Los pingüinos emperador dan vueltas en las profundidades mientras se preparan para el rápido ascenso a la banquisa.
«En cuanto se lanzan –dice Nicklen–, en 30 segundos están todos sobre el hielo.»
Sin la seguridad que da la compañía de otros congéneres, un pingüino solitario nada trazando un
movimiento en espiral para dominar con la vista todo su entorno. Cuando salte del agua y aterrice con un
golpe en el hielo, habrá dejado atrás sus movimientos más gráciles.