- Cristina
- ¿Qué?
- No te voy a quitar las bragas… como tú querías
- Métemela ya por favor
- ¡Calla, yo decido cuando te uso!”
- Por favoooor… -antes de que siguiese hablando se la metí de un golpe- ¡¡ARGGGHHHHHH!!
Era parte del juego mostrarme duro. Ella sacaba el culito para que le entrase más y más, y la vi que se estaba mordiendo la mano con la que se tapaba la boca. Sentía como se movía y todo su cuerpo. Su terso culito, ya con marcas del bikini, sus pechos que estaban fuera de la ropa. La verdad es que tenía la sensación de que estábamos haciendo mucho ruido, pero no sería así pues nadie reparaba en nosotros. De hecho, ahora no se oía que hubiera nadie. Estábamos casi en silencio. Me estaba concentrando para durar mucho tiempo. Me estaba follando salvajemente y por segunda vez a una de las mejores hembras de la Facultad, varios años mayor que yo.
Una vez más sonó la puerta exterior de los aseos abriéndose e, instintivamente, mantuvimos silencio. Me detuve en mis movimientos, pero manteniendo mi dura y gruesa polla ensartada hasta el fondo de su ser. De repente algo nos sobresaltó
- ¿Cgggistina? ¿Cggistina? –era el holandés-
- Shhhh no digas nada –acerté a susurrar-
El imbécil, preocupado por la tardanza de su chica había decidido entrar a buscarla. Cristina se acojonó. Se quedó quieta como una estatua y yo, comencé a mover muy suavemente mis caderas saliendo un poco de su húmeda cavidad para volver a entrar hasta el fondo del todo. Por forzar más la situación, con una de mis manos tomé uno de sus pezones y comencé a presionarlo entre mis dedos y a tirar suávemete de él. Ufffff si ya era emocionante la situación, el peligro de ser descubiertos lo acentuaba aún más.
- ¿Cgggistina? ¿Cggistina? ¿estás ahí? Are you there?
Cada vez se oía más cercana la voz de su novio. La verdad es que acojonaba, pero yo estaba decidido a mantenerme escondido. “¿Cggistina?” Dios mío, ya estaba delante de nuestra puerta que debía ser el único retrete ocupado. El cuerpo de Cristina comenzó a temblar incontroladamente y, para mi sorpresa, su sexo empezó a convulsionarse envolviendo a mi verga. Cada segundo notaba un espasmo más fuerte que el anterior. Mientras veía claramente cómo se mordía la mano para no hacer ruido. La muy zorra se estaba corriendo descontroladamente a escasos centímetros de su novio. Eso es lo que más cachonda la ponía. Yo no pude aguantar más y también empecé a vaciarme dentro del palpitante y caliente coño de la novia del animal que estaba al otro lado de la puerta, en una corrida intensa y abundante. La puerta exterior de los baños se abrió otra vez:
- ¿¡Pero qué hace un tío aquí!? –Se oyó una voz femenina indignada con la presencia del “perfecto” holandés en el baño de las chicas- ¡Este es el baño de chicas, fueraaaa!
- Vale… ya me voy ¿puedes mirggag quien está en ese toilet? –dijo con su característico acento-
- ¡Que te vayas! ¡Fuera! O llamo al de seguridad…
Ufffffffffff suspiramos los dos al unísono cuando notamos la puerta cerrarse detrás de él. Nos habiamos salvado por la campana. Nuestra salvadora seguía despotricando sola sobre el hecho de que un chico haya entrado en el baño de chicas. Quizá pretendiese que desde el retrete que ocupábamos una chica dijese algo, pero Cristina no estaba para hablar. Aún temblaba y nos manteníamos en silencio. Cristina tenía las manos en la pared y respiraba fuertemente, recuperándose del tremendo orgasmo que la habíamos proporcionado su novio y yo. Cada uno con su aportación. Yo aún tenía mi polla dentro de ella, pero notaba como poco a poco empezaba a desinflarse y a resbalarse hacia fuera por el exceso de humedad.
Momentos depués contemplaba sentado sobre la tapa bajada del inodoro, como Cristina había sacado un paquete de clínex de su bolso y se limpiaba el sexo aún inflamado sin darse la vuelta a mirarme. Me levanté y desde atrás la besé en la mejilla. Ella debía tener una empanada mental importante porque tras un gesto de

o, cambió a una mirada cariñosa hacia mí. Le pedí que se diera la vuelta, quería verla limpiarse y recomponerse. Esta vez mis órdenes eran cariñosas, y ella, riendose por dentro, terminó de limpiarse frente a mí. Luego subió su tanguita y, con un gesto delicioso soplando con sus labios, me hizo ver que estaba frío porque aún estaría húmedo. Una vez colocado, se bajo y estiró el vestido quedando frente a mí otra vez la misma diosa a la que yo admiraba. Su mirada ahora era como la de una persona adulta que mira indulgente a un chico después de haber hecho una travesura. Supongo que la mía era del orgullo y satisfacción que tenemos los hombres en estos casos.
- ¿qué hacemos?
- Primero besarme –Dije poniéndome en pie- y luego sales, dices que te acompañe a casa que te encuentras mal, y me mandas un sms cuando estéis lejos… y no tardes
- Jaja, das miedo. Lo tienes todo pensado…
- ¿Qué te creías? Me gusta hacer las cosas bien –dije presumido, orgulloso de mi gesta de hacía unos minutos-
- Ten cuidado, no venga la bruja que ha echado a Johann… voy a pintarme un poco.
Y se fue con la elegancia propia que sólo tienen las mujeres atrevidas, quedándome en el cubículo tratando de retener en mi memoria los momentos pasados. No fue la última vez que Cristina estuvo en mi poder,