| Denunciante Bronce
| Respuesta: Bosque lluvioso en venta Una familia quechua se dirige al mercado con cajas llenas de botellas de cerveza vacías retornables y con productos para vender. Estos artículos a menudo incluyen carne de selva, cuya venta es ilegal pero que sigue siendo una de las mercancías más codiciadas. La carretera construida por la compañía petrolera permite que los huaorani y quechua que viven en Yasuní se adentren en lo más profundo del bosque y consigan montones de carne de selva para abastecer al mercado negro: un negocio que está vaciando el bosque de fauna.  Casi 20 kilómetros de la carretera que construye Petroamazonas atraviesan el parque. Los conservacionistas están preocupados porque la vía está concebida para el desplazamiento de obreros y maquinaria al Bloque 31, muy vulnerable desde el punto de vista ecológico. Finalmente podría alcanzar, y deteriorar, el bloque todavía virgen con el que linda al este.  Los hombres de la comunidad de Rumipamba, al fondo, limpian los restos de un vertido de petróleo de 1976. Agradecen tener trabajo (cobran unos 340 euros mensuales), pero tanto ellos como sus familias padecen problemas de salud tales como dermatitis crónicas, posiblemente causadas por la exposición al crudo. Muchos temen que en Yasuní pueda producirse una contaminación similar si se perfora para extraer el petróleo.  Como muchos huaorani de hoy, estas dos familias conjugan tradición y modernidad. Regresan a Bameno, la comunidad del río Cononaco donde viven, con los frutos de una partida de caza tradicional (pecarí, mono y ciervo), pero la ropa y las barcas proceden del mundo exterior.  En Bameno, los niños menores de 14 años se valen por sí mismos mientras sus padres y hermanos mayores asisten a una fiesta en Kawymeno, a dos días a pie. Son prácticamente autosuficientes, pero tienen un abuelo cerca por si hubiera alguna emergencia.  Tras una jornada de trabajo, los huaorani se reúnen en una casa comunal para compartir la cena y contarse anécdotas. Omayuhue Baihua, sentado bajo la radio, ha vuelto de cazar y ha traído a casa un mono. Su esposa, Tepare Kemperi, lo cocina al fuego para cenar.  El intenso resplandor del cielo sobre Yasuní se debe a las llamaradas de los pozos petrolíferos que queman gas residual. Con las operaciones petroleras cada vez más cerca, la sombra de la destrucción se cierne sobre el último rincón virgen de este bosque primario.  Daniela Cupe Ahua, de nueve años, sueña despierta mientras su cuñada cuida de los bebés. Como dicta la tradición huaorani, todos los miembros de esta extensa familia viven juntos. En la casa, próxima a la carretera Maxus, unas mantas hacen de paredes. Fuente del reportaje: National Geographic
__________________  "Aún hay vagos destellos de civilidad en este matadero salvaje que alguna vez fue la humanidad" . |