Chistes / Cosas CharrasMuéstranos tus habilidades de cómico, cuentanos los chistes que te sepas, el que te contaron y casi te morís de la risa… hacenos reír un ratito a nosotros también….
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Compañeros, aquí va la historia de nuestro pajarraco favorito:
Es día de cierre en un pequeño taller de editorial Televisa, Santiago de Chile. Un grupo no muy numeroso, dos dibujantes, cuatro humoristas, un pasador a tinta, un colorista, unos cuantos colaboradores, intenta finalizar a tiempo y simultáneamente tres ediciones de la emblemática revista Condorito. Condorito, Condorito de Oro y Condorito de Colección no dan tiempo para pensar. La urgencia es aplastante y los chistes se "sacan" —por decirlo de algún modo— de todas partes: la creación colectiva, internet, antiguas revistas, la antediluviana y falible sección "La risa, remedio infalible" de las Selecciones del Reader's Digest. La mayor y más rápida fuente de recursos humorísticos sigue siendo, empero, el propio Condorito. Tras 60 años, la editorial cuenta con un stock casi ilimitado de chistes que, maquillados, se reciclan una y otra vez para llenar, llenar y llenar. No hay que ser gracioso, gracias al cielo. A sus 80 millones de lectores repartidos en 13 países eso no les importa demasiado. Condorito es una institución tan enraizada en el imaginario popular, que no tiene que demostrar nada. Y debe saberlo muy bien, ya que ni siquiera hace el esfuerzo.
Condorito es una de esas tradiciones que parece que siempre hubieran estado ahí, sin que nadie las inventara. La clase de tierra de nadie de la cual usualmente sorprende conocer el origen. Los mexicanos creen que sin duda es mexicano, mientras argentinos, peruanos y colombianos no tardan en atribuírselo en cualquier casual conversación. Los habitantes de Chile nos enfurecemos al saberlo, heridos en esa desproporción llamada orgullo patriótico. En parte, el teatro es justificado. El chileno René Ríos Boettinger, alias 'Pepo', creó el personaje en 1949 motivado por esa misma clase de orgullo. Estaba indignado con Walt Disney y su visión de Chile.
Pepo vs. Disney
Virtuoso acuarelista y caricaturista político, maestro en el diseño de apetitosas doncellas y gordinflonas vomitivas, Pepo había brindado al mundo unos cuantos personajes (Vivorita, don Rodrigo) que, la verdad, apenas destacaban en ese superpoblado mar de inocente humor semigracioso de las revistas pícaras de la época. Un hecho inusual, sin embargo, cambiaría la historia: Ríos vio la película de Disney Saludos amigos (1943), una producción animada sospechosamente coqueta con Latinoamérica, encargada como estaba por el gobierno de los Estados Unidos para afianzar lazos con nosotros en plena Segunda Guerra. En la película, el carismático Loro Carioca jugaba por los brasileños y Donald y Tribilín, con su simpática torpeza yanqui, aprendían lo admirables que eran Bolivia y Argentina para Norteamérica. Chile no tenía destinada tanta zalamería: estaba representado por Pedro, un dulce y debilucho avioncito que intentaba cruzar Los Andes para entregar el correo.
Un año antes de su muerte, Pepo me concedió la que sería su última entrevista. Ya tenía 87 años pero rememoraba vívidamente la reacción que le provocó la fábula disneyana. "¡No puede ser! ¡El chileno no es así!", se dijo, y se puso a idear algo "a la altura" de sus compatriotas. El cóndor es el ave nacional del país, así que comenzó por ahí. "Lo bajé del escudo y lo vestí de 'rotito' (un tipo humilde pero ingenioso) con sus alpargatas y su camiseta; el cóndor humanizado…" En poco tiempo daba vida a un personaje de extracción popular que, intentando representar al "chileno de tomo y lomo", no hacía más que reiterar la caricatura del pobre astuto que todo pueblo adopta para mirarse a sí mismo con dignidad.