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Antiguo 18-05-2012 , 20:37:14   #2
jodido_pateo
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Predeterminado Respuesta: Andrés Parra, prisionero en el cuerpo de Pablo Escobar

Hay que contar lo que pasó
Desde las primeras conversaciones con Juana Uribe, vicepresidenta de Caracol Televisión y productora de la serie Escobar, el patrón del mal, a Andrés Parra le quedó claro que el compromiso era no contar la historia de Escobar como tal, sino dibujar una radiografía de todo lo que ocurrió en los años aciagos en los que el capo puso en jaque al país a punta de terrorismo indiscriminado y asesinatos aleves. Pero ni él ni Juana, ni ninguna de las cientos de personas involucradas en el proyecto, saben en realidad qué va a ocurrir cuando la serie salga al aire. “Es como una flecha que uno lanza en una dirección –dice Parra–, pero en el trayecto puede pasar de todo: cambia el viento, cambia la temperatura, se atraviesan obstáculos… uno no sabe exactamente si la flecha va a caer donde uno quiere. Lo único que sé es que yo ya la lancé”, sentencia. Luego saca de su maleta un cuaderno con el retrato de Pablo Escobar pegado en la carátula: la foto del capo con el número de registro de la primera vez que fue reseñado en prisión, muchos años antes de que se entregara en La Catedral. “Mire, aquí está todo lo que sustenta mi trabajo”. Es un cuaderno de colegial escrito a mano con todos los apuntes que le permitieron darle vida a Escobar, decenas de hojas donde están anotadas una minuciosa biografía extractada del libro La parábola de Pablo, de Alonso Salazar, las características sicológicas del personaje, sus manías, sus frases, su forma de actuar… junto con algunas fotos, recortes de prensa y hasta facsímiles de cartas escritas y firmadas por Escobar. Ni más ni menos, el punto de partida desde donde lanzó la flecha.
Semejante saeta, capaz de quemar si uno quiere atraparla con la mano, fue concebida hace aproximadamente tres años en los cerebros de Juana Uribe y Camilo Cano. Después de darle vueltas al asunto, llegaron a la conclusión de que el país estaba maduro para enfrentar esa historia, la de una Colombia que, después de Escobar, ya no fue la misma. Ambos, Juana y Camilo, fueron víctimas directas de esa guerra atroz desatada por Escobar. Juana es hija de Maruja Pachón, secuestrada por el capo para presionar la inconstitucionalidad de la extradición, y sobrina política de Luis Carlos Galán, el líder asesinado en la plaza de Soacha, en Bogotá, cuando era candidato presidencial. Camilo es hijo de Guillermo Cano, el director de El Espectador asesinado por los sicarios de Escobar por la férrea posición moral del periódico frente a la mafia del narcotráfico. Ambos, en consecuencia, eran conscientes de lo delicado que era construir una historia que no fuera una apología. El compromiso fue, en cambio, contar la verdad teniendo en cuenta a las víctimas, de quienes entregaron su vida enfrentándolo.
“Todo lo que estamos viviendo hoy viene del fenómeno del Cartel de Medellín, fue algo que nos marcó para siempre”, afirma Camilo mientras le sirven un té en la cafetería en la que nos pusimos cita para hablar del tema. “Por eso, antes que echarle tierra, toca contarlo como fue, con la responsabilidad que eso implica: la verdad, aunque la serie no sea documental sino ficción”. Camilo habla como si estuviera reviviendo momentos durísimos, con la voz triste de quien remueve recuerdos que aún le cuesta trabajo pronunciar. “A mí, en particular, la serie me sirvió para poder decirle a mi papá todo eso que nunca le dije cuando estaba vivo, cuando nadie imaginaba que lo fueran a matar”. Se refiere a una carta que en la serie, en la ficción, lee la nieta de Guillermo Cano la noche en que lo matan a la salida del periódico, y que reproduce todo lo que sienten por él sus seres queridos.
Camilo se queda un rato en silencio, y continúa: “En realidad es un poco atrevido narrar lo que pasó con el Palacio de Justicia, lo que pasó con Galán, con mi papá, con Lara Bonilla… nombrándolos con nombres propios, pero era la única forma de enfrentar la historia como fue: un recuerdo nacional imperecedero”.
Juana, por su parte, se encargó de enrumbar el proyecto. Entre las toneladas de volúmenes sobre el tema, se decidió por uno: La parábola de Pablo, escrito por Alonso Salazar. A su modo de ver, era un libro periodístico serio, equilibrado, sobre el que no ha habido discusión jurídica alguna. “Tenía la objetividad para reunir la información que se necesitaba para la serie”. Sin embargo, se trata de una versión libre, alimentada también de artículos de prensa, revistas y publicaciones de otros medios de comunicación.
El reto no solo era convencer a Caracol de que se le midiera a la producción, sino a muchos de los protagonistas de la vida nacional para que pudieran aparecer sin cambiarles el nombre. Finalmente las familias de Galán, de Cano y de Lara Bonilla ofrecieron su aprobación, al igual que los expresidentes César Gaviria y Andrés Pastrana y la familia de Alfonso López. “Es positivo que los colombianos no tengamos pudor de contar esa historia –afirma Juana–. Hemos visto en televisión historias glamurosas de capos menos conocidos. En esas series se hablaba, por ejemplo, de un periodista o un candidato presidencial que se enfrentaban a un narcotraficante, pero faltaban los rostros, no tenían nombre. Espero que los jóvenes que vean la serie sepan por qué murieron esas personas y vean cómo el narcotráfico permeó la sociedad”.
Un antisocial agresivo sádico
Ni siquiera Andrés Parra lo tenía muy claro. Él era apenas un niño cuando la sombra de Escobar comenzó a cubrir la vida de los colombianos. Tenía 10 u 11 años cuando sufrió en carne propia el terrorismo, una madrugada en el barrio Pasadena, de Bogotá, donde estalló una bomba que él no sintió. “Me despertó la empleada de la casa para preguntarme si estaba bien. Luego vi que la ventana de mi cuarto estaba rota y la cortina me había protegido de los vidrios. Salí corriendo a la calle 100 a ver los destrozos, pero nunca escuché nada”. El otro recuerdo vívido es el del asesinato de Galán. “Estábamos de paseo en Honda, un viernes en la noche, cuando nos enteramos de su muerte. Recuerdo muy bien el silencio sepulcral que invadió la sala durante varios minutos”. Solo cuando empezó a estudiar el personaje, el año pasado, se enteró de las dimensiones de lo que había ocurrido con Escobar. Y lo que es más triste: “Me di cuenta ahora de que el país no aprendió nada”.
En su afán por encontrar los hombres perfectos para encarnar a todos los protagonistas de la serie, empezando por Escobar, Juana Uribe removió cielo y tierra: “Prácticamente pasaron por el casting todos los actores hombres entre los 30 y 50 años”. Parra, mientras tanto, andaba grabando La bruja y, a pesar de los rumores sobre su solvencia para interpretar a Escobar, prefirió no ponerle muchas bolas al asunto. Aun así, decidió investigar un poco para que el ofrecimiento no lo cogiera con los pantalones abajo. En julio del año pasado recibió la invitación para el casting, pero de entrada las cosas no funcionaron. “Yo estaba muy gordo y cuando Juana me vio, lo primero que dijo fue: Usted lo único que sirve es para el Escobar del tejado”. Sin embargo, cuando le tocó interpretarlo frente a las cámaras, con las declaraciones públicas de Escobar como libreto, la sensación de Juana comenzó a cambiar. “Usted puede hacerlo, pero le va a tocar rebajar peso en tiempo récord”.
Así lo hizo, en escasas semanas bajó de 110 kilos a 93, y de todas maneras, en algunas escenas le ha tocado usar una faja.
La labor de maquillaje fue asombrosa. Fady Flórez, un artista plástico que llegó a la televisión casi por casualidad, asumió el desafío de lograr un rostro idéntico sin que resultara una caricatura. Tras varios meses de ensayo/error, descubrió por internet la técnica de un artista que intervenía fotografías con acuarela, y se inventó un maquillaje soluble en agua gracias al cual pudo reproducir en el rostro de Parra las características propias de Escobar: las bolsas de los ojos, la frunción del ceño, determinadas arrugas en los gestos, los pómulos hinchados, la papada… “Todos creen que Parra es igualito, pero el secreto es un maquillaje muy bien elaborado”, afirma Flórez.
La mayor dificultad fue el pelo, no tanto porque Flórez no supiera cómo peinarlo, sino porque en Colombia no había nadie capaz de hacer una peluca que dejara ver el cuero cabelludo. “Tocó mandarla a hacer en Los Ángeles, donde hay verdaderos expertos. Y además fueron dos, por el trajín que exigía la serie. Cada una costó 1.500 dólares”. La barba poblada y canosa que luce Escobar en sus últimos días, y que costó 800 dólares, también fue obra de artesanos californianos.
Pero nada de eso supera la interpretación de Parra, gracias a la cual Escobar parece redivivo. Nada fue dejado al azar, entre otras cosas porque este ha sido el primer personaje sobre el que Parra no tiene la libertad de darse licencias. “Cada personaje uno lo va creando y le agrega cosas propias para componerlo y hacerlo creíble, pero con Escobar no había manera de impostar nada” –afirma el actor–. Cada noche, en su casa, escuchaba con audífonos las declaraciones del capo para apropiarse de su manera de hablar, de su respiración, de su acento. Veía videos por internet y se quedaba dormido acostado en la cama con el computador en el pecho. “Durante un mes soñé con él, lo veía sentado en una silla de congresista, hablándome. Siempre el mismo sueño. Hasta que un día tuve la sensación de que algo de él me había conectado. Yo no creo en esas vainas sobrenaturales, pero siento que algo pasó ahí. Hasta ahora me he sentido bien, porque estamos grabando los comienzos. Pero no quiero imaginar qué sucederá cuando me toque interpretar al Escobar endemoniado”.




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"La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella"

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Última edición por jodido_pateo; 18-05-2012 a las 20:42:05
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