'Nancy me pedía que no le diera más puñal'
Nancy Umaña, viéndose mortalmente herida y con su agresora encima, en lo único que pudo pensar fue en el futuro de su hijito, quien ese día cumplía hasta ahora 28 días de nacido.
“La apuñalé en tantas oportunidades porque la cuchilla era pequeña y ella era robusta, lo único que me gritaba era: ‘no más, no más’. Ya a lo último, lo que me dijo fue ‘por favor cuídeme a mi bebé’, narró fríamente Mireya Gonzales a los investigadores mientras ellos realizaban su labor interrogativa.
Por ello, por la sevicia con la que fue asesinada la joven de 20 años, y por querer engañar a sus familiares y esposo haciéndoles creer que se encontraba en embarazo y que ese niño era de ella, un Juez municipal de Sopó decidió que la mujer de 37 años era un peligro para la sociedad y que debía ser internada en la cárcel El Buen Pastor, al noroccidente de Bogotá.
Crimen premeditado
Sin embargo, lo que el alto tribunal no tuvo en cuenta, fue que Mireya, premeditadamente y durante meses, planeó paso a paso cómo podría apoderarse del niño y deshacerse de la madre. Para ello, según relato de los propios familiares a este medio, la mujer desde hacía varias semanas se había comunicado con Nancy vía celular y, mostrando una faceta desinteresada, le preguntaba por su salud y la del niño recién nacido.
“Ella de un momento a otro comenzó a llamarla y a preguntarle por el niño, incluso ella estuvo en nuestra casa el pasado jueves visitándola y trayéndole fruticas y una mudita de ropa al bebé, nunca pensamos que le iba a hacer daño”, aseguró Leydi, hermana de la víctima.
Según la mujer, su hermana era muy confiada, alegre y amiguera, por eso aunque desde hacía muchos meses no se veía con Mireya, no se le hizo raro que la llamara, ya que todo el mundo en el municipio de Sopó, donde residía, y en Briceño, donde laboraba, la quería.
“Ella estaba urgida de plata porque necesitaba comprarle unas cositas al bebé. Esta mujer (Mireya) se ofreció prestarle dinero si ella la acompañaba supuestamente a una cita médica. Ahora pienso que si el marido de ella le hubiese ayudado con esos 20 mil pesos, ella no hubiese tenido necesidad de irse”, manifestó Leydi, visiblemente consternada.
Esa mañana del 28 de enero, el último día que su madre y hermana la vieron con vida, Nancy había vestido al bebé con la ropita que su ‘amiga’ le había regalado. Al despedirse, ellas se ofrecieron a cuidarle el pequeño, pero ella, entusiasmada por tener a su hijito todo el tiempo, decidió llevárselo.
Los tétricos hechos que ocurrieron luego de que la joven salió de la casa, fueron narrados ante varios investigadores por la presunta homicida, quien aseguró que fue con la propia Nancy a comprar cosas para el bebé. Posteriormente, la mujer le invitó un jugo, en el cual, en medio de un descuido de la materna, le mezclo escopolamina. Finalmente, cuando tenía a su víctima adormecida, la atacó, la mató y le robo al menor.
Cabe recordar que dichos objetos infantiles, luego serían hallados por el CTI en casa de la asesina, durante el allanamiento.
“No lo hizo sola”
Para los familiares de la víctima, Mireya no pudo haber actuado sola, debido a que Nancy era una mujer muy robusta y alta, por lo que deducen, alguna persona también allegada a ellos, puede estar detrás del asesinato de la mujer.
“El día de la desaparición de mi hermana, mi mamá llamó a un amigo de la familia preguntando por ella. Este tipo no sólo le dijo que no había visto, sino que supuestamente estaba ahora con Mireya y que justo en ese momento, ella estaba en labor de parto. Creemos que en ese momento fue cuando la mataron”.
Aunque las autoridades ya tienen esta versión, los familiares de Nancy sólo esperan que se conozca el grado de culpabilidad de este hombre, a quien este medio se abstiene de identificar, para no entorpecer la investigación que adelanta la Policía. “El sabe quién es y está nervioso, pronto caerá…lo sabemos”. Aseguraron.