Erase una vez, una linda niña que tenía la mala costumbre de dormir con las piernas abiertas, la abuelita para asustarla, y así tratar de acabar con esa mala costumbre, le advirtió que si seguía durmiendo así, se le podía salir la matríz.
Cuenta la historia, que cierto día, mientras la niña dormía, con las piernas abiertas como siempre, la abuela colocó muy cautelosamente un salchichón tamaño familiar entre sus piernas, salpicado con salsa roja.
De repente la abuela escuchó los gritos de su nietecita:
- ¡Abuela, abuela, vení rápido!
- ¿No me digas que se te salió la matríz?
- Sí abuela, pero yo me la metí como pude, y toda bien adentro abuela.