14-03-2013
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#99 |
| Denunciante Dorado
| ramona una lora al servicio del crimen ramona una lora al servicio del crimen Tenía una tarea sencilla: avisar con alaridos, gritos y una señal, que las autoridades se encontraban cerca. “Los verdes, los verdes, la policía, la policía”. De inmediato, un grupo de 15 personas, entre adultos y niños, se prestaban a esconder la mercancía ilícita que comercializaban y disimular que sólo eran una familia indígena Emberá, desplazada por la violencia. Cuando ya todo había terminado y los “verdes” pasaban de largo la humilde vivienda, Ramona era bajada del palo y recompensada con un pedazo de fruta o un pan untado de cacao. Ella, un Loro Real Amazónico hembra, de coloridas manchas naranja y brillante plumaje verde, como si fuese la protagonista de una historia ‘macondiana’ sacada de una de las páginas de un libro del Nobel de literatura colombiano, era la ‘campanera’ de una banda dedicada al negocio de microtráfico de estupefacientes en el cercano municipio de Soacha, al extremo sur de Bogotá. Los individuos, reconocidos cono “Los Aguada”, durante años la habían adiestrado para que reconociera el llamativo uniforme verde de la Policía y de inmediato lo informara a sus dueños, dándoles tiempo de reaccionar. Así, sin saberlo, la lorita servía como estratega del crimen en el sector. Cayó Ramona Una llamada de un informante y el servicio de inteligencia de la policía de dicho municipio hizo que durante un operativo sorpresa cayera la banda delincuencial y con ella el exótico espécimen amazónico. Allí, en una de las humildes viviendas del barrio Altos de Florida, de la comuna 6 de Soacha, la pobre Ramona tuvo que ver como uno a uno de los integrantes de su esa familia fueron sorprendidos con varias armas, sistemas de comunicación, prendas privativas de las fuerzas militares y varias dosis de marihuana y bazuco que al parecer, traficaban en el sector. Según las autoridades, este grupo delincuencial perteneciente a la comunidad indígena Emberá, y conocida por su apellido como “Los Aguada”, utilizaba a niños entre los 2 y 12 años para pasar desapercibidos ante los registros policiales. Después de ser puestos a disposición de las autoridades, los nueve adultos fueron judicializados por tráfico de estupefacientes y porte ilegal de armas y tendrán que esperar una sentencia tras las rejas. Por su parte, los niños fueron cobijados bajo la protección del ICBF, mientras que la ‘cotorra campanera’, quedó al cuidado de varios miembros de la CAR, quienes se encargarán de resocializarla y de ser posible devolverla a su hábitat natural.
Última edición por HOMER.; 14-03-2013 a las 13:06:13 |
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