Respuesta: Cómo se hace pagar su pobreza a los pobres A escala local, sin embargo, la administración opta cada vez más por unirse al saqueo. En 2009, con un año ya de Gran Recesión, empecé a oír quejas de activistas comunitarios sobre umbrales cada vez más agresivos a la hora de hacer cumplir la ley en zonas de bajos ingresos. Tira una colilla y te detendrán por ensuciar; vacíate los bolsillos a petición de un agente de policía en cualquier control de parar y cachear y acabarás esposado por unos restos de marihuana. Cada una de estas infracciones puede tener como resultado una multa, como mínimo, de tres cifras.
Y la cifra de posibles infracciones que suponen cárcel y/o a multas se ha ido multiplicando temerariamente. Por todo el país – de California y Tejas a Pensilvania – condados y municipalidades han ido endureciendo las leyes contra el absentismo escolar y ampliando el cumplimiento de la ley, llegando a veces incluso hasta a esposar niños encontrados en las calles en horario escolar. En la ciudad de Nueva York es ahora delito poner los pies encima de un asiento del metro, aunque el resto del vagón esté vacío, y una mujer de Carolina del Sur pasó seis días en la cárcel cuando no pudo pagar una multa de 480 dólares por el delito de tener el "patio en desorden". Algunas ciudades, – muy recientemente, Houston y Filadelfia – han convertido en delito compartir comida con indigentes en lugares públicos.
Ser pobre no es en sí mismo un delito de momento, pero al menos en un tercio de los estados, tener deudas puede acabar contigo en la cárcel. Si un acreedor como un casero o una empresa de tarjetas de crédito consigue una citación judicial dirigida a ti y no compareces en la fecha prevista en el juzgado, se emite una orden judicial de detención. Y es fácil pasar por alto una citación judicial, que puede haberse enviado a una dirección errónea o, en el caso de un repartidor negligente, que se tire simplemente a la basura – una práctica tan común que el sector tiene incluso una denominación para ello: "servicio de alcantarilla”. Siguiendo una secuencia que, según informa la National Public Radio, resulta "cada vez más común", se detiene a una persona por cualquier infracción menor de tráfico – tener un silenciador que hace ruido, digamos, o un piloto del freno roto –, momento en el cual el agente descubre la orden judicial y el involuntario infractor acaba en la cárcel en un abrir y cerrar de ojos.
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