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proyectofenix
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Predeterminado Respuesta: El Trodon- Homoreptiloide

Del mismo modo, Busse hablaba abiertamente de la opinión de los expertos que habían encontrado elementos extraños en las piedras: “Rowe (reputado arqueólogo), en una de sus estadas en Ica, las vio y examinó. Les notó, incluso, un raro olor a aceite quemado y, en algunas, un lustre inexplicable. Fue rotundo: "Son falsas".En igual sentido piensa Pedro Rojas Ponce, experto del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, con experiencia de años. Cree que han sido sometidas a un tratamiento especial, con aceite, para recubrirlas de una pátina de falsa antigüedad.” Además Vicente París destruía el mito de la imposibilidad de que tal cantidad de piedras grabadas, 50.000 según las estimaciones mas optimistas, fueran tan solo obra de dos personas en muy poco tiempo. Desde hacía años el propio Dr. Cabrera y los defensores de las piedras de Ica sostenían que la mayor prueba de la autenticidad de los gliptolítos era precisamente su gran número y la dificultad de su realización (mas adelante incidiremos en este aspecto). Pero nada mas lejos de la realidad en palabras de Vicente París: “Irma nos mostró triunfante un par de pequeñas piedras entre sus manos. De algún lado sacó un trocito de sierra y ante nuestros ojos comenzó a grabar un pequeño dinosaurio. Al cabo de dos o tres minutos nos entregó terminada su obra. Para nosotros aquella piedra grabada representaba un tesoro. La coartada de Cabrera había sido desmontada: había piedras fáciles de grabar”. Además hay que señalar que la gran mayoría, exceptuando unas pocas piedras de varios centenares de kilos, son rocas pequeñas muy manejables y con grabados en una sola de sus caras, asequibles para una artesanía local en serie. De hecho no eran nuevas ni desconocidas las habilidades de los lugareños para las manualidades: “Como muchos indios, tanto los quichuas como los aimarás, son grandes imitadores, capaces de reproducir todo objeto que examinen. Y así trabajando enteramente a mano con las mas elementales y rústicas herramientas” escribía el arqueólogo Hyatt Verrill en su obra “Viejas civilizaciones del Nuevo Mundo” (1947). .

La controversia se añadió al asunto cuando algunas investigaciones señalaron al propio Dr. Cabrera en la trama de la fabricación de las piedras. El arqueólogo Federico Kauffmann aseguró en su reporte que: “Artesanos especialistas en esta materia, integrantes de la familia Uchuya, contaron al autor (1977) sin recelos el modo de fabricación, muy sencilla, de las piedras y como para la temática fueron guiados por el médico iqueño que les ofreció material grafico y de cómo por cuenta propia se inspiraban en los dibujos fantásticos de los animales prehistóricos de las tiras cómicas publicadas en diarios nacionales que aun guardaban y exhibieron al autor de la presente nota”. El agudo Vicente París también recogía este aspecto en su vital articulo; “En efecto, no faltan en Ica quienes afirman haber visto al doctor entregar en mano a algunos campesinos del lugar los dibujos que éstos le devolverían grabados en los cantos. Tampoco faltan los testimonios de esos mismos campesinos. Basilio Uchuya, por ejemplo, firmó un documento en 1975 donde declaraba ser el autor de las piedras del Dr. Cabrera. Años más tarde, en 1981, este mismo artesano mostró al periodista Alex Chionetti algunos de esos dibujos que el Dr. Cabrera le había proporcionado como modelo para sus encargos. (…) Quien no miente es su vecina Irma Gutiérrez de Aparcana. También ella talló desde el principio piedras por encargo de Cabrera. Cuando fuimos a visitarla, durante uno de los múltiples viajes que realizamos a Perú, nos contó la misma versión que habíamos escuchado de los habitantes de Ica: "Al principio fue el propio Cabrera quien nos daba los dibujos para que se los grabásemos en piedras. Pero después, cuando vio que yo decía la verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir que yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó trabajos a Basilio". Pero aún se dan más paradojas pasmosas. Tal y como refiere el diario La Prensa (1975) en un articulo denominado “Exportador de gliptolítos dicen que son artesanía”, el Sr. Marino T. Carcelen había exportado mas de 300 piedras con grabados desde 1973 con el beneplácito y la autorización de las autoridades. El mismísimo Instituto Nacional de Cultura de Perú expidió una autorización formal para que Carcelen pudiera vender las piedras fuera del país. Lo que significaría que si los gliptolítos fueran autenticos las autoridades habrían cometido una negligencia sin precedentes al permitir que las piezas arqueológicas salieran del territorio nacional y fueran a parar a manos de desconocidos a los que ni siquiera se les podría seguir la pista. Un sin sentido. El arquitecto Santiago Agurto Calvo declaró a la revista Mundial (1975) que las piedras grabadas de su colección diferían en contenido con las posteriores recogidas por el Dr. Cabrera “Agurto insiste en subrayar que ninguna de las piedras que estudió hasta 1966, las cuales forman ahora su colección particular, ni en otra alguna de las que pudo ver en manos de huaqueros y turistas, había grabados con representaciones de dinosaurios, operaciones quirúrgicas o seres que estuvieran utilizando lupas o telescopios (…) Todas absolutamente todas las piedras grabadas que obtuvo Agurto entre 1962 y 1966, año en que cerró y detuvo sus investigaciones, muestran grabados que representan motivos de la flora y fauna regional, muy parecidos y semejantes a los motivos que aparecen en la cerámica y en la textilería de la zona: Paraca, Nazca, Tiahuanaco, Ica e inca. Estos motivos, en todos los casos, son flores, maíz, pájaros, peces y animales de la región”. Pese a estas contundentes informaciones los seguidores del Dr. Cabrera defendían la legitimidad del yacimiento arqueológico apoyándose, básicamente, en dos razones, en la valiosa información que contenía los gliptolítos, que sin duda eran obra de una avanzada civilización y en la monumental cantidad de piedras aparecidas que descartaba la manufactura reciente ¿pero era esto verdad?. .

50.000 PIEDRAS DE VIAJE GLIPTOLÍTICO

Antes de avanzar en el estudio de los supuestos conocimientos científicos grabados en las piedras, es necesario rematar el mito que acompaña a la biblioteca lítica desde sus orígenes. Muchos han sido los que han opinado que es materialmente inviable que los humildes campesinos del Ocucaje fueran los ejecutores de tantísimas rocas labradas, más de 50.000 (1961-1975), y que además fueran capaces de realizarlas, para mayor dificultad, en un espacio de tiempo tan exiguo. Y más inverosímil aún que la “culpa” recayera sobre las manos de dos solitarios artesanos, Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Aparcana. Dichos argumentos eran esgrimidos como pruebas sólidas de la autenticidad de los gliptolítos. Sin embargo estas evidencias matemáticas han sido interpretadas de una manera errónea para llegar, por lo tanto a unas conclusiones, cuanto mínimo inexactas. Por lo pronto esa cantidad de 50.000 piedras grabadas mencionadas hasta la saciedad, nunca ha sido corroborada de forma documentada, siendo mencionada por el Dr. Cabrera en 1975 sin aportar mayor información al respecto. Fruto de una mera suposición de la cantidad de rocas que habría en circulación desde 1961 hasta la citada fecha incluyendo las 11.000 piedras de su propiedad.,

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