Mito 4 - Mantener los pagos de la deuda es esencial para afianzar una buena reputación financiera en los mercados internacionales y mantener la integridad del sistema financiero. Ambos son cruciales para un sólido desarrollo.
El registro histórico revela que incurrir en la deuda bajo dudosas circunstancias y pagar anteriores préstamos ilegalmente contraídos por gobiernos no representativos pone en peligro la reputación financiera a largo plazo y la integridad del sistema doméstico y conduce a un desplome financiero. La experiencia Argentina entre 1976-2001 es ilustrativa.
Una parte sustancial de la deuda pública externa e interna fue ilegalmente contraída y tuvo una pequeña utilidad al desarrollo. Un pleito lanzado por un economista argentino, Olmos, contra el pago de la deuda externa argentina reveló que las deudas privadas extranjeras de Citibank , del First National Bank de Boston, de Deutsch Bank, de Chase Manhattan Bank y del Banco de América fueron asumidas por el gobierno Argentino. (5) lo mismo es verdad de las deudas subsidiarias de los bancos extranjeros. El pleito de Olmos también documentó cómo la dictadura argentina y los regímenes subsecuentes pidieron prestamos para fortalecer la moneda para facilitar capital volante en dólares. Los préstamos extranjeros fueron directamente al Banco Central, que hizo los dólares disponibles a los ricos que reciclaron los dólares a sus cuentas extranjeras. Entre 1978-1981 más de 38 mil millones de dólares se evadieron del país. La mayoría de los préstamos extranjeros fue usado para financiar las aperturas "económicas”, importaciones de lujo y género improductivo, especialmente equipamiento militar. El caso de Olmos apuntó a una fuente perversa de gran endeudamiento: el régimen argentino pidió préstamos a los tipos de interés más elevados y después depositó los fondos en los mismos bancos prestamistas a los tipos de interés más bajos, dejando unas pérdidas netas de varios miles de millones de dólares, agregados a la deuda externa.
Mito 5.- La mayoría de los países del tercer mundo dependen de la IE para proveerse del capital necesario para el desarrollo puesto que las fuentes financieras locales no están disponibles o son inadecuadas.
Contrariamente a la opinión de la mayoría de los economistas neo-liberales, la gran parte de lo que se llama inversión extranjera son realmente préstamos extranjeros de ahorros nacionales para comprar empresas locales e inversiones financieras. Los inversores extranjeros y las multinacionales se aseguran préstamos extranjeros respaldados por gobiernos locales, o directamente reciben préstamos de los fondos de pensiones locales y de los bancos; utilizando los depósitos locales y las pensiones de los trabajadores y de los jubilados. Recientes informes sobre fondos de pensiones financiados por las multinacionales norteamericanas en México, muestran que Banamex (comprada en el siglo 21) afianzaba un préstamo de 28.9 mil millones de pesos (aproximadamente 2.6 mil millones de dólares), American Movil (Telcel) 13 mil millones de pesos (1.2 mil millones de dólares), Ford Motor (en préstamos a largo plazo) 9.556 mil millones de pesos y mil millones de pesos (para acortar los términos del préstamo), y General Motors (sector financiero) recibió 6.555 millones de pesos. (6) Este modelo de solicitar prestamos externos para hacerse con los mercados locales y los medios productivos, son práctica común y dispersa la noción de que los inversores extranjeros traen "capital fresco" a un país. Igualmente importante es que así se refuta la noción que los países del Tercer Mundo, "necesitan" la IE debido a la escasez de capital. Las invitaciones a que la IE desvíe ahorros del público local y de los inversores privados, empujan fuera a los prestatarios locales y les obliga a buscar prestamistas de dinero "informales" que cobran tipos de interés más elevados. En lugar de complementar a los inversores locales, la IE compite con las economías locales desde una posición privilegiada en el mercado del crédito, produciendo sus mayores recursos (en ultramar) y la influencia política para asegurarse préstamos de las agencias locales de crédito.
Mito 6 - Los defensores de la IE defienden que la entrada de la IE sirve de ancla para atraer más inversión y como "polo de desarrollo".
Nada podría estar más lejos de la verdad. Las experiencias de plantas de ensamblaje de propiedad extranjera en el Caribe, Centroamérica y México hablan de gran inestabilidad e inseguridad con la emergencia de nuevas fuentes de mano de obra más barata en Asia, sobre todo en China y Vietnam. Los inversores extranjeros son más prometedores que los fabricantes locales para relocalizar las nuevas áreas de bajos salarios, creando un "auge y quiebra" de la economía. La práctica de la IE, en México, el Caribe y Centroamérica, enfrentada a la competencia de Asia es relocalizar, no actualizar tecnología y capacidades o subir la calidad de los productos. Finalmente, un estudio a largo plazo del impacto de la IE en el desarrollo en la India no ha encontrado ninguna correlación entre el crecimiento y la IE. (7)
Conclusión
La confianza en la IE es una estrategia arriesgada, costosa y limitada de desarrollo. Los beneficios y costos son irregularmente distribuidos entre el "remitente" y el receptor de la IE. En un marco histórico más grande no es sorprendente que ninguno de los primeros países desarrollados, antes o después, pusieran la IE en su esquema de desarrollo. Ni los EE.UU., Alemania o Japón en los siglos XIX y XX, ni Rusia, China, Corea o Taiwán en el XX dependieron de la IE para adelantar sus instituciones industriales y financieras. Dado las desventajas citadas en el texto, está claro que el método a seguir para los países en vías de desarrollo es minimizar al punto más bajo la IE y aumentar al máximo la propiedad nacional y la inversión de recursos financieros locales, las capacidades y expandir y ahondar mercados locales y extranjeros a través de una economía diversificada.
Porque los costes económicos, sociales y políticos negativos de la IE son evidentes para un creciente número de personas en el Tercer Mundo, particularmente en América Latina, es un importante detonante de los movimientos sociales de masas, e incluso de las luchas revolucionarias, como es el caso de Bolivia durante el 2005. Puesto que la IE es un resultado directo de decisiones políticas adoptadas al más alto nivel de gobierno, las luchas sociales de masas están, tanto o incluso más, dirigidas contra el régimen político responsable de apoyar, promover y consentir la IE. El giro creciente de los movimientos sociales hacia políticas por el poder del estado, se relaciona directamente al reconocimiento creciente de que el poder político y la IE están íntimamente vinculados. En el siglo XXI, por lo menos en América Latina, todos los regímenes electorales que han sido derrocados por mayorías populares, tienen estructuras profundamente vinculadas a la IE: Gutiérrez en Ecuador, Sánchez de Losada y Mesa en Bolivia y Fujimori en Perú.
El líder respaldado por el mayor apoyo en América Latina, el presidente Chávez de Venezuela, precisamente es el único que ha aumentado las normativas y los impuestos a la IE y ha redistribuido las crecientes rentas entre los pobres, la clase obrera y los campesinos. La pregunta todavía está en si esta nueva infusión de energía y conciencia de clase puede ir más allá de derrotar a los regímenes pro IE para construir un estado basado en una amplia alianza de fuerzas de clase, las cuales vayan más allá de la "nacionalización" hacia una economía socialista.