Hola a todos.
Voy a animarme a compartir con vosotros la experiencia que viví este pasado verano.
Era el mes de julio, un sábado por la mañana, de esos días de calor agobiante.
Esa mañana había salido temprano a comprar un par de cosas que necesitaba.
Cuando terminé, me fuí para casa. Iba andando ya que no vivo lejos de la zona en la que estaba comprando.
Cuando llegué a la puerta del edificio donde vivo, me encontré el coche de mi vecina aparcado justo delante, con el maletero abierto, y con algunas cajas y bolsas.
La vecinita en cuestión, a la que llamaré Clara (por no poner el nombre verdadero), es una mujer de unos 39 o 40, que vive sola, en el segundo piso (yo vivo en el tercero). Es muy guapa de cara, tiene una melena morena lisa que le cae por los hombros, medirá sobre 1,70 o así. Ojos marrones, tiene un culo impresionante cuando se pone pantalones ajustados, y el pecho que tiene quita el hipo. En fin, que la mujer está muy pero que muy bien. Hace ya mucho tiempo que nos conocemos, coincidimos muchas veces en el ascensor, y siempre había sido muy educada, super simpática y agradable. Vamos, tenemos suficiente confianza y alguna vez hemos coincidido de fiesta, cada uno con sus amigos. Trabaja como dependienta en una tienda de ropa, por lo que siempre va muy bien arregladita.
La cuestión es que cuando la ví allí, la saludé y le dije: "Has comprado más que yo , eh?"
Entonces ella me saludó también y a la vez me dijo que le llegaba a tiempo para ayudarla a llevar hasta el ascensor aquellas cajas. Había una caja que pesaba más que las demás, resulta que era un ordenador que había comprado.
Mientras le ayudaba a descargar todo lo que llevaba me comentó que el que tenía se le había quedado obsoleto y había decidido comprar uno nuevo. Le dije que me parecía muy bien, y cojí la caja del ordenador que era la que más pesaba y se la acerqué hasta la puerta del ascensor.
Cuando lo descargamos todo, pudimos entrar los dos en el ascensor, algo apretaditos pero cabíamos. Al llegar al segundo, le ayudé a sacar otra vez las bolsas y cajas que llevaba para acercárselas a la puerta de su casa. Clara sacó las llaves y abrió la puerta, entonces yo me ofrecí para ayudarla a entrar todas las cosas, cosa que me agradeció con un "sí, por favor".
Cogí aquella caja grande y me dijo que entrara a la primera puerta a la izquierda, que es donde ella tenía una habitación tipo despacho, con su escritorio para poder poner el ordenador. Dejé la caja allí junto a la mesa y le ayudé a entrar las otras bolsas que quedaban. Entonces quise despedirme y le dije que si necesitaba alguna ayuda para instalarlo no dudara en decírmelo ya que yo sí que controlo un poco el tema de la informática, y me dijo que esa misma tarde había quedado con una amiga suya que iba a venir a ayudarla, pero me dijo que "gracias de todas formas, si no se aclaraban me llamarían".
En fin, yo me fuí a mi casa, y así pasó la mañana. Ya por la tarde, después de ponerme una película me duché, y empecé a arreglarme pues había quedado con unos amigos para ir a tomar algo, así que en eso estaba yo, y cuando estaba afeitándome llamaron al timbre.
Me extrañó un poco porque no esperaba a nadie, pero cual fué mi sorpresa cuando abrí la puerta que era Clara, la vecinita.
Me comentó que le sabía mal molestarme, pero que a la amiga que tenía que venir le había surgido un contratiempo y no iba a poder ir, así que me preguntó si yo podría ayudarla con el tema de la instalación. "Pero vamos... si tienes algo que hacer, no pasa nada, eh?" me dijo.
Le dije que no había ningún problema, que había quedado con unos amigos, pero que la instalación es rápida y no me llevaría mucho tiempo. Así que le indiqué que en cinco o diez minutos bajaría a su casa, así también me daba tiempo a acabar de afeitarme.
Como hacía calor, Clara iba vestida con un vestido de estos de estar por casa, con tirantes y por encima de la rodilla, blanco con dibujos. Llamé a su puerta, abrió enseguida y me hizo un gesto con la mano para que pasara. Me dirigí hacia la habitación donde habíamos dejado el ordenador esa misma mañana, y allí estaba todo desembalado, con sus cables encima del escritorio, preparado para ser instalado.
"¿Quieres tomarte algo?" me dijo,... le dije que no, que gracias, y empecé a conectar los cables.
Cuando lo tenía todo listo, lo enchufé, y el ordenador arrancó sin problemas. Entonces Clara me acercó una silla. "Siéntate, no estés ahí de pie, que encima que vienes a ayudarme y no quieres tomar nada... no te he puesto ni una silla, anda que no vas a querer venir más", me comentó medio riéndose.
Yo le dije que no se preocupara que lo hacía encantado y me senté. Ella se quedó de pie junto a mi silla mirando muy atentamente todo lo que hacía.
Una vez el ordenador estaba a punto para usarse, resulta que el sistema operativo era diferente al que ella venía usando (su antiguo ordenador tenía bastante tiempo), así que no se aclaraba mucho.
Me ofrecí de nuevo a que si quería le indicaba algunas nociones básicas para que pudiera defenderse un poquito, me miró sonriéndome y me lo agradeció con mucho énfasis.