Aún estaba yo celebrando lo que les habí*a pasado a estos amantes frustrados cuando la voz de Karen me hizo aterrizar.
K: - Perdóname, mi amor-, le decí*a a Leonardo, - perdóname por haberte hecho pasar un mal rato, por favor te ruego que me perdones y me dejes compensarte por haberme vomitado y haberme puesto histérica.-
L: - Si? Y como me vas a compensar?-
K: -Es que se me acaba de ocurrir una gran idea, yo creo que en mi casa yo voy a estar más tranquila y relajada y puedo darte todo el placer que tú te mereces.-
L: -Si claro, y tu marido qué?-
K: - Justamente, él tiene que viajar el sábado por la mañana y regresa hasta el lunes, imagí*nate, todo el sábado y el domingo para nosotros, sin que nadie nos moleste y además te sale gratis.
(-Noooo!. Al mejor cazador se la va la liebre, se me habí*a olvidado, lo del congreso del fin de semana, se los dejé "de papayita", y yo que pensaba finiquitar esto mañana mismo!).
L: -Uuuy mamacita que buena idea se te ocurrió, así* que te voy a culear en tu propia cama?-
K: -Claro mi amor allí* seré tuya para siempre.-
L: -Y me vas a dar todo ese cuerpecito?-
K: -Siempre ha sido tuyo, claro que sí*, para todo lo que se te antoje hacer.-
L: -Uuuy mi morenaza no sabes las cosas que te voy a hacer.-
K: -Eso precisamente es lo que quiero, que me enseñes y hagas conmigo todas las cosas que siempre he deseado.-
L: -Uuuuy mi Karen preciosa- (ruidos ininteligibles)
K: -Mi amor! Cuidado nos vamos a estrellar!-
L: -Es que tú me vuelves loco, que crees que yo soy de palo?, tení*a que probar de esa rajita!-
K: -Ya es por poco, mi vida, podrás probar el dulce y tomártelo todo si quieres. Déjame aquí* en el centro comercial y de aquí* me voy en taxi.-
L: -Claro mi princesita de ébano pero primero- (Más arrumacos besuqueos gemidos intensos de Karen)
L: -Te gusta mi dedo ahí*?-
K: -Uff sí*, bésame- (Besuqueos y gemidos más intensos de Karen)
L: -Y aquí*?-
K: -Sii me vas a volver loca mi amor!. Para!, que nos van a ver!-
L: -Y si te lo meto así*?-
K: -Aaaauuuu! Me lastimaste Leon!-
L: -Es que tienes ese culito muy estrechito, se nota que eres virgen del culito no?-
K: - Pues claro yo te dije-
L: -JA JA JA ese marido tuyo está jodido, tantos años y no te ha metido ni el dedo JA JA JA, toca que te lo vaya abriendo en estos dí*as, para que me quede más fácil a mí* el domingo JA JA JA .-
K: -Si eso es lo que quieres, así* lo haré, no quiero que me duela contigo el domingo, quiero sentir sólo placer contigo, y yo sé que Ron lo hará encantado y con delicadeza.-
L: -Siii porque yo te voy es a dar duro, ahora sí* que vas a saber lo que es un hombre, un macho de verdad.-
K: -Loco! Dame otro beso ven- (Los odiosos ruidos otra vez)
K: -Leon tú me quieres?-
L: -Claro mamacita!-
K: -Dime lo que sientes por mí*-
L: -Siento una extraña mezcla de deseo, pasión. Porque?-
K: -Porque eres correspondido al 100%. Ven acá- (Malditos ruidos otra vez, esta vez Karen dejó escapar un grito que repentinamente fue acallado, seguramente por una mano infecta sobre su preciosa boca).
L: -Oye! en persona son más bonitas!, esos pezones parecen de piedra!-
K: -Tus besos fueron los causantes de eso-
L: -Entonces ven para chuparte la otra!-
K: -Ay Leon no voy a poder resistir más! Hazme tuya!-. En ese preciso momento se oyen tres golpes fuertes.
L: - Mierda! La policí*a!-
K: -Ay por Dios qué vergüenza!-
L: -Si si si señor agente ya nos vamos, ya nos vamos.-
K: -Viste lo que me haces hacer! JA JA JA JA, déjame allí* adelante y agarro ese taxi!. JA JA JA que emocionante!. Me haces sentir viva! JA JA JA.-
Luego de un besuqueo muy largo se escucha el portazo, luego los taconcitos de Karen, a la vez que llamaba al taxi, el siguiente portazo y Karen diciendo: -Buenas señor, me lleva a la Carrera...
Por el camino sólo se escuchaba el traqueteo del bolso, y los frecuentes suspiros enamorados de Karen. La conversación del pago del taxi y el portazo, el taconeo que se detuvo muy pronto como para haber llegado a la puerta de la casa, luego más ruidos crepitantes dentro del bolso y un: -Qué desperdicio- (Asumo que este fue el momento en el que botó los condones y el baby doll a la basura. Fui a mirar en la basura al frente de la casa, con tan mala suerte, que el camión basurero ya habí*a pasado).
Les confieso que subí* hacia el cuarto a enfrentar a Karen, mostrarle todas las pruebas, para que aterrizara y se dejara de tonterí*as, que se diera cuenta de que yo era el único hombre que la amaba y que ese otro sólo querí*a una amante, un desahogo, una mujer con la cual poder hacer todo lo que su esposa seguramente no le permití*a, alguien con quien por fin realizar sus más depravadas fantasí*as sin tener luego ningún compromiso, ningún remordimiento, nada que temer, nada que deber. Es que no se daba cuenta?. Nunca le habí*a dicho, un: "te amo", no se daba cuenta que era un mero juguete sexual para ese maniático?.
A mitad de la escalera, mi mente hizo un repaso de lo ocurrido en esa semana y con mucho pesar, caí* en cuenta que mi esposa ya no me amaba, solo que le faltaba valor para decí*rmelo en la cara. A punto de caerme por el temblor de mis piernas, retrocedí* y me fui a dormir (si, como no) al cuarto de huéspedes.
Esa noche urdí* la parte final de mi plan. Listo, ya no me amaba, pero eso no significaba que me iba a terminar de humillar diciéndome: -Ya no te amo, quiero que nos separemos-, y yo, llorando como un tonto (total lo fui por 15 años), pidiéndole perdón y gritando: -Por favor, no me dejes-. Decidí* que yo iba a decir la última palabra, mostrándole en su cara, con las pruebas, la clase de mujer que era y lo que la vida le iba a deparar sin mí* (tan imprescindible yo ah?).
Al dí*a siguiente, me escabullí* muy temprano del trabajo y compré una mini cámara espí*a, a todo color, con infrarrojos y sonido, era una maravilla, corrí* a la casa y la instalé en el ropero, donde me daba la imagen de frente y arriba de mi cama, saqué mi disco duro mas grande (300Gb), lo limpié (¡¡¡mis juegos!!!!) y lo instalé en mi PC viejo (yo sabí*a que algún dí*a lo iba a necesitar, la ironí*a es que Karen lo querí*a botar, JA!).
Luego de conectar la cámara a la tarjeta de TV de mi PC vieja y comprobar que la cámara grababa perfectamente con o sin luz (me tocó camuflarla dentro de un viejo reloj digital para que las luces del infrarrojo se confundieran, me quedó hasta bonito el trabajo), acomodé la caja en la repisa más alta de mi lado del closet, lo camuflé perfectamente y todo quedó preparado.
A la media hora de haber terminado, llegó Karen y me saludó con un: -Hola Ron- frio y apagado (primera vez en 15 años que no me daba un beso al llegar). En la cocina, preparamos la cena (La última cena), nuestra conversación se limitó a: -Que tal?. no, todo bien. Como te fue?, bien. Y que más?-, ya saben, esas conversaciones que uno tiene con una persona que uno no soporta, de la cual quiere despedirse rápido y no volver a ver jamás en su vida.
Comimos viendo la TV, ya sin cruzar palabra, bajo la opresión de un silencio asfixiante, el cual fue roto al fin por Karen: -Ron: Tengo que decirte algo-.Me dijo mirando al vací*o. "Dime, Reina-(la costumbre, la costumbre).- Mmmh No!, mejor te lo digo el lunes, cuando vuelvas-. Dijo incorporándose y llevando los platos a la cocina. La miré bajar las escaleras, con tristeza, con odio, con la sed de venganza brotándome por los poros.
Al regresar la miré a los ojos, me sostuvo la mirada hasta que llegó frente a mó, viró a la izquierda, se metió al baño se aseó y se metió a la cama sin siquiera decir buenas noches. Yo todaví*a estaba clavado allí*, al pie de las escaleras, a la entrada de mi cuarto, paralizado por esa mirada frí*a, asesina, que se me clavó en lo más profundo del alma, era la mirada de odio más terrible que yo hubiese visto. Hoy les confieso, que me aterrorizó tanto, que me dio miedo dormir en mi cama.
Preparé mi maleta y mis cosas y aproveché para darle un vistazo a mi equipo de grabación (-Que buen trabajo-. Pensé). Me llevé todo al cuarto de invitados, atranqué la puerta y dormité entre pesadilla y pesadilla, hasta que sonó el despertador.
Al despertar, mi esposa ya estaba levantada y me estaba preparando un desayuno, así* que aproveché para subir y encender todo mi equipo.
Cuando bajé, luego de bañarme, ya la mesa estaba puesta. Por supuesto, no comí* nada, con la excusa de la gastritis y: "Es que voy tarde-.
En el umbral de la puerta, recibí* el último beso de Karen, me agarró fuertemente la cabeza con ambas manos y abrió sus labios sobre los mí*os chupándomelos fuertemente, dejándome la boca babeada (primera vez que el beso de una mujer me desagradaba), se desprendió de mí* mirándome a los ojos con una sonrisa demoní*aca, y agitando mi cabeza una vez, me soltó, se dio media vuelta y cerró la puerta en mis narices. No hay que ser adivino para saber que me quiso decir con ese beso: -Deseo con todas mis fuerzas que se caiga el avión y te mueras!. Ojalá no regreses nunca!-.
Me limpié con rabia y por más que quise, no pude controlar mi llanto, me senté en un banco del parquecito de enfrente y respiré profundo hasta que dejé de llorar (por fuera). Agarré un taxi que pasaba y me fui al aeropuerto. Para no extenderme más en el relato, del congreso no supe ni de que fue, no vi, no oí*, no sentí*, ni siquiera me fui de farra como siempre con los compañeros, solo querí*a que llegara el lunes.
Pues bien, el lunes, entré a mi casa, noté que ya no tení*a la emoción de antes, la del aprendiz de espí*a. Sólo querí*a que la pesadilla terminara. Sin embargo un deseo morboso me hizo subir a mi cuarto, tiré mis cosas al piso, (la cama ni la toqué del asco que sentí*a), hallé mi vieja PC encendida y grabando, la desconecté y la llevé abajo, la conecté al monitor y a todo lo demás y comenzó el espectáculo.
La acción comenzaba con Karen entrando al cuarto corriendo, tirando sus pantuflas y su levantadora por aquí* y por allá, saltaba en la cama como una niña, (la colocación de la cámara era perfecta, casi se podí*a ver todo el cuarto), terminó acostada de espaldas en la cama, formando una X con sus brazos y piernas, luego se estrujó fuertemente los pechos con una mano y su sexo con la otra, saltó de la cama, agarró su celular y marcó.
-Hooolaa mi amor te habla tu mujer -Ya se fue mi ex -JA JA JA. No no le he dicho, pero ya es un hecho. -No, no tiene vuelta atrás. -Bueno y que estás esperando?, ya estoy aquí* lista y dispuesta para lo que quiera mi marido -O sea tú mi amor, de ahora en adelante soy solo tuya y de nadie más, para siempre- Pero como así*?... -Pero si habí*amos quedado -Pero ella porque?... -Y hasta que horas?... -Pero dile que te llamaron urgente de tu oficina o algo -Esta bien mi amor ya me calmo, perdóname, compréndeme es que ardo en deseos de estar contigo y me dan celos que tengas que estar con tu esposa. No sabes cuánto la envidio -Bueno, adiós, te amo, te amo, te amo, TE AMOOOOOO!!! (Así*, gritado y con muchos signos de admiración). Karen colgó y empezó a gritar histérica, boca abajo sobre la cama, haciendo una pataleta y vociferando: -Como la odio!, como la odio!, maldita!, ojalá te mueras también-! (Niña, donde está la linda niña, esta no es la misma).
El resto de la tarde se la pasó entrando y saliendo, refunfuñando y maldiciendo, tomaba el celular y marcaba cada diez minutos pero el Leon como que lo apagó, luego de la décima vez que llamó infructuosamente, se llenó de tanta ira que tiró el aparato contra la cama y lo desarmó, en ese momento entró en pánico al ver que habí*a desarmado su único medio de comunicación con su "nuevo marido" y empezó a tratar de arreglarlo (Me reí* a carcajadas, Karen no tení*a habilidad manual ni para armar un rompecabezas de 6 piezas). Para mi sorpresa, al cabo de 20 minutos de forcejear, al fin logró armarlo justo a tiempo para recibir la llamada de su amante. Mi ex saltaba nuevamente en la cama gritando: Yujuuuu!.
Se desnudó, entró al baño y luego de una ducha rápida, salió envuelta en una toalla y bajó las escaleras corriendo, al regresar, trajo una gran cantidad de velas blancas de esas gruesas, que fue encendiendo y colocando estratégicamente por la habitación, rápidamente se desembarazó de la toalla y empezó a sacar del ropero toda clase de vestidos y ropa interior, mirándose al espejo hasta que escogió: Una falda negra larga y ancha que le llegaba a los tobillos pero que le realzaba la cintura y las caderas de una manera espectacular, luego se colocó una blusita negra de muchas arandelas que se sostení*a en su lugar por una cinta anudada al cuello, dejando la piel de sus hombros y su espalda completamente desnuda, se colocó unos zapatos negros de correí*tas altí*simos y caminó desafiante hacia el espejo (Cuando una mujer tiene sensualidad, se puede poner un abrigo de esquimal e igual encenderá las más bajas pasiones), abrió las piernas y empezó a admirarse, se podí*a observar en el espejo la sonrisa de satisfacción, se acarició los hombros desnudos, los pechos turgentes y con una lascivia impresionante se fue subiendo la falda poco a poco, dejando ver sus tobillos delgados y elegantes, sus piernas, luego sus rodillas tan perfectas, los muslos poderosos y bien torneados y por fin, su sexo, su maravilloso sexo, tan hermoso, tan deseado, tantas veces prohibido. Se dio la vuelta para admirar su redondeado y excelente trasero, se dio una palmada y se inclinó, abriendo más las piernas para dejar ver su vulva palpitante y deseosa. Se incorporó, y de frente otra vez, se levantó toda la falda por encima de la cabeza hasta dejar ver su ombligo, movió las caderas a un lado y otro en actitud divertida, luego adelante y atrás imitando una cópula salvaje y al final se asomó por el borde de la falda con una mirada pí*cara, se acercó maliciosamente al espejo, le dio un beso y luego lamió voluptuosamente su reflejo.
Sonó el timbre de la puerta, como un rayo desapareció por el umbral (En ese momento pensé: -Oh oh que tal que hagan sus cosas en la sala?- Pero no, Karen no iba a desperdiciar el arreglo de velas que habí*a hecho en su cuarto.
Efectivamente, luego de 10 minutos ella vení*a halándolo por un brazo mientras que, en medio de carcajadas, trataba de atajar las burdas caricias que su amante intentaba por debajo de su falda. Con un hábil movimiento lo agarró por las caderas y mientras lo besaba apasionadamente lo hizo sentar en la cama diciéndole: -Quieto ahí* León o saco el látigo!-. Se alejó dos pasos y repitió la escena del espejo. El tipo estaba paralizado, no atinaba a decir palabra y de seguro estaba babeando. La mujer que se presentaba ante él no era la misma adolescente flacucha y desgarbada con la que habí*a conocido torpemente el amor. Este era un monumento a la belleza, la sensualidad y la voluptuosidad y se le estaba ofreciendo en bandeja de oro y brillantes.