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Antiguo 07-03-2013 , 18:17:05   #4
Jontal_7
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Predeterminado Respuesta: Infidelidad, el mejor relato que he leído pt 1

SEGUNDA PARTE:
Me hallaba en una encrucijada, tenía que pensar rápido, no tenía manera de interceptar las llamadas que el individuo le hacía a Karen a su celular, por lo tanto no podría enterarme de cómo, cuándo y dónde, iba a ser su encuentro y lo que iría a pasar. Caminaba como león enjaulado devanándome los sesos, hasta que se me ocurrió improvisar.

Busqué entre mis cosas y al fin encontré lo que me podría ayudar: Una grabadora mp3 que había comprado para el último curso de actualización que había hecho. Parecía perfecta para mi plan: pequeña, delgada, liviana. La conecté al PC y la dejé limpia, era la hora de probar si era verdad que era capaz de grabar hasta 10 horas seguidas. Luego vendría la parte difícil: colocar este adminículo en el bolso de Karen, ¿Pero en cuál de todos?. Respiré profundo, me serené y empecé a sacarlos hasta que: Aaaaauuu!, el preferido para ocasiones especiales me cayó en la cabeza. Me la jugué y empecé el proceso. Caramba que bien hecho estaba ese bolso, no les cuento el trabajo que me costó descoser el forro interno y camuflar mi mp3 en el fondo, porque lo que sí fue difícil fue coserlo y dejarlo como nuevo. Por fortuna, mi habilidad manual es legendaria. (Un consejo: no hagan esto con una mujer detallista y obsesiva con sus cosas, se va a dar cuenta). Yo sabía que Karen es de las que echan todo lo que necesitan en el bolso quedando éste todo revuelto, así que cualquier bulto de más pasaría desapercibido.

Esperé con ansias la noche.

Conociéndola como la conozco, yo sabía que ella no le iba a aceptar al Leon ninguna cita ese día, porque había salido con su ropa normal de todos los días y no había ido a arreglarse el cabello y para ella la primera impresión es muy importante.

A las 8 PM llamó mi esposa para decirme que tenía que comprarse algo de ropa porque al día siguiente, a las 3PM, tenía que asistir a un curso obligatorio, en su trabajo y ella no tenía nada de ropa, además no podía repetir vestido delante de sus compañeras y además, bla bla bla bla bla, excusas, tras excusas, tras excusas, como por 5 minutos, así que llegaría tarde. Yo rogaba: -Que no compre bolso, que no compre bolso-.

Al fin llegó como a las 11PM (que almacén está abierto hasta esa hora?), la recibí como siempre con un beso y un abrazo muy cálidos y le “ayudé” con sus paquetes, al mismo tiempo que intenté mirar dentro. Ella me los arrebató, pero alcancé a ver un vestido amarillo y algo más en una bolsita(interiores?).

Para mi alivio, no había comprado bolso.

Me dijo voluptuosamente: -No mires, mañana en la noche me lo verás puesto y verás la hembra que tienes como esposa- (Vaya, primera vez que oía a mi esposa decir una frase así. Lo máximo que podía sacar uno de su boca era un tímido: -¿Estoy linda?- o -¿Me veo bien?-).

Nunca olvidaré (aunque quiero y debo), la cara desafiante de Karen que decía: Mañana voy a hacer lo que se me dé la gana y ni tú, ni nadie me lo podrán impedir. Ella debió notar mi estupor, porque inmediatamente la cambió a su habitual: carita-de-ángel-no-mato- ni-una-mosca-soy-una-niña- inocente-tu-eres-el-único-hombre-en- mi-vida.

Para mi sorpresa o más bien para aumentar mi angustia, esa noche no hubo e-mail ni messenger. lo cual quería decir que todo estaba ya perfectamente planeado.

Otra noche de insomnio y auto tortura pensando: -Pero qué carajo hice mal!, donde, cuando, cómo metí la pata!, Tantas amigas que tuve en la U!, porque no me fijé en fulanita, porque no le hice caso a tal otra, que me echaba los perros todos los días!, porque tenía que haberme enamorado de Karen!, porqué me enamoré tan ciegamente!

Jóvenes, un consejo de este viejo: Disfruten la vida, no se tomen el amor tan en serio, diviértanse lo que más puedan sin dañar a otros y lo más importante: Sean honestos con su pareja de principio a fin. Así, cuando sean viejos, podrán mirar a su pasado y esbozar una sonrisa.

Llegó el día D, que misión imposible ni que nada, Karen seguía dormida ( o se hacía) mientras yo me arreglaba para ir a trabajar, un besito tierno en su boquita roja y perfecta y un: –Que te vaya bien en tu curso hoy mi amor-. Ella respondió con un: -Te quiero- somnoliento. En mi cabeza se arremolinaba un árbol de decisiones gigantesco con el cual no debía quedar cabo suelto. Mientras manejaba hacia el trabajo me la imaginé levantándose de un salto de la cama, como es su costumbre, agarrando una toalla, desnudándose y caminar así por toda la casa buscando su ropa (esa era mi parte favorita de la mañana), y entrando al baño a darse un largo y concienzudo baño, luego saldría, se pondría su sudadera blanca e iría donde su peluquero favorito.

Este tipo era capaz de dejarla aún más bella, pues no solo la peinaba o le hacía un corte perfecto sino que además la maquillaba como una diva. Calculé que en este itinerario llegaría a la casa alrededor de las 2PM, así que a la hora del almuerzo me escapé, conduje cual Schumacher y llegué a la casa a la 1PM entré con cuidado, teniendo mi excusa preparada de antemano en la punta de la lengua.

A veces me sorprendo de lo bien que conocía a Karen, efectivamente no estaba, entré a nuestro cuarto y allí en nuestra cama, estaba extendido con primor, un vestido amarillo estampado, de una tela delgada que seguramente le resaltaría su cintura y sus caderas, le llegaría como por las rodillas dejando ver sus bien torneadas piernas y con un escote en “V” bien pronunciado que dejaría ver mucho de sus pechos. En el piso, estaban sus zapatos altos con visos dorados, que combinaban perfectamente con ese vestido. Al lado del vestido también primorosamente extendidos estaban unos interiores nuevos blancos, el sostén era de encajes, de esos que prácticamente dejan ver todo lo que hay debajo y el pantaloncito era lo más pequeño que yo había visto en el ajuar de mi esposa, pues ella siempre se compraba de esos que llaman “cacheteros” o algo así, yo les llamaba: “mata pasiones” pues siempre tapaban demasiado para mi gusto, aunque a ella le quedaran de infarto.

El dichoso interior prácticamente era una tanga, un pequeñísimo triángulo primorosamente bordado y el resto eran unas cintas para sostenerlo en su lugar, no pude evitar que un bulto creciera en mis pantalones, por el solo hecho de imaginar a esa Diosa en semejante atuendo, hasta que se me ocurrió mirar dentro de una bolsita que había más allá. No lo podía creer, era un baby doll de lo más precioso, negro, con muchos encajes, de los que se atan al cuello con una cinta que nada más jalarla se cae todo al piso, acompañado de otra tanga, negra, aún más pequeña y preciosa que la blanca (Una vez le compré uno y nunca se lo puso. –Tú me quieres ver vestida como una prostituta?- me gritó). Estaba todo dicho, mi Karen iba a matar.

Tuve que sacudir fuertemente mi cabeza para salir de mi estupor y centrarme nuevamente en lo que me había traído furtivamente a mi casa, guardé el baby doll exactamente como estaba y fui a por su bolso. (Otra sorpresita de mi Karen: llevaba un paquetes de ¡SEIS! condones en el bolso, caramba que bueno que piensa cuidarse de cualquier infección que tenga ese infeliz pero, ¡seis condones!. Mi niña inocente y mojigata iba dispuesta a secar a ese pobre diablo.

Volví a lanzar una patada a la cama (esta vez con la otra pierna), para desahogar mi impotencia y frustración, y además emparejar el dolor de mis pies, esto me hizo reaccionar otra vez y encendí el mp3 a ciegas y también a ciegas lo puse en modo de grabación. Rogando porque lo hubiera hecho bien, salí a hurtadillas de mi propia casa, a mi trabajo, esta vez conduje despacio, coloqué canciones de salsa que iban de acuerdo con mi estado de ánimo y las iba cantando a voz en cuello y con los ojos a punto de estallar en lágrimas. (Las recuerdo todas, empecé con: "Me Fallaste", de Eddie Santiago y así por el estilo.

Sobra decir que llegué tarde y que ese día no rendí para nada, pero total, ya no me importaba nada, los regaños de mi jefe ni siquiera los escuché, quien sabe que cara tendría yo, que luego de un rato de amonestaciones el jefe me mandó para la casa. Salí como un zombie y conduje sin querer llegar, ya no tuve ánimo ni de poner canciones, total que me demoré como dos horas en un trayecto que usualmente no me tomaba más de media hora. Respiré profundo, entré el carro al garaje y subí a mi cuarto.

Eran las 8PM y Karen no había vuelto. –Estarán en lo mejor- me dije. Tomé una ducha larga y me acosté en la cama a hacer zapping con el TV y no sé en que momento me dormí.

Me despertó un beso húmedo y cálido, entre sueños lo recibí con agrado, pero al despertar por completo inmediatamente me separé. Frente a mí estaba una mujer desconocida para mí, se veía imponente, con sus zapaticos altos que la hacían ver más elegante, el vestido que efectivamente se ajustaba a su figura espectacular tal y como lo había imaginado, sus palpitantes pechos que querían escapar de ese escote alcahuete, del maquillaje que le habría hecho su peluquero, no había nada, pues solo tenía el maquillaje que ella se hacía cuando estaba apurada, lo cual desentonaba con el atuendo, y de su peinado que debió ser espectacular solo quedaba un cabello revuelto, peinado a la carrera sin mucho éxito. Eran apenas las 9PM. (¡¿porque volvió tan temprano?!)

Ella se sorprendió ante el rechazo y su carita reflejó culpa, se le agrandaron los ojos así como sus pupilas y hasta alcancé a atisbar terror en ellos. –Es que me sorprendiste- Le dije. –Caramba mi Reina que hermosa te ves, eres una Diosa, me imagino que todo el mundo te echó piropos, Ah?-comenté. –Noooo, para nada, nadie me dijo nada- replicó ella. –Ay, estoy tan cansada que me voy a duchar y a dormir enseguida-. Dicho esto, entró al baño y yo aproveché para mirar su bolso. Del baby doll y los preservativos no había ni rastro. (¿Lo botaría o aprovechó que estaba durmiendo para guardarlo?), bueno, pero eso no es lo que yo quería buscar, le saqué las cosas del bolso y arranqué el forro del fondo. Allí estaba mi mp3 aún grabando (sentí una mezcla de satisfacción (por lo buen espía que fui), y angustia (por lo que iba a escuchar), guardé sus cosas otra vez sin importarme el destrozo causado y bajé hasta el cuarto del computador con mi premio. La escuché salir del baño y llamándome para dormir, pero le contesté que tenía que terminar un informe y que me iba a demorar hasta la madrugada, ella protestó diciendo que tenía frío y que quería que la abrazara (esa era su forma de pedirme que le hiciera el amor). Pensé: -Que pasó aquí?,-Viene de toda una tarde de sexo y todavía quiere más?- ¡Será que se siente culpable y quiere darme el premio de consolación?. Esta situación es increíble! Estaré soñando todavía?.

Algo retorcido, un impulso que nunca había sentido, se despertó en mi cabeza: -Sería genial otra noche de sexo salvaje como la de la otra vez no?- Me dije en voz baja. Se dispararon todas las hormonas, neurotransmisores, fibras nerviosas, glándulas y órganos que tienen que ver con el impulso sexual, y mi cerebro se apagó. –Ya voy mi amor- respondí y subí como un zombie babeante y lujurioso. Karen me esperaba ya acostada, al entrar en la cama, la sentí desnuda y caliente, muy caliente, -Oye tienes fiebre?- le pregunté. – Si, y quiero que me la bajes haciéndome el amor mi Roncito- replicó. Yo iba a decir algo pero una boca húmeda se cerró sobre mis labios, y una lengua cual serpiente, empezó buscar y a enroscarse con la mía.

En ese momento perdí la voluntad, y sólo pensé en poseer a esa mujer desconocida como nunca en su vida lo haría nadie.

Le devolví el beso con mayor voluptuosidad, y seguí besándola ardientemente en su cuello hasta hacerla gemir, La acosté boca arriba, le tomé los brazos y se los pasé por encima de su cabeza, agarrándolos firmemente con mi mano derecha para que se sintiera atada y a mi merced. Al mismo tiempo, acaricié con mi mano izquierda sus senos, de manera firme pero sensual hasta que sus pezones parecieron de piedra (su respiración se agitó haciéndose entrecortada), luego mi mano siguió su camino sin descuidar ni un milímetro de su abdomen plano y firme, al mismo tiempo, mi boca ya ocupaba, en sus pechos, el lugar que había dejado libre mi mano. Mis labios con firmeza se apretaban, besaban chupaban esos maravillosos pechos mientras que mi lengua cual alas de mariposa, hacía crecer más aún esos pezones ya erectos. Luego, mi boca empezó un vaivén entre sus pechos, su cuello, sus brazos, sus manos y sus labios, que la hicieron estremecer y dar largos quejidos de aprobación, trató de soltarse, pero mi mano le atenazó firmemente los brazos contra su cabeza halándole un poco los cabellos, lo cual hizo que soltara un chillido: -¡Siiiii, Ron soy tuya!-.

Ese grito casi me hace perder el control y poseerla allí mismo, pero me controlé. Esa noche memorable, me iba a satisfacer con ella como siempre lo había deseado.

Mi mano izquierda, inquieta, empezó a jugar con su vello púbico, desenredándolo y abriéndose camino hacia una hinchada y muy mojada vulva, instintivamente y sin que Karen lo notara, olfateé aquel néctar de Dioses y no sentí rastros de olor a semen (-bueno, por lo menos usaron los condones, o usó una ducha vaginal-). La zurda empezó a acariciar aquel vórtice del placer, primero suave y delicadamente, y luego, al sentir el aumento de la humedad y los muslos abriéndose en actitud de entrega, mi mano se apretó a su vulva apoyando la palma sobre sus labios abiertos, el pulgar toqueteaba suavemente alrededor de su clítoris y los demás dedos se encargaban de apretar fuertemente todo el conjunto. El dedo medio se escabulló travieso hacia su ano y empezó a jugar allí, recibiendo como respuesta un fabuloso: -Ay si!- Y un: -Ven Roncito-(que significaba: penétrame ya!). Pero no, esta vez yo comandaba el barco, y lo iba a llevar a través de una tormenta.

Tomé control sobre mi mano y la llevé en un movimiento serpenteante a través de sus nalgas hasta su espalda quedando apretado ahora contra su vulva y ano mi brazo. En esta guisa de posición la apreté con mis brazos como un acordeón aumentando la presión de mi brazo izquierdo contra su periné y recibiendo como respuesta una serie de respiraciones profundas, gemidos y movimientos ondulantes del cuerpo de Karen, signos inequívocos de un orgasmo, la estrujé entre mis brazos sin piedad hasta que hubo terminado. Sin perder tiempo, mi lasciva boca ya se dirigía hacia su sexo aún humeante, al notar esto, Karen intentó liberarse y detenerme pero yo sin decir una palabra la atenacé con más fuerza, y sorprendentemente, ella se abandonó a mi voluntad, sus músculos se relajaron, cerró los ojos y abrió sus piernas, solté sus brazos y cambié de posición, sumergiéndome entre sus muslos.
Empecé a besar su pubis con besos gordos y pesados que no tuvieron ningún efecto, luego mi lengua se liberó y empezó a actuar por su cuenta, empezó a darle pequeños lameteos a la piel entre los muslos y la vulva, de adelante a atrás, de un lado y del otro, lo cual provocó pequeños movimientos hacia adelante de su pelvis, luego mi lengua empezó a empapar toda la piel alrededor de los labios mayores en un movimiento circular que partía de un lado(movimiento de pelvis), subía hasta el clítoris con un remolino de dos o tres vueltas alrededor sin tocarlo directamente (estremecimientos), bajaba al otro lado (apertura de muslos), hasta llegar al final de la vulva, subía por entre sus labios menores pero aún sin penetrarla (empujón de su pelvis buscando penetración), volvía a bajar y seguía con mi círculo lingual infernal. No tardó mucho en empezar a contorsionarse, gemir y suspirar, esta vez muy fuertemente y rogándome: -Ven Roncito, ven aquí-. Pero yo era oídos sordos, iba a disfrutar esa fruta por 15 años prohibida, hasta que me diera la gana, me iba a beber hasta la última gota de su ser. La última vez que bajé decidí hacer realidad una antigua fantasía, y seguí bajando hasta que mi lengua se encontró con ese pequeño agujero apretado y prohibido protegido por unos glúteos poderosos que dieron férrea resistencia acompañada de un: -Noo que haces!-, pero yo no iba a perder la batalla, solo bastó con subirle sus muslos contra su pecho y abrírselos más para acabar con la resistencia “gluteal”, y una mirada de: -¡Quédate quieta y cállate!-, para que guardara silencio y me dejara hacer.

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