La decisión de abrir una oficina en el lejano oriente en los años 60 del siglo pasado no fue fácil. En aquellos años el mercado japonés de café era marginal, existían restricciones de importación y este país apenas estaba superando la época de posguerra. Se trató de una apuesta de la Federación por un cambio de patrones de consumo de té a café para consolidar con clientes y consumidores de ese país una visión conjunta asociada con café de calidad. Tras cinco décadas de esfuerzos, los resultados positivos son evidentes, siendo Colombia uno de los principales proveedores de café a una industria que innova y desarrolla productos sofisticados.