador de Chamartín con Pinto, casi sin Messi, entregado al gobierno de Busquets y a la agresividad de Alexis, signo de su evolución frente al inmovilismo que supone Pepe como pivote.
Fuente:
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Última edición por Heráclito; 18-01-2012 a las 23:17:06