Denunciante Bronce
| Un mundo de contrastes
Calificación: de
5,00 | Hemos viajado a uno de los lugares más fríos de la Tierra en busca de organismos que proliferan en medio de un calor extremo. Allí, donde el sol no se pone durante cuatro meses, examinamos formas de vida que habitan en la oscuridad más absoluta. Bienvenidos a un mundo antártico del revés.
La luz solar se filtra a través de la bóveda de una cueva de hielo en el monte Erebus,
el volcán activo más austral del mundo.
Una combinación de cuerdas y escaleras de mano permite el acceso a la cueva Warren, un laberinto de
corredores formados por la fusión del hielo debida al calor del volcán. Pequeñas corrientes de aire
probablemente han formado las ondulaciones cóncavas que hay alrededor de la entrada de la cueva.
Un universo de contrastes: hielo y nieve en primer término; debajo, un lago de lava. El monte Erebus es
uno de los pocos volcanes con un lago de lava permanente en su interior. Cuando se tomó esta
fotografía, el volcán estaba en reposo. Pero a menudo entra en erupción, arrojando bombas de lava a
gran altura.
En un atardecer despejado, el cráter principal del volcán está tranquilo y solo expulsa unas pocas
bocanadas de vapor. Junto a él, otro cráter, actualmente extinto. Al fondo, el paisaje onírico de la
banquisa y el océano se extiende hasta las montañas y los valles secos del continente antártico.
Es medianoche, pero con tanta luz cuesta abandonar la exploración de las torres de hielo. Esta es una
de las más grandes del Erebus, aunque el flujo ascendente de calor y humedad ha provocado el
derrumbe de uno de sus lados. A lo lejos, detrás de otra torre de hielo, se extiende la península de Hut
Point.
Una luz verdosa se filtra a través de una chimenea totalmente cubierta de cristales de hielo en la cueva
Warren. Los científicos descendieron por esta cueva de hielo, horadada por los gases calientes del
Erebus, para recuperar una sonda que mide la temperatura del suelo volcánico.
En el interior de las cuevas, el aire caliente y húmedo del volcán se congela y forma cristales de hielo,
que crecen adoptando las formas más diversas dependiendo de la circulación de las corrientes de aire.
En la imagen, un miembro del equipo investiga los corredores de la cueva Hut.
Stu Arnold, de Antarctica New Zealand, sujeta un taladro mientras el microbiólogo Craig Cary lo dirige
hacia el interior de la pared de una torre de hielo. Momentos más tarde, grita de alegría: han conseguido
un testigo de hielo perfecto, que esperan contenga microbios procedentes del interior del volcán.
El microbiólogo Craig Cary repasa sus notas bajo la bóveda azul de una cueva de hielo, donde tomará
una muestra del suelo para examinar los microorganismos que contiene. La luz azulada se filtra a través
del delgado techo de hielo de la cueva, que está muy próxima a la superficie.
Un cristal de exquisita factura cuelga de la cueva Warren. De noche se formaban cristales similares
dentro de la tienda de campaña de los investigadores. El aliento se congelaba al entrar en contacto con
la pared de la tienda y los científicos amanecían con una profusión de cristales de escarcha sobre sus
cabezas. 
__________________  "Aún hay vagos destellos de civilidad en este matadero salvaje que alguna vez fue la humanidad" . |