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Antiguo 13-03-2013 , 03:23:55   #3
mirutalo
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mirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacionmirutalo conoce todos los secretos de la reputacion
  
My Custom Emoticon Respuesta: Una sesión de fotos muy especial

No le di tiempo a protestas inútiles. Le puse el pañuelo alrededor de la cabeza y lo até fuertemente en su parte de atrás. Lo siguiente que hice fue tirarle hacia un lado del sillón de mi salón. El sillón es grande, demasiado grande. Se tumbó todo lo largo que es y abrí sus piernas. El esperaba que yo me fuera a su verga de nuevo, pero le puse mi coño en la boca para que lo lamiera. Y vaya si lo hizo. Emilio estaba anonadado. Le dije que siguiera tirando fotos y a duras penas tomó la cámara y continuó con su labor. Al cabo de unos minutos y en vista del placer que me estaba dando la boca de mi marido, me retiré de ella y me arrodillé encima del sillón, entre sus piernas y fui otra vez a su polla con mi boca. Empecé a gemir y a dejarme llevar por la salided que sentía. Le estaba haciendo una felación suave. Sin darme cuenta, me descubrí a mi misma acariciándome un pecho. Crucé la vista con Emilio que me miraba sin decir nada, y sin hacer fotos. Tal vez con esa mirada breve me delaté. Emilio se acercó tras de mí y volvió a tocar con sus dedos mi raja expuesta. Separé mis rodillas más, para dejarle más espacio. Para dejarle que su mano penetrara donde quisiera. Ladeé mi culo hacia la parte exterior del sillón mientras seguía con la felación a Pedro, que con sus ojos vendados apretaba una y otra vez sus labios más y más deseoso de que acabara aquello. Lo sé, soy su mujer. Emilio seguía sondeando más y más mi raja. Su pene me rozó el culo y ese fue el momento en que eché mi mano hacia atrás y lo tomé abrazando aquel tronco duro y caliente. No sé que cara puso Emilio. No le miré. Pero se debió sorprender cuando lo acerqué a mi raja. Todo lo demás, vino solo. Abandoné el tronco de Emilio en ese lugar y con esa misma mano tanteé los testículos de mi marido y con la otra mantenía el pene erguido para poder seguir subiendo y bajando mi cabeza por esa barra. Noté como el pene de Emilio me daba en el culo y con un movimiento hacia los lados traté de fijarlo lo más cerca posible de mi raja. Emilio lo guió hasta el orificio y se introdujo rápidamente en mí. Abrí y cerré los ojos. No sé que esperaba Emilio que pasara. Pero no paso nada. Yo no dije nada. Al contrario, me apreté contra el. Aquello lo debió interpretar como lo que era. Quería que me follara. Y vaya si lo hizo. Con sumo cuidado, sin movimientos bruscos, fue entrando y saliendo de mí con suavidad. Me estaba embargando el placer. Mis pezones hacía más de una hora que estaban duros, pero los noté más hinchados con el miembro de Emilio dentro. Un movimiento certero desató mi corrida. Ahogada, en silencio. Sin poder moverme. Estaba gozando como una loca. Estaba sufriendo y gozando un gran orgasmo que provocó en mí unos temblores notorios a todas luces. Entonces mi marido se incorporó ligeramente y abrió su boca.

-Ahhhh….me cororooooo…ooo….Ohhhhh….

Dejé que se vaciara en mi boca. Emilio sacó su pene de dentro de mí y apretó su mano en su glande. Salió disparado al baño para poder terminar de correrse. La polla de Pedro seguía dura, pero limpia. Se desató el pañuelo y me dijo algo parecido a….

-Tenías razón. ¡Como me he corrido! Como nunca. ¿Y Emilio?

-Ha debido ir al baño. Le dije mientras me sentaba en el sillón y ahogaba en mi interior los últimos vértigos de placer que sentía en mi vagina.

Sonó la cisterna y Emilio regreso con su pene flácido y su camiseta ajustada. Miré la máquina de fotos que yacía sobre la mesa. Un parpadeo rojo procedente de un botoncito, llamó mi atención. No le di importancia. Emilio me miró y luego miró a Pedro. Estaba nervioso. Pedro le notó raro.

-¡Joder Emilio parece que has visto al mismísimo demonio!

- Lo único que ha pasado es que no he podido soportar más y me he ido. Dijo a modo de disculpa.

-Espero que hayas hecho muchas fotos. Dijo mi marido.

-No ha parado de hacer fotos. Contesté.

El asintió con la cabeza. Tomó su pantalón y sus calzoncillos y se los puso.

-¿Ya hemos acabado? Pregunto mi marido.

-Yo creo que si. Dijo Emilio. He tomado muchísimas fotos.

-En ese caso me vestiré. Dijo Pedro sin pensar para mí en nada. No hacía falta. Yo ya me había corrido con la polla de Emilio y el también lo había hecho con mi coño. Aunque se hubiera corrido en su mano.

Emilio recogió las cosas y dijo que se marchaba a toda prisa. Se le veía nervioso. Tomó la máquina de fotos y extrajo la tarjeta de memoria de ella. La dejó en la mesa y nos dijo que la visionáramos en el ordenador. Que elimináramos las que no nos gustasen.

-¡Pero tendrás que ayudarnos a elegir! Dijo mi marido.

-No es necesario que yo vea las fotos Pedro. Yo las hice como profesional, ahora vosotros las podéis admirar. Sois mis amigos y no creo que este bien que yo me recree en las fotos.

Aquello convenció a mi marido. Es más, hasta le gustó lo que le dijo Emilio. Lo que Pedro no podía ni imaginar es que Emilio me había follado mientras yo se la chupaba a él.

Emilio nos dejó. Se llevó su equipo excepto la tarjeta. Nos dijo que ya se la daríamos. Que tenía más. Yo le dije que pasara un día por casa a recogerla. Se despidió con un beso y Pedro, una vez solos, trajo el ordenador portátil y descargó las fotos. Tuve suerte. Pedro se levanto al baño, a orinar según me dijo, justo en el momento en que después de tres fotos más, aparecieron las fotos de Emilio follándome por detrás. Había dejado la máquina encima de la mesa con el disparador temporizado sin darse cuenta. Como la máquina no hacía ruido, fue fotografiando la secuencia del polvo que me echó Emilio. Nadie nos dimos cuenta. Ya sé que Emilio tampoco se dio cuenta. Saqué la tarjeta del ordenador y cuando Pedro regresó me tiré encima de él como una leona.

-¡Basta ya de ver fotos! Ya me he excitado otra vez. ¡Fóllame ahora mismo!

Aquello fue lo que me libró de que marido viera aquellas fotos. Fotos que al día siguiente, ya sola en casa, pude deleitarme viendo a la vez que me masturbaba. Aquellas fotos las guardé en un CD y las tengo a buen recaudo.

Emilio vino otra vez a mi casa a por su tarjeta y a por un regalo por habernos hecho las fotos. Mi marido le compró un estupendo reloj de pulsera. Yo le obsequié en su estudio, previa visita anunciada, con un polvo. Pero esta vez se corrió dentro de mí.

Así fue como una sesión de fotos en mi casa con fotógrafo amigo, se convirtió, quizás por las circunstancias, en los primeros cuernos que le puse a mi marido. Y en mi propio sillón y con el delante.



FINAL

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