Desde la construcción de mandatos de pueblos, regiones, sectores y clases: hacer legislación para nuestro país requiere bases sólidas de propuesta, surgidas en la movilización, desde la experiencia de vida y lucha de los procesos. Al Congreso de los Pueblos hay que llevar los mandatos que tenemos, entendidos como acumulados de pensamiento y propuesta que son construidos de manera colectiva, tienen legitimidad social, destacan las contradicciones más importantes que afrontamos y desarrollan metodologías para su cumplimiento y seguimiento. Para ello necesitamos sistematizar nuestro pensamiento, nuestras palabras y recorridos de lucha (Planes de Vida, Planes de Equilibrio, Planes de Permanencia, Programas, Manifiestos, Plataformas, Pliegos, Conclusiones de Encuentros, Tulpas de Pensamiento, Propuestas e idearios políticos). Articulémoslos entorno a lo que nos MANDATAMOS como país [20] .
Articularse a los movimientos sociales en una propuesta de democracia de base, asamblearia, radical, como la llamó el Maestro Fals Borda. Entre otras es la única garantía de no burocratizarse. Supone abandonar la concepción leninista de que los sindicatos y los movimientos sociales sean simples correas de transmisión de los partidos. Un proyecto verdaderamente radical, construir poder popular desde ya con propuestas económicas alternativas, generar nuevas redes de producción y distribución, autogobierno, autogestión: un verdadero proyecto antisistema.
Pero eso no le cabe en la cabeza de muchos dirigentes de izquierda que todavía piensan que deben dirigir esos movimientos, en que la única vía es la toma del poder-o del Gobierno, más bien-vía electoral (la mayoría) o vía insurreccional (pocos). No: la construcción de un poder desde abajo se complementa con la toma del poder por arriba-si es que se da-o del gobierno vía electoral. Creo que el Congreso de los pueblos puede ser ese espacio. El proyecto de un partido que dirige al movimiento hay que revisarlo.
Construir poder desde abajo supone una mirada estratégica y la única garantía de que haya cambios realmente revolucionarios, que cuestiones el poder burgués ya que legar al gobierno vía electoral no ha sido suficiente entre otras porque se ha dado en el marco del Estado oligárquico, dentro de la democracia formal liberal: así por ejemplo, los gobiernos de izquierda en Suramérica conviven con ese poder y en el fondo no lo han cuestionado en sus estructuras. [21] En este sentido son pertinentes y justas estas reflexiones:
La segunda pregunta sigue requiriendo un debate estratégico sobre cómo prevemos la llegada de los cambios y cómo nos preparamos para hacerlos realidad. En este punto se impone una reflexión lateral: los cambios de verdad, los que se relacionan con abrir el escenario político a nuevas relaciones sociales, a nuevas formas de poder y por lo tanto a una nueva sociedad, no vendrán de los gobiernos sino de los abajos, de la gente común organizada en movimientos.
Lo contrario no puede ser sino la continuidad de la opresión bajo otras formas. ¿Hemos aprendido algo de las revoluciones independentistas que sólo cambiaron las élites y dejaron sin tocar las relaciones sociales y de poder? [22] Esta última afirmación es aplicable a los gobiernos de izquierda. Hay que leer la crítica que, desde la izquierda se ha hecho a estos gobiernos: Los proyectos neodesarrollistas vinieron a neutralizar y fragmentar buena parte de la militancia popular, debilitando la perspectiva anticapitalista [23] .
Esta reflexión es vigente acá aunque se refiere a España:
Creo que hay que intentar generar poder popular, es decir, apostar por experiencias transformadoras al margen de las instituciones del Estado. Por ejemplo, la ocupación de corralas de vecinos, o de fincas y fábricas. La construcción de comedores populares, la solidaridad y el apoyo mutuo. Hay que generar espacios donde la gente ligue los efectos de la crisis a sus causas sistémicas, donde produzca de forma cooperativa, donde tome decisiones en asamblea y construya contrapoder. Pero todo ello enfocado no para aislarse, sino para ganar fuerza en los barrios, incrementar la conciencia de clase y sin olvidar nunca la necesidad de enfrentar y derrotar al poder del Estado [24] .
"Un problema fundamental del presente es cómo una fuerza política puede hacer de su mundo de valores, de creencias, de identificaciones, algo que constituya un saber colectivo aceptado por el conjunto de la sociedad (...) El socialismo no puede ser pensado como un producto inevitable de la evolución del capitalismo, sino como hipótesis que para encarnarse necesita de grandes movimientos de conciencia, de una “reforma intelectual y moral” de las masas y de una síntesis teórica y una propuesta organizativa totalmente nueva." [25]
La fuerza política verdadera es una fuerza que tiene que crear, de algún modo, su propia temporalidad. La cual no es una temporalidad del Estado o de las elecciones, sino que significa, también, que tengan sus propios objetivos e idealmente sus propios colegios, su propia prensa, su propia universidad. Más ampliamente, sus propias formas de discusión, información y formación. El problema es armar una fuerza autónoma y no ser una especie de nuevo partido de la izquierda extrema, porque ya hay mucho [26]
Debemos estudiar las empresas auto gestionadas en Argentina, la gestión del Alcalde Sánchez Gordillo en Marinaleda, Andalucía, las experiencias de economía alternativa de los zapatistas. La estructura comunitaria de los indígenas, sus sistemas de producción y distribución, etc.
Debemos revisar nuestra concepción tradicional sobre el poder:
La nueva proyección y apuesta estratégica reclama resignificar las concepciones existentes con nuevas miradas y, además, dar cabida a nuevas concepciones. En el tratamiento de conceptos y categorías esto obliga a apelar a una renovada dialéctica para abordar las relaciones entre ellos y con la teoría en su conjunto. Es necesario abordar los conceptos y categorías a partir de su dialéctica interna, enfocarlos en su contenido y alcances, en su significación propia [27] .
A fuerza de las circunstancias y fracasos la izquierda tendrá que hacerse estas reflexiones. Dudo que buena parte de ella esté abierta a las mismas. Ojalá la que se identifica con el Congreso de los Pueblos, lo haga.
Fraternalmente,
Biófilo Panclasta
Bogotá, Enero del 2013.