Che, negro!, ¿sabés por qué tenes las plantas de los pies blancas?
- No.
- Porque cuando Dios te pintó, estabas parado. ¿Y sabés por qué tenes las palmas de las manos blancas?
- No.
- Porque cuando Dios te pintó, estabas apoyado en la pared.
Entonces el negro preguntó:
- ¿Y vos sabés por qué tenés el agujero del culo negro?
- No.
- Porque cuando te la metí, todavía tenía la pintura fresca.