En eso estaba pensando, cuando oyó el sonido de unos tacones que le resultaron familiares. Prima se acercaba. Antes nunca había usado tacones, sólo las sandalias milicianas normales… la primera vez que la vio con aquellas sandalias de chica cuyas elegantes tiras negras subían por sus pantorrillas abrazándolas como amantes… Kratos casi se partió de risa, porque ella apenas sabía andar con eso. Prima le miró enfurruñada y le hizo un gesto al mayoral, que le sacudió a Kratos un latigazo que le estuvo ardiendo cuatro días. Pero ahora, Prima no sólo sabía andar de maravilla con esos tacones, sino que se contoneaba como una bailarina oriental, como si en toda su vida no hubiera hecho otra cosa… El sonido rítmico y lento de los pies acercándose a él, venía acompañado por el olor a flores que desprendía la joven. Antes, no había olido mal nunca, pero nunca había usado tantísimo perfume… el aroma se acercó más a él, y de pronto, el sol se eclipsó. Una fresca sombra cayó sobre la piel de Kratos, y éste supo que había llegado su ración de sarcasmo diaria. Se volvió hacia su prima con una falsa sonrisa en los labios.
-¿Qué tal, primito….? – dijo ella, muy alegre. - ¿Sabes que puedes estar orgulloso de ti mismo….? Tú pretendías el trono imperial, y es cierto que no lo has conseguido… pero has conseguido un asiento de todos modos, que es casi lo mismo… ¿no te parece?
“Me parece que si pudiera, te estrangulaba con mis propias manos….”

Pensó Kratos, pero moderó su respuesta ligeramente:
-¡Sí, tienes razón…! – sonrió, apretando los dientes – Y quién sabe, quizá algún día lo consiga de todos modos… independientemente de por encima de quién tenga que pasar para ello…
-Así me gusta, que seas optimista… porque la esperanza, es lo último que se pierde… en tu caso, poco más te queda. – Como otros días, Prima se acuclilló frente a él, llevando en sus manos la fusta, y sus compañeros de remada no disimularon en absoluto: todos se volvieron a contemplar aquéllos hermosos muslos, fuertes, duros… quizá más de guerrero que de cortesana, sí, pero lo que había entre ellos, era lo que importaba, y aunque no se veía, se adivinaba. Kratos se sintió avergonzado de sus propios deseos y reprimió el impulso de ponerse a repartir collejas entre los mirones… ¡que era su prima, un poquitín de formas…! – aunque quizá….
-¿Qué, quizá qué? – a Kratos, cualquier cosa que pudiese librarle de seguir encadenado a aquél remo una sola hora más, le parecería bien, aunque fuese limpiar los retretes de la unidad de enfermedades estomacales del hospital de milicias.
-Bueno… ¿no vas a felicitarme, Kratitos….? Hoy es mi cumpleaños… - el citado intentó ignorar los susurros de “¿¿¿Kratitos???” que surgían a su alrededor y le deseó a su prima un feliz cumpleaños, sin entender qué tenía que ver eso con un quizás… - ¿A que no sabes qué me ha regalado tu padre y mi tío, el emperador….? – Kratos negó con la cabeza, visiblemente interesado, mientras ella acercaba su cara a la de él – La gracia para un esclavo… el que yo desee… - susurró. A su primo le pareció que oía música celestial…
-Prima… oh, Bela, estás en todo… ¡sabía que no me dejarías pudrirme aquí! – sonrió, esta vez francamente. Prima acercó más aún su rostro, de modo que su pequeña nariz respingona casi tocaba su narigón ganchudo.
-¿Estás contento conmigo….?
-¡Muchísimo!
-Pues es una pena que haya decidido liberar a otro… - Prima dejó su boca a menos de un milímetro de la de Kratos. Antes de que éste pudiera preguntar, ella ya se había enderezado y señaló a otro hombre, una fila por delante de su primo. – Liberad a ése.
-¿Pero… pero…. PERO??? – protestó Kratos, pero ella ni siquiera se volvió a mirarle. Conteniendo la risa, se marchó con el mayoral y el esclavo al que había liberado, un hombre alto y rubio, mucho más guapo que Kratos… aunque, haciendo honor a la verdad, para eso, no era preciso buscar mucho.
-Quedas libre a partir de éste momento – dijo la joven al esclavo apenas se habían alejado unos pasos, sólo lo suficiente para que Kratos no se enterase de la conversación, pero los viese perfectamente. El mayoral estaba junto a ellos, de espaldas, para seguir vigilando a los galeotes – Te serán concedidas 20 hectáreas de tierra fértil para su explotación a perpetuidad, para ti y tus hijos…
-Mi señora… ¡podría besaros! – manifestó espontáneamente el remero.
-…JUSTO con ésa condición – sonrió Prima, y continuó de inmediato. – Desde luego, es una petición tan sólo, no una orden, si prefieres no hacerlo, no importa y nuestro trato sigue en pie, y no es preciso que sea en la boca, si te da asco, basta que sea en la cara, y ni siquiera tiene que ser un beso largo, sólo... ¡¿Mmmmmm!? Mmmmmh…. – El esclavo hizo callar a Prima besándola en los labios mientras la apretaba junto a él. En un principio, ella se sorprendió tanto que casi dejó caer la fusta de las manos, nunca había provocado semejante reacción en un hombre y no se tenía por una mujer especialmente bonita o atrayente… pero fuera por agradecimiento o por cualquier otro motivo, aquél esclavo incluso se inclinó sobre ella, de modo que la tenía completamente en sus brazos mientras su boca devoraba la de ella… Prima se dejó llevar y devolvió el beso, con los ojos cerrados, imaginando que era Kratos a quien estaba abrazando…
-¿Lo hice bien? – preguntó el remero cuando por fin la soltó, suavemente.
-Fuuuuuuuuuuuuuuuuh….

. – sonrió ella, abanicándose con una mano. – Mejor, que sean cuarenta hectáreas. ¿Ha mirado? – preguntó por un rabillo de la boca al mayoral.
-Está…. Mordiendo el remo, princesa…
-Perfecto… - susurró, sonriente, acariciando el mango de la fusta - ¿Cuándo termina el turno de mi primo…?
-Dentro de cuatro horas.
-Muy bien… cuando acabe su turno, lo traes a mi camarote… y que se traiga el aceite… de dar masajes.
El capataz asintió y pensó que quizá fuera buena idea poner cera a calentar para tapar esa noche los oídos de todos los hombres de a bordo…
-¿Me has hecho venir para humillarme más todavía?

– Preguntó Kratos cuando lo llevaron a los aposentos de su prima, apenas se cerró la puerta y el soldado que le custodiaba se marchó.
-Sí. – admitió ella y Kratos pensó que más le hubiera valido tener la boca cerrada. Prima se levantó de la silla. No llevaba los tacones, porque con las plataformas que llevaban, sería severamente más alta que él, y eso la incomodaba… y no necesita ser más alta para dominarle. Llevaba una túnica de suave seda que se cerraba en un lado de su cintura, pero dejaba aberturas a los costados, de modo que sus piernas quedaban al descubierto. Los pezones que se adivinaban bajo la tela, dejaban claro que bajo ella, sólo estaba ya la piel… Kratos se sintió violento. Intuía lo que su prima pretendía hacer con él

y… no es que le molestase, pero no le gustaba la idea de ser el cazado en lugar del cazador. Le hacía sentirse avergonzado y vulnerable, y eso le ponía incómodo.
Prima se acercó a él, caminando sensualmente “puede contonearse incluso sin tacones… ¿dónde ha aprendido a hacer eso?”. Le estaba devorando con la mirada. Sus ojos le recorrían de arriba abajo, sin ninguna prisa, sin ningún pudor… su boca estaba ligeramente entornada, y él podía sentir cómo el corazón de ella palpitaba rápidamente… no era la primera vez que le miraba tan descaradamente, comiéndosele con los ojos… pero cuando él todavía era poderoso, podía permitirse no darse por enterado de esas miradas, y… no hacían el mismo efecto por parte de una chica vestida con coraza y faldilla miliciana. Y en tercer lugar, le gustaba sentir esas miradas… los ojos de ella atravesando la ropa y quemándole la piel, deseándole ardientemente… esas miradas eran una inyección de autoestima mejor que una ovación multitudinaria… si él accedía a los deseos de ella, sin duda ya no le miraría de esa forma tan animal y deseosa… porque él ya le habría calmado su deseo.
Antes, cuando ella lo miraba devorándole, como ahora, a él le bastaba con sostenerle la mirada con frialdad, como si no entendiera qué quería ella decir. En pocos segundos, ella apartaba los ojos con intensa frustración, pero eso, ahora, no le valía… ni él podía dejar de comprender, ni ella iba a apartar la mirada. Ya no era su superior, sólo un esclavo… Cuando finalmente ella tocó con sus dedos el hombro desnudo de Kratos, éste intentó retener un escalofrío, y fue él quien se vio incapaz de seguir soportando el terrible fuego que despedían aquellos ojos violetas, y desvió la mirada.
-Vas a ser mío esta noche, querido primo Kratos

… - susurró sensualmente la joven – tu cuerpo, es mi regalo de cumpleaños… Si lo haces bien, si quedo contenta… tal vez seas liberado del remo. Si no… mañana, lo que quede de ti, estará de nuevo encadenado al remo, pero esta vez, para siempre. – Su primo abrió los ojos desmesuradamente, ¿si le hacía el amor, quedaría libre? ¡Eso estaba hecho! – Túmbate en la cama boca arriba, y abre bien las piernas. – Prima acarició el mango de la fusta, que no tenía látigo ya, y lo untó de aceite

…. Eso, no estaba hecho.
-Prima… ¿qué… qué pretendes….?
-Obedece, Kratos, o te hago encadenar ya mismo

y me traigo aquí al otro al que liberé… no, mejor aún, me hago traer primero al esclavo, te dejo verlo, y luego, hago que vuelvan a encadenarte. ¿Quieres….?
Haciendo de tripas corazón, Kratos se tumbó en la cama y abrió las piernas. Notaba su cara arder, no, no podía ser que fuese a suceder algo semejante… Prima se acercó a él y le acarició el pecho. Su mano hervía y Kratos dejó escapar un suspiro y sus rodillas temblaron cuando la mano de ella bajó

decididamente por su vientre, haciendo cosquillas y llegó al calzón de cuero, única prenda con la que él se cubría. Sin vacilar, tiró de él y se lo quitó. La joven dedicó tal mirada a su hombría, que Kratos estuvo tentado de cubrirse con las manos y hacerse un ovillo en la cama… no había derecho, se sentía tan tímido… ¿no podía haberle tocado en suerte que la chica que se enamorase de él, fuese un poquito más femenina….? comtinuara