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proyectofenix
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PRIMERAS SOSPECHAS

Prácticamente desde su conocimiento público las piedras de Ica han sido objeto de acalorados debates sobre su autenticidad, pese a que la arqueología peruana siempre las ha ignorado al considerarlas meras falsificaciones fruto de artesanos locales, antes incluso que se mostraran los primeros grabados extraordinarios. Aunque en un primer momento algunos especialistas se acercaron al sugerente enigma de las piedras grabadas lo extravagante del contenido de las mismas con el paso del tiempo, hizo que todo el asunto fuera tomado por un fraude. Para los expertos era inconcebible que el hombre hubiera convivido con los dinosaurios y que las representaciones de una medicina tan adelantada, donde se observaban trasplantes de órganos, fueran obra de una civilización desconocida hasta la fecha. Por tanto adjudicaron todo el dilema a falsificaciones recientes. A favor de la falsedad de los gliptolítos estaba el hecho de que exceptuado unas escasísimas y modestísimas piedras grabadas la casi infinita colección de rocas en posesión del Dr. Cabrera y otros numerosos coleccionistas no habían podido ser documentadas en yacimientos arqueológicos por expertos. Además las únicas piedras descubiertas en tumbas prehispánicas contienen una ideografía alejada por completo del contenido de la biblioteca lítica del Dr. Cabrera..

Incluso pese a la documentación existente hay arqueólogos que dudan de los descubrimientos de Augurto y Pezzia: “es extraño- refiere Kauffmann en el citado articulo de prensa- que no fueran conocidas hasta 1961, a pesar de que desde Uhle, en 1900, fueron excavadas miles de tumbas en la región por arqueólogos y huaqueros. El descubrimiento del Sr. Agurto se lleva en circunstancias especiales, diríase extrañas: viaja Ica expresamente en búsqueda de estas piedras, realiza una primera excavación que le permite de inmediato descubrir una de esas piedras, en una tumba de la Hacienda Callango. (…) Pero aún aceptando que las piedras de Agurto y de Pezzia, hubieran sido emplazadas efectivamente en tiempos Paracas y de Ica en tumbas de Callango, y que por lo consiguiente fueran especimenes auténticos y no colocados recientemente por manos interesadas en sorprender a los citados estudiosos, como parece y se estila frecuentemente, quedan interrogantes que hablan en contra de la autenticidad de estas y todas las piedras con grabados semejantes.” En el año 1975, coincidiendo con la creciente popularidad de las piedras de Ica, Basilio Uchuya, el principal proveedor de piedras del museo, tuvo que admitir ante las autoridades (P.I.P. Policía de Investigaciones del Perú) y ante la prensa de su país (Revista Mundial. 1975) que todas las rocas que había suministrado al Dr. Cabrera estaban realizadas por él mismo. Para los defensores de la humanidad gliptolítica fue una astuta maniobra de Uchuya para eludir la cárcel, ya que si hubiera admitido que las extraía de un yacimiento arqueológico hubiera acabado en prisión. Sin embargo las disputas sobre la autenticidad de las piedras no acabaron ahí. Décadas después algunos investigadores vincularon al propio médico en el engaño de las rocas labradas, acusándolo de colaborar personalmente con los autores de los grabados suministrándoles dibujos y fotografías para confeccionar las tallas. Sin embargo fue el trabajo del investigador Vicente París el que más claridad arrojó al asunto de las piedras de Ica. El autor mantuvo numerosos contactos con Páris durante la realización del presente reportaje y su excelente colaboración fue vital para el resultado final. En un documentado trabajo titulado “La piedras de Ica el fin de un mito” (revista Año Cero 1996), París que había dedicado mucho tiempo, dinero y esfuerzo en averiguar si las piedras de Ica eran ciertas, escribía lo siguiente: “Aquellos hombres rechonchos y cabezones que surcaban los cielos del Mesozoico a lomos de ágiles reptiles voladores son sólo el producto de la desbordante imaginación del doctor Cabrera y de las hábiles manos de los artesanos de la zona. Las piedras grabadas que circulan hoy por todo el mundo - algunos hablan de mas de 50.000 ejemplares - son de factura moderna, de fácil elaboración y presentan la inconfundible marca de las herramientas empleadas por los autores.”. Vicente París también aportaba análisis realizados sobre algunas piedras obtenidas de sus incontables visitas al Ocucaje, donde mantuvo frecuentes encuentros con Uchuya e Irma Gutiérrez de Aparcana otra de las primeras suministradoras de gliptolítos del médico iqueño. La Sra. Gutierrez, cuya información fue crucial en las pesquisas conducidas por el investigador español, detalló a París la manera de realizar las piedras y como dibujaban previamente a lápiz sobre la roca los diseños a tallar. “Entre las diversas personas que examinaron las muestras –escribe París- fue José Antonio Lamich, fundador del Grupo Hipergea, el que nos dio la pista más importante. En su informe, este arqueólogo nos hizo notar la presencia de varios gránulos de papel de lija en las grietas de una de las piedras. Estaba claro que ¡era falsa! (…) al año siguiente obtendríamos un soberbio ejemplar de manos de Basilio, representando una de las famosas "naves voladoras". A diferencia de los precedentes, éste estaba sin embetunar. Por supuesto, Basilio me aseguró que era auténtico. Lo introduje en la bolsa y no lo toqué hasta regresar a Madrid. Una vez en mi domicilio lo coloqué sobre la mesa de mi escritorio y me dispuse a examinarlo con todo cuidado. Mi sorpresa no pudo ser mayor, Allí, junto al surco de las patas de aquella "nave voladora", se encontraban varias líneas del lápiz rojo que Basilio había olvidado borrar. Irma, por tanto, no había mentido: el proceso era básicamente el mismo. Sólo que Basilio - más sofisticado que su vecina - prefería usar lápices de colores debido a que destacaban mucho más sobre la piedra.” .

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