Denunciante Épico
| A propósito de "El Gran colombiano"
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5,00 | A propósito de "El Gran colombiano" por Heráclito Dejémonos de pendejadas, nos han dicho siempre, una guerra no se gana con un "por favor", un "lo siento", o un "qué pena". Se gana aniquilando al enemigo.
Existen varias maneras:
La convencional es a punta de plomo. Enemigo muerto o lisiado, problema resuelto. Su escenario tradicional es frente a frente, pero también funciona la puñalada trapera. Asesinatos selectivos o de escarmiento son efectivos. Igual las minas antipersonales, los francotiradores y últimamente los drones, en fin, la imaginación es el límite.
Hay un problema, los Convenios de Ginebra que se oponen a estos métodos alternativos. Por ello se acude a los ejércitos paralelos, llámense "escuadrones de la muerte", "milicias populares", "paramilitares" o "autodefensas". Su denominador común: ausencia de reglas. El "todo se vale" en su más pura versión.
Atacar su retaguardia es también un método efectivo, entendiendo por esto todo aquello que abarque no sólo a los involucrados directa o indirectamente con el enemigo, sino también a los llamados "idiotas útiles", es decir, todos aquellos que pretendan limitar las acciones propias, como los defensores de derechos humanos, los periodistas independientes, los jueces apegados a la ley y los organismos internacionales.
Hay caminos más sutiles , pero no menos contundentes. Uno de ellos es la ley. Torcerla para desatar las manos de los combatientes propios, es lo mejor. Con la ley mirando para otro lado es más fácil liquidar al enemigo, sin jueces molestos metiendo las narices donde no deben.
Los medios de comunicación son otro escenario idóneo. Dicen los que saben de estos temas que la verdad no es lo que sucede sino lo que se cuenta. Las victorias se agrandan o se inventan, las derrotas se minimizan y al enemigo se le degrada. Manipulación de cifras, calumnias, tergiversaciones, cualquier mentira tiene la capacidad de convertirse en verdad inamovible.
Al símbolo de esta barbarie que lleva a la degradación humana, un concurso comercial lo acaba de elegir como el "Gran Colombiano". ¿Seguimos siendo "un país de cafres", como lo sentenciara alguna vez Darío Echandía?. Quizás no si vemos que tan sólo el 2.1% de los habitantes votó por él.
Es posible que el 97.9% crea que un Nobel de literatura que revolucionó las letras universales, un genio de la ciencia que asombra al mundo por su conocimiento de nuestro intrincado cerebro, un hombre que sacrificó su vida por darnos a conocer nuestros derechos, un dirigente que quería un país donde la equidad fuera la regla, o un profesor que nos enseña que la vida es sagrada, tengan mayores méritos.
Pero como el conejo que sale del sombrero, hay un último camino, el más complicado de todos porque va contra todas las reglas de la guerra, y es la paz, que comienza por el perdón mutuo y el cambio de las armas por la convivencia. Edificar siempre es más difícil que destruir porque los logros se demoran demasiado y los beneficios no alcanzan a su autor.
La historia siempre recordará a los grandes arquitectos de nuestra civilización, a los que supieron edificar la paz en medio de la guerra. Los matones, como los espantos de los cuentos infantiles, sólo se mostrarán como ejemplo de nuestro pasado oscuro y tortuoso al que jamás queremos regresar. 
Última edición por Heráclito; 24-06-2013 a las 18:32:04 |