Abusan de Nosotros… Unas semanas antes de la boda.
Una tarde, estábamos en el lugar más apartado del parque, allí era muy pobre, por no decir nulo, el alumbrado. Alicia llevaba una faldita color rosa de vuelo, que le llegaba a la mitad de sus hermosos muslos, y un top ( Una tira ancha que cubre la parte de abajo del busto y deja el ombligo descubierto) amarillo, no llevaba sostén porque se le trasparentaban mucho los pezones, hasta se llegaban a ver las aureolas que rodean a estos. Mis amigos llevaban horas buscando la forma de como manosear a mi novia sin que fuera tan obvio.
-Dentro de unas semanas se van a casar, ¿Ya tuviste relaciones con Ramón? –Le preguntó Pablo a mi novia-.
-No, como crees –respondió Alicia-. Vamos a hacer las cosas como Dios manda, porque nos queremos mucho y nos respetamos.
-¿A poco eres virgen? –Le dijo Javier, en tono sarcástico-.
-Eso a ustedes no les importa –Le contestó, avergonzada -.
-Se me hace que ya lo probaste y te gustó –Insistió Javier-.
-Ya probé ¿qué? –dijo Alicia. Poniéndose roja como un tomate-.
-la verga, se me hace que ya te metieron la verga.
-¡Eres un grosero! –contestó molesta-. Yo no he probado, ni me han metido, nada.
-Y tú, Ramón. ¿Eres virgen? A poco ¿no se te antoja coger con Alicia? –Dijo Pablo-.
-Si, -contesté avergonzado-.
-¡Ah! ¿Te quieres coger a Alicia?
-No.
-¿No? Huuy! Te va salir joto, Alicia.
-Digo que si, voy a hacer el amor con ella, pero hasta que nos casemos.
-¿Y eres virgen? –Insistió Pablo-.
-Nunca he tenido relaciones sexuales, si ha eso te refieres –Contesté molesto y avergonzado-.
-¿A poco nada de nada? –Pregunto Javier-. Jaja.
Sabía que buscaban cualquier pretexto, para agarrarse de ahí y aprovecharse de la situación. Me quedé atónito con lo que dije a continuación.
-Si nos hemos acariciado, pero nunca hemos llegado a realizar el acto sexual, y no nos hace falta, porque nos amamos, y disfrutamos al máximo las caricias que nos damos. Alicia puede estar con los ojos cerrados y saber que soy yo el que la acaricia.
-¿??? –Los demás pusieron cara de “¿Qué?”.
-y –Continué haciéndome el ofendido, para que no hubiera dudas de lo que les proponía-. Pueden acariciarla cincuenta, cien o mil personas diferentes y entre las mil, saber cuales son mis caricias. Porque mis caricias son con amor.
A Javier casi se le cae la baba al ver la tremenda oportunidad que les ofrecía en charola de plata.
-No te creo, discúlpame pero no creo, ¿que pueden tener de especiales tus caricias?, no creo que diferencie las caricias tuyas de las nuestras, y más si tiene los ojos vendados… ¿Tu también crees eso Alicia?
Alicia me miro sorprendida, pero respondió con aplomo “Si, yo creo que sí”.
-Pues vamos a comprobarlo –Contestó Javier, con una sonrisa maliciosa-. Te voy a vendar los ojos –Le dijo a mi novia-. Somos diez con Ramón, cada uno de los que estamos aquí, va a estar a solas contigo, los demás no podrán ver lo que haga el que este contigo para que no haya trampa, creo que con cinco minutos es tiempo más que suficiente para que te des cuenta si es o no Ramón. Te vamos a dar diferentes tipos de caricias y debes de cooperar y responder a las caricias que te hagan, imaginando que la persona que te acaricia es tu novio. Vamos a ver si su amor es tan grande como para identificar las caricias de Ramón.
Alicia, pasó sus lindos ojos por cada uno de mis amigos que ahí se encontraba, se acaloró un poco, se mordió el labio inferior, sus ojos destellaban lujuria y contestó con un tímido: “Esta bien”.
Javier la llevó al lugar más oscuro, debajo de un árbol, y le vendó los ojos con un pañuelo. Y a nosotros nos condujo detrás de un arbusto, nos estábamos muy retirados de donde se encontraba Alicia, así que aunque se dificultaba un poco la vista por las ramas, se veía perfectamente el cuerpo de Alicia y lo que le llegaran a hacer mis amigos.
Yo levantaba la cabeza y les decía: ¿dónde dejaron a mi novia que no la alcanzó a ver?
-Estás bien cegatón. –Dijo Gerardo-. ¿A poco no alcanzas a ver?.
-No. –Mentí-.
-Es mejor que no veas, jeje –me dijo Javier-. Yo sé lo que te digo, jaja. A ver, ¿quién va a ser el primero? – Preguntó Javier-. Un volado.
-A mi no me importa el turno –contesté-. Estoy seguro que en cuanto la bese, adivinara enseguida.
-Pues en ese caso serás el último. –Contestó Javier-. Jaja. A ver juguemos entre nosotros, a ver quien pasa primero.
-¡Yo gané!, -exclamó Esteban -. Ahí pónganse de acuerdo a ver quien sigue. Y Se fue a donde estaba mi novia.
Y así fueron pasando de uno en uno, tenían cinco minutos para acariciarla, ni mi novia ni yo llevábamos el tiempo, eran los otros que impacientes, apresuraban al que estaba en turno:
-¡Ya se acabó el tiempo!
-¡Ya te pasaste un minuto!, muévete que sigo yo.
Los últimos en pasar fueron Javier, Raúl, Gerardo y yo. En ese orden. Gerardo fue el que duró más tiempo, como ya no había nadie que lo apresurará.
Cuando vi a mi novia en brazos de mis amigos, besándose apasionadamente, sus lenguas en una lucha sin cuartel, el ver como era sobado y mamado salvajemente su busto, como estrujaban violentamente sus nalgas; mi excitación creció una barbaridad. Hasta que no puede más, y sin siquiera tocar mi pene, eyaculé profundamente. Amparado en la oscuridad, la mancha de semen en mis pantalones, se ocultaba.
Gerardo llegó con una sonrisa de satisfacción y me dijo: “Tu turno”.
No sé porqué, Alicia tenía tanta predilección por Gerardo y Raúl, si estos eran los que más abusaban de ella. Tal vez por ser los de menor edad… Pero de chicos no tenían nada, ya había observado el chisme que les colgaba entre las piernas y era muy grande.
Al llegar con Alicia, lo primero que hice fue observarla detenidamente, tenia un ligero temblor en sus piernas y su respiración era agitada, síntoma que había tenido varios orgasmos, tenía la falda toda arrugada, y tenía manchas de semen, tanto adelante como atrás; con cuidado, para que no sintiera, le levanté la falda, observé que los calzones los tenia hacia un lado, mostrando todo su conejito. Al observar su rostro…Mi pene volvió a enderezarse majestuosamente. Sentí un poco de temor, creo que nuestra calentura había llegado demasiado lejos, La tomé de ambas manos, se las apreté suavemente y la besé con dulzura, bajé un poco su Top, y vi su poderoso busto, le bese tiernamente cada una de sus bubis y observé como los tenía llenos de moretones de tanto chupetones que le habían dado. La tomé de la cintura y la besé nuevamente, al terminar me dijo: “Tu eres mi papito, la persona que más amo en el mundo”.
Cuando Javier le quitó el pañuelo de los ojos, gritó divertida “¡El último era mi papito!, estoy completamente segura”. Todos mis amigos le aplaudieron y le dijeron: “Pues parece que su amor es verdadero, porque adivinó… Pero se me hace que Alicia hizo trampa, que estaba viendo; habrá que probar en otra ocasión”.
En la noche, en la soledad de mi cuarto, mi masturbación estaba a punto de terminar… Estaba recordando la plática de mis amigos...
Esa noche, nos habíamos reunido en la casa de José Luís. Habían comprado unas botellas de vino. Ya estaban algo mareados cuando empezaron a narrar lo sucedido.
-Al llegar le di besos en el cuello, -Narraba Esteban-. Le mordía la orejita, y la ponía cachonda, jeje. Le di unos besos de lengua bien ricos, al ver su carita bonita sus ojos grandes, su mirada de niña inocente, y esa boquita mamadora, me la comí a besos, la abracé de la cintura y tomándola de las nalgotas sobre el vestido le restregaba mi verga en su panochita. Me puse atrás de ella y le puse la verga en medio de sus nalgotas, se sentía rico-rico, le apretaba sus toronjotas, le toqué su panochita sobre la falda, quise meter la mano, pero no me dejó… Esta re-buena la condenada, jeje.
Todos comentaron algo por el estilo, se la comieron a besos, besos de lengua, la sobaban, por todos lados, pero siempre sobre la falda o el Top, se sacaban la verga y la punteaban tanto por delante como por atrás, pero siempre sobre la ropa. Hasta que llegó el turno de los últimos tres.
Javier siempre ha deseado cogerse a Alicia, y lo demostró cuando estaba con ella. Parecía un toro desbocado. Un pulpo que le faltaban manos, la manoseaba bruscamente, forcejearon varias veces, la primera cuando le subió el Top y saltaron sus bubis al aire y la segunda cuando se introdujo bajo su falda. Le decía de cosas porque se escuchaban los murmullos, discutían, hasta que empezaron a fajarse cadenciosamente. Raúl tuvo que esperar un tiempo más, para poder tomar su lugar; porque Javier no deseaba desprenderse de mi novia. Así que estaba deseoso de escuchar su versión.