John Wayne Gacy nació el 17 de marzo de 1942, sobre las 12:30 horas, en el hospital de Edgewater de Chicago, hijo de Marie Elaine Robinson, de treinta y tres años, y de John Stanley Gacy, nieto de unos inmigrantes polacos, ocho años mayor que su mujer. John no era el favorito de su padre, quien prefería a sus hermanas quizá porque, como él, poseía una personalidad dominante.
Él no era más que el patito feo y gordo, que a menudo caía enfermo. Tuvo problemas cardíacos desde temprana edad y empezó a sufrir desmayos desde los once años. Su padre sospechaba que era una manera de atraer la atención y le decía con desprecio que era un “niño de mamá” y que más tarde no sería normal.
Gacy recibió un golpe en la cabeza también a los once años: perdió el conocimiento tras ser alcanzado por un columpio. Durante los cinco años siguientes sufrió desmayos. A los catorce años tuvo un ataque de epilepsia y le tuvieron que poner una camisa de fuerza. A los dieciséis, le diagnosticaron un coágulo en el cerebro y recibió tratamiento médico para solucionar su malestar. Su madre le había inculcado la idea de que el sexo era algo maravilloso y sagrado. Aunque fue un niño muy guapo, a los dieciocho años estaba tan obeso (pesaba cien kilos) y era tan feo, que ninguna chica se hubiera fijado en él.Cuando nació tuvo problemas respiratorios, debido a que en el útero respiró sus propias heces. Su madre le puso enemas diariamente hasta que tuvo dos años de edad. Desde temprana edad John Wayne Gacy ya tenía problemas psiquiátricos ligados a su padre, un tirano y un alcohólico, que nunca hubiera admitido que podía estar equivocado. “Si mi padre decía que el sol no se iba a levantar mañana, no se le podía contradecir. Hubiera discutido hasta convencer a cualquiera”. Gacy padre era un bebedor empedernido y solitario, que desaparecía en el sótano para beber a solas cada tarde, y se mostraba muy agresivo.La vida de John Wayne Gacy era una lucha sin fin para recobrar su amor propio, destruido por el desprecio y las palizas de su padre. Sin embargo, cuando le hacían preguntas sobre sus relaciones familiares, Gacy negaba rotundamente que le odiara; aunque siempre hizo hincapié en que su padre lo tildaba de “mariquita” y lo calificaba repetidamente como “tonto y estúpido”. Tenía además extraños recuerdos sobre sus juegos infantiles. Una vez declaró: “Recuerdo que, de niños, jugábamos a la Mano Negra. ‘La Mano Negra llama a tu puerta...’ Se morían de miedo. Luego íbamos al cementerio judío y robábamos las flores. Yo recogía los ramos de papel maché y luego separaba la espuma de polietileno de las cintas y las flores artificiales. Montábamos una boda y utilizábamos las flores funerarias. Una vez nos encontramos un perro muerto. Recogimos todas aquellas flores, lo metimos en una especie de ataúd y lo cubrimos con ellas. Teníamos que enterrar a aquel pobre perro”
Poco después, los problemas con su padre lo orillaron a irse de su casa. Se fue a Las Vegas, pero era difícil encontrar trabajo sin el bachillerato. Finalmente, consiguió un empleo de portero en el depósito de cadáveres de Plam y con su obsesión por la limpieza, era un excelente vigilante. La vista de los cuerpos muertos le fascinaba, sobre todo los de los chicos jóvenes. Muchos afirman que Gacy se entregó a la necrofilia, llegando a tener contactos sexuales con cadáveres, aunque él lo negó años más tarde, en sus entrevistas con los psiquiatras de la cárcel.Este período sin el apoyo de la familia resultó ser beneficioso, y le decidió a dejar de ser el fracasado que su padre pensaba. De vuelta a casa, fue al Northwestem Business College hasta la graduarse y, a partir de ese momento, su vida tomó un giro espectacularmente positivo. Se le vio en la ceremonia de premiación de Miss Illinois en Springfield y rodeado de nuevos amigos.Gacy además era un mentiroso patológico y un ladrón habitual desde temprana edad. Mentía para impresionar a la gente. Estuvo un tiempo en el ejército, pero se inventó una carrera en la Marina y decía haber estado en Corea, lo cual no era verdad.

Aunque quizás no mentía cuando insistía en que era una especie de Jekyll y Hyde, con un mínimo de cuatro personalidades. Pero esta afirmación no constituía una prueba de que tenía realmente varios alter egos. Además, su formación le había dejado una imperiosa necesidad de imponer su voluntad a los demás. Cuando alguien discutía con él, estaba seguro de tener razón y no hubiera sentido remordimiento en agredir.
Como miembro de la Joven Cámara de Comercio (“Los Jaycees”), Gacy se encontraba en su elemento: popular, entusiasta. Un valor seguro. A ese paso iba a convertirse en uno de los hombres más respetados de la ciudad, el típico hombre que termina siendo alcalde.Su locuacidad hacía de él un perfecto vendedor, y sus ansias de ser querido lo transformaron en un ser confiado y simpático. A los veintidós años tuvo tanto éxito como ayudante del encargado de la compañía Nun Bush Shoe, que la empresa le trasladó a Springfield, en Illinois, para dirigir una tienda en un conocido almacén de ropa para caballeros.Liberado de la sombra de su padre, ganó seguridad, encanto y persuasión. Descubrió con agrado que su obesidad y su baja estatura no eran un obstáculo para el éxito en sociedad, y poco después cortejó a una bonita compañera y se casó con ella. Se trataba de Marlynn Myers, hija de un brillante hombre de negocios que había adquirido la franquicia del restaurante de Kentucky Fried Chicken (KFC) en Waterloo, Iowa, y quien naturalmente eligió a su ambicioso yerno como director.Su perdición fue el desmedido afán sexual y la cantidad de jóvenes empleados que se cruzaron en su camino en el negocio del pollo frito. Sin duda, Gacy estaba obsesionado con el sexo y debía pensar que, como hombre de éxito, se merecía una pequeña satisfacción.Marlynn cerraba los ojos ante las actividades extramatrimoniales de su marido. Había un rasgo de perversidad en la relación de Gacy y Marlynn. Incluso, Gacy dejó que el adolescente Richard Westphal se acostara con su esposa a cambio de una felación. Gacy estaba convencido que no era homosexual; siempre repetía que lo único que quería de sus ligues era sexo fácil. Invitó a Edward Lynch, un empleado suyo de dieciséis años, a su casa mientras su mujer estaba dando a luz en el hospital. Según contó el chico, jugaron al billar y su jefe le propuso que el perdedor hiciera una felación al ganador. El adolescente se negó rotundamente y después de enseñarle unas películas pornográficas, Gacy le atacó súbitamente con un cuchillo de cocina. Lynch luchó y consiguió liberarse; el asesino se disculpó entonces repetidamente, explicando que “estaba sometido a una gran tensión”. El chico aceptó olvidar el incidente y el anfitrión le pasó otra película porno.


Hacia el final, salió de la habitación y volvió con una cadena y un candado. Algo avergonzado por reaccionar tan bruscamente a la pelea anterior, y temeroso de perder su trabajo, Edward se dejó esposar las manos en la espalda. Un momento más tarde se dio cuenta de que había sido demasiado confiado: Gacy lo lanzó de bruces contra el suelo y le rodeó el cuello con las manos hasta dejarlo inconsciente. Cuando volvió en sí, su jefe le estaba desatando las manos y le preguntaba si se sentía bien. “Te voy a llevar a casa. No tenía intención de hacerte nada”, le dijo. Unos días más tarde, despidió a Lynch.En el segundo caso era evidente que los hechos habían tenido lugar por consentimiento mutuo. El joven Donald Vorhees tenía quince años y era hijo de un compañero de la Joven Cámara de Comercio. El chico aceptó ir a casa de Gacy para ver películas pornográficas. Una vez más, su mujer no estaba en casa. Después de la sesión de cine, Gacy entabló una conversación sobre sexo, y le comentó al adolescente que tenía la reputación de practicar la felación. Luego, según el joven, lo obligó a hacerle caricias.En dos ocasiones posteriores, Vorhees volvió para pedir dinero prestado a Gacy, y cada vez tuvo que satisfacer sus deseos. Poco tiempo después, su padre le mencionó que John Wayne Gacy era candidato a la presidencia de la Joven Cámara de Comercio, y que él iba a ser el organizador de la campaña. El chico, extrañado, advirtió a su padre que Gacy no era tan honrado ni tan decente como aparentaba. El padre le pidió explicaciones, y al conocer la verdad, fue directamente a la policía para denunciarle.
Donald Vorhees

El contratista fue acusado de amenazas y abuso en la persona de Edward Lynch y de Donald Vorhees y su primera reacción fue negar todos los cargos, y reclamar un detector de mentiras. Le sometieron al aparato dos veces, con el resultado de culpabilidad innegable. Sin embargo, siguió manteniendo que era inocente con tal fuerza que convenció a muchas personas. Explicó que Edward Lynch trataba de vengarse de él por haberle despedido.
Edward Lynch

En cuanto a Vorhees, admitió más adelante haber tenido relaciones con el chico, pero recalcó que con su consentimiento, y que además estaba haciendo experimentos sobre la homosexualidad para ver lo que era. Los que le creían, vieron su fe seriamente puesta a prueba cuando fue acusado de pagar a un adolescente por pegar a Donald Vorhees y de un cargo inconexo de hurto en la despensa de una empresa de madera en el pueblo vecino de Raymond.El robo lo realizó Gacy con uno de sus jóvenes empleados, Russell Schroeder. El motivo evidente era comprometer al chico para poder chantajearle. Pero el asesino tenía otra rareza: a veces fingía ser agente de policía y conducía un coche provisto de luz auxiliar y radio.Invitó a Schroeder a acompañarle en una de sus “rondas”, forzó una puerta para penetrar en el edificio de la empresa de madera y ordenó al joven que rompiera la máquina de bebidas y cogiera el dinero (que no pasaba de tres dólares); después él robó una cuerda extensible y un bote de pintura. Más adelante, cometieron un robo parecido en otra empresa que el falso agente tenía que “vigilar”. El adolescente insistió en que era su primer robo y que lo había hecho únicamente porque su jefe se lo ordenó.El chantaje llegó después: Gacy mandó golpear a Donald Vorhees, para obligarle a renunciar a testificar. De entrada, Schroeder se negó, pero bajo coacción se dejó convencer. Al día siguiente, el 30 de agosto de 1968, se presentó en el campus universitario y le explicó a Donald que le habían elegido para ser su “hermano mayor” durante algunos días. Donald Vorhees, halagado de que un chico con dos años más se interesara por él, aceptó encantado acompañarlo para recoger bebidas robadas, escondidas en un bosque. Una vez allí, Schroeder le pulverizó un bote de Mace (gas proporcionado por Gacy) en los ojos; el muchacho cayó gritando en un riachuelo. Mientras se esforzaba por salir del agua, el atacante le volvió a cegar y le dio puñetazos, vociferándole que no debía testificar en contra de Gacy. Vorhees asestó golpes a diestra y siniestra y consiguió alcanzar la nariz de su adversario, que se puso a sangrar. Después logró escapar corriendo a ciegas por el bosque, mientras Schroeder intentaba restañar la hemorragia. Al día siguiente, el joven fue arrestado y conducido a la comisaría. No quiso implicar a Gacy y contó que le había pegado un hombre llamado Glim. Pero más tarde la versión cambió y declaró la historia del robo y del chantaje para que atacara a Donald Vorhees.Mientras Gacy estaba en la cárcel, pendiente de juicio, la policía recogió el testimonio de otros dos jóvenes empleados. Uno de ellos contó una historia siniestra. Pasó la tarde emborrachándose con Gacy, y tuvo que salir a gatas del coche para vomitar. De pronto, su jefe se puso a su lado, empuñando un revólver de seis balas. "Juguemos a la ruleta rusa", le dijo mientras quitaba cinco balas de la recámara. El joven objetó: “¡Podría morir!” “Esa es la idea. Sabes demasiado”, contestó Gacy.Apuntó el arma a su cabeza y apretó el gatillo. Un chasquido indicó que la recámara estaba vacía. Cuatro veces más volvió a apretar el gatillo, sin resultado. “Ahora sí...” Apretó por sexta vez, y de nuevo, sonó un chasquido. Gacy estalló en carcajadas y acompañó al chico a su casa.Gacy le contó a un grupo de sus empleados que estaba escribiendo un libro sobre sexo, patrocinado por el Gobernador de Illinois, y que realizaba “investigaciones científicas” que incluían experiencias homosexuales. Al menos uno de ellos, de quince años, aceptó ir con él a un motel en interés de la ciencia. Con su tacañería habitual, facturaba al chico una cuota mensual por pertenecer a su grupo de “investigación sexual”.John Gacy fue juzgado en noviembre de y se declaró culpable de sodomía. El juez lo condenó a diez años de prisión. Ante el escándalo, su esposa Marlynn, entonces madre de dos hijos, solicitó el divorcio. En la cárcel para hombres de Anomosa, en Iowa, el acusado desplegó su capacidad de adaptación para parecer decente, trabajador y respetable.Expresó tantas veces su desprecio por los invertidos que sus compañeros de prisión, todos heterosexuales, estaban convencidos que su encarcelamiento se debía a algún desgraciado incidente ligado a la bebida. Consiguió ser cocinero de la penitenciaría, y se dedicó a su función con gran entusiasmo.Incomprensiblemente, había un grupo de la Joven Cámara de Comercio en la cárcel, y Gacy llegó a ser uno de sus más destacados miembros. Su conducta fue tan buena que le pusieron en libertad condicional a los dieciocho meses y contó a tres de sus amigos de Waterloo, quienes estaban convencidos de que Gacy era la víctima de una maquinación política, que pensaba volver a establecerse en la ciudad. Pero a las veinticuatro horas de su liberación emprendía el camino de regreso a Chicago.
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Un hombre con su energía, encanto y voluntad estaba destinado al éxito; por ello, el oficial encargado de vigilarle lo autorizó a ir a Chicago. Se mudó a casa de su madre; su padre había muerto durante su estancia en la cárcel. Luego encontró un trabajo como cocinero. Había muchos empleos de este tipo, y se cambió varias veces para mejorar. Si se hubiera quedado en Waterloo, quizás nunca habría cometido asesinatos, ya que su deseo de parecer respetable hubiera podido dominar sus ansias sexuales. Pero en Chicago estaba de nuevo sometido a tentaciones irresistibles: bares gays llenos de chicos que podían comprarse por unos dólares y una estación de autobuses donde llegaban constantemente muchachos de provincia que no tenían dónde dormir. En cuanto a su vida profesional, cayó en la vieja rutina que le aportó éxito una vez; pero su inclinación por los chicos era más fuerte que nunca.Pronto decidió montar su propio negocio de construcción, que llamó PDM Contractors (Contratistas de Pintura, Decoración y Mantenimiento). En uno de los primeros encargos conoció al amigo de un cliente, cuyo apartamento estaba decorando. Era un homosexual que le propuso sostener relaciones y le indicó dónde podía ligar con chicos jóvenes, en la terminal de autobuses Greyhound. Añadió que la esquina de las calles Clark y Broadway era un sitio gay muy conocido, donde había muchachos que se prostituían. Este consejo fue el origen de los primeros problemas del contratista con la ley en Chicago.
AQUI EMPIEZA SU VERDADERA MASACRE
En febrero de 1971, Mark Miller, un joven homosexual fue a la policía para denunciar que Gacy lo había abordado en la terminal de Greyhound, obligándole con violencia a tener relaciones sexuales.
Mark Miller
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Pero el joven no se presentó en el Tribunal y el cargo fue olvidado. Este incidente nunca llegó al conocimiento del Comité de Vigilancia, y fue puesto en libertad total en octubre de 1971, ocho meses después.Para entonces, John Wayne Gacy se había mudado a su propia casa, un bungalow de dos dormitorios en West Summerdale Avenue, en Des Plaines. La vivienda sólo tenía un problema: el espacio bajo el suelo tenía tendencia a llenarse de agua proveniente de una corriente subterránea, pero el inquilino lo solucionó instalando una bomba. Se presentó a sus vecinos, los Grexa, que lo encontraron encantador.En Navidad, los invitó a cenar para que conocieran a su madre y a una chica llamada Carole Hoff, divorciada, con dos niñas pequeñas, y los Grexa tuvieron la impresión de que se iniciaba un romance entre ellos.
Diez días después de Navidad, John Wayne Gacy cometió su primer asesinato y cambió la historia del crimen. La víctima era un joven sin identificar de unos dieciocho años, que recogió una noche en la terminal de Greyhound y el relato que el acusado hizo de los hechos a la policía le pareció a ésta totalmente inverosímil. Contó que después de llevar al adolescente a su casa se quedó dormido en la cama. Sobre las 04:00 horas, vio al joven encima de él amenazándole con un cuchillo de carnicero. Lucharon y cayeron al suelo. El cuchillo hirió al chico, causándole la muerte.Entonces, Gacy ocultó el cuerpo bajo el suelo. Explicó que, en vista de sus antecedentes por delitos homosexuales, la policía nunca le hubiera creído que se trataba de un accidente. La versión más probable es que Gacy llevó al chico a su casa, lo violó, torturó y asesinó a cuchilladas, y después lo enterró debajo del suelo del sótano de su casa. Sin saberlo aún, era el primer cadáver que una larga serie que terminaría en ese lugar.Durante su boda con Carole Hoff en la iglesia local, el 1 de junio de 1972, los vecinos que asistieron a la recepción notaron un extraño olor a moho en su casa, como a un animal muerto, pero el novio les explicó que provenía del agua que se acumulaba bajo el piso. El nuevo matrimonio parecía feliz.
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