LOLO JONES, VALLISTA ESTADOUNIDENSE
-"¿Se imagina cuál será la primera pregunta?".
Lolo Jones, 29 años, vallista estadounidense, está aturdida con la pregunta del periodista. "No, ni idea", responde para salir del paso. Se podría decir, sin dudar, que mirándole a los ojos hay sinceridad tras la sentencia que aceleró su popularidad en mayo.
Que no fue ninguna estrategia de marketing. "Es más duro mantenerse virgen a los 30 que entrenarse", dijo a la Hbo. Y su nombre se elevó a las letras gruesas.
"Lo que quería decir", explica la joven en Madrid, en víspera del mitin que este sábado (19.30) se celebra en las pistas de Moratalaz -uno de los dos que afrontará para ponerse a punto de cara a Londres-, "es que los entrenamientos para preparar unos Juegos pueden resultar horribles, pero tengo 29 años y también hay veces en que hay que ser valiente para evitar la tentación de dejar de ser virgen".
Las lágrimas de Pekín
En esta ocasión, las palabras han corrido más que sus piernas. Lolo, atleta de una pieza, de Des Moines, en Iowa, donde cada año se celebran los Drake Relays, una interesante competición de velocidad, es campeona del mundo -Doha 2010- de 60m. vallas. Y podía haberlo sido en los Juegos Olímpicos de Pekín de 100m vallas, cuando dominaba la final, pero tropezó con el obstáculo 9 (de 10) y le pasaron seis. Mientras Dawn Harper celebraba el oro, Jones lloró arrodillada. La vida le había vuelto a poner la zancadilla.
"¿Sabe?, prefiero no mirar atrás. No sirve para nada. Fue duro. Hay que doblar la esquina y mirar hacia el siguiente objetivo", dice Lolo, apodo que le puso su madre Lori para diferenciarla de ella. "Ella va a estar en los Juegos. Ya estuvo en Pekín. Es ilusionante que venga a verme".
Que una madre vaya a ver a su hija a una competición es rutinario, pero no en el caso de Jones, crecida en una familia desestructurada, cuyo padre se perdió la juventud de la chica entre el ejército y una prisión federal. Su familia -cinco hermanos- vivía en el sótano del Ejército de Salvación de Des Moines, Lolo cambiaba cada dos por tres de colegio -"creo que estuve en siete, cuatro en enseñanza media seguro y creo que en otros tres en primaria", cuenta- y robaba. "No joyas, comida. Congelados".
Estar en el fondo
En ese panorama, el deporte y la biblia fueron las vías de escape. Antes del atletismo se interesó por el baloncesto y por otros deportes: "Se trataba de hacer algo con los otros chicos, de hacer algo divertido. Mi vida fuera de ahí no lo era", suelta con sinceridad. "Han pasado muchas cosas locas en mi vida, pero esas cosas malas sirven de motivación. Me han hecho más fuerte. Aprecias más el triunfo cuando has estado en el fondo. Donde yo estuve".
EL DATO
12.43en 100 m vallas, que logró en las series de Pekín 2008, es la mejor marca de Lolo Jones
Jones vive ahora en Baton Rouge, en Nueva Orleans, donde en las tardes libres, que son pocas, aún coge de vez en cuando un viejo violín y toca. Aprendió en la pubertad, cuando comenzó con el atletismo con 13 ó 14 años, la temporada previa a dedicarse a las vallas. "Yo me sentía muy rápida, pero no sabía exactamente cuánto. Vivíamos en una comunidad pequeña, no era Florida y California, no había referencias". Éstas llegaron en la universidad, en Louisiana State, donde aprendió un poco de español, "muy poquito y me da vergüenza hablarlo porque no lo hago bien", apunta acelerada. "Soy muy nerviosa, por eso me cuesta concentrarme en la biblia en las horas previas a la competición. Me da paz leerla e intento hacerlo a diario, aunque prefiero escuchar hablar de ella. Ahora con las aplicaciones para los Iphone, los Ipad es todo mucho más fácil".
Una carrera meteórica
Su leyenda se forjó en la Universidad, con dos títulos nacionales entre 2003 y 2004, incrustándose entre las mejores marcas de la historia de la NCAA. Paró el crono en 8.00 en los 60m vallas y por debajo de 13 en los 100. Luego llegó el fiasco de los trials para Atenas, antes del profesionalismo, donde sumó dos oros en los Mundiales indoor de Valencia y Doha. Finalmente, ese terrible frenazo en Pekín.
Dentro de su desdicha, el hilo de esperanza para una chica con sangre africana, estadounidense, francesa y noruega -"es por mi abuela materna, pero me pierdo", explica- fue que el desenlace de Pekín vino motivada por la enfermedad: Jones sufría una lesión espinal que le hacía perder sensibilidad en los dedos de los pies. El médico le tocaba un dedo y ella no era capaz de distinguir cuál. Si no se hubiera diagnosticado a tiempo, Lolo estaría retirada.
Ahora mira hacia Londres, mientras los curiosos se agolpan tras su figura. En las redes sociales deja caer que quiere un marido que "no fume, sea deportista y no tenga hijos con otras mujeres".
"Hay mucha gente", insiste, "que no está de acuerdo con mi modelo, pero es mi decisión. Dura, pero valiosa. Al fin y al cabo es lo que quiero regalarle a mi marido. Ahora, con los Juegos cerca, todo se sobredimensiona, pero no va a influir en lo importante del mensaje: en América, los jóvenes están expuestos a muchos reality shows con gran carga sexual. Muchas chicas dan a luz bebés a muy temprana edad, de modo que deberían ser más conscientes a la hora de acercarse al sexo".