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Antiguo 25-04-2012 , 11:28:01   #4
ShadowLC85
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ShadowLC85 el Usuariox va por buen camino
  
Predeterminado Respuesta: Morbo en la Biblioteca

No pasó nada más. Yo me quedé con un calentón brutal y ella creo que también. Esta vez no tomó medidas contra mí y los siguientes días repetimos el episodio. Mi “masaje” con el pie duraba entre 5 y 10 minutos, y era flipante ver cómo sus mejillas se sonrojaban mientras miraba de reojo a un lado y a otro, o los mantenía cerrados unos segundos. A la muy perra la debía poner caliente el riesgo, y venía todos los días con un vestido. Más aún, empezó a sentarse un poco más hacia el fondo de la biblioteca, en una zona más discreta, donde era más difícil que alguien apreciara nuestra maniobra. Además, allí las mesas eran más estrechas y mis movimientos eran más fáciles y más “profundos”. Con algo tan inocente, la explosión de adrenalina que suponía hacerlo estando su novio presente era brutal y ponía mi polla como una roca.

No obstante, mi mente no hacía más que maquinar la manera de dar una vuelta más de tuerca al asunto. Alguna vez, saliendo a fumar conmigo, quise sacar el asunto en nuestra conversación, pero ella cambió rápidamente de tema y dijo que se metía de nuevo a la biblioteca. Entendí perfectamente. No quería tener un amante ni ir más allá. Le bastaba con calentarse como una cerda mientras un chavalito de barrio “abusaba” de su confianza introduciendo el pie dentro de su falda y llegaba a sus bragas. Para mí no era bastante, ya había probado las mieles de su cuerpo y estaba obsesionado con repetir. Sus feronomas, impregnadas en mi me hacían sentir como animal primario dispuesto a todo, y más cuando percibá los modos dominantes en los que la trataba Ken y su actitud sumisa.

Pasaron un par de semanas cuando se me ocurrió el siguiente movimiento: Hacer discretamente fotos con el teléfono móvil bajo la mesa, de modo que se viera mi pie entre sus muslos. Era arriesgado porque casi siempre estaba Ken, pero eso me aseguraba que ella no iba a hacer nada raro como intentar quitarme el móvil. Estaba todo pensado. A la segunda vez que lo hice, ella se percató y me miró enfadadísima. Entonces, sonriendo y aparentando calma, la escribí un sms “Cris, si quieres que me porte bien y no diga nada, levantate al aseo, quítate las bragas y vuelve con ellas en el bolso”.

Me miró boquiabierta. Pero con un gesto de mis ojos hacia el baño, moví mis labios imperativamente diciendo “¡Vamos!”. Ella automáticamente se levantó y se fue. Esta vez tardó casi 10 minutos en volver, pero algo me decía que obedecería mis órdenes. Volvió con una cara indescriptible, más de enfado que de otra cosa, mientras yo simulaba estar absorto en mis estudios. Yo también estaba nervioso, pese a que trataba de aparentar seguridad. Pensé que se habría ado y se me acabaría el chollo. Así que salí a fumar. Ella no me acompañaría. Cuando estaba Ken no lo hacía.

Fumaba algo abatido, pensando que esta vez me había pasado empleando un pequeño chantaje, lo que nunca en mi vida había hecho. Mi sorpresa llegó cuando mi movil recibió el “bip bip” de un mensaje. Era de Cristina: “Eres un cabrón. No sé como te atreves con Johann (Ken) delante. Me has puesto tan caliente que he tenido que tomar algunas medidas jaja. Esto era lo que querías ¿no?”. Y a continuación había una foto de una prenda blanca colgada cuidadosamente en el pomo de la puerta del WC. Joder, os podéis imaginar el subidón que me produjo. Era la confirmación de que deseaba seguir jugando conmigo, y yo la iba a convertir en una depravada. Eso sí, siempre en la clandestinidad. Esa era la gracia del juego.

Terminé mi cigarro y entré con calma y media sonrisa a la biblioteca. Evitaba poner atención en ella y trataba de estudiar, aunque tenía un mensaje preparado en el móvil para enviárselo. Ahora era ella quien me miraba con curiosidad, y yo me hacía el distraido estudiando. Pasados unos 15 minutos, saqué mi móvil y le mandé el mensaje “Cerca de aquí hay una zorrita que no lleva bragas. Quiero que abra las piernas ahora mismo!”. Pretendía hacerla obedecer órdenes, a la vez que introducía palabras sucias entre nosotros. Sorprendentemente, ella había quitado el sonido a los mensajes y tenía el móvil al otro lado del bolso donde no lo viera Ken. Haciéndose la distraida, miró su mensaje y, tratando de no prestarme atención, abrió sus piernas como la había ordenado.

Joder. Qué momento. A mis 18 años descubrí el morbo del dominio con una diosa así. Esta vez sí estaba nervioso y casi no me atrevía a hacer nada. No sé por qué, pero ahora sí pensaba que nos iban a pillar. Llegado a este punto tenía que seguir, así que saqué fuerzas de flaqueza y metí mi pie entre sus piernas llegando a su chochito, únicamente cubierto por las medias. Uffff notaba su calor y su humedad. Cristina frotaba sus ojos con sus manos abiertas simulando descansar. Yo sabía que estaba a punto de estallar. Yo también lo estaba. Me mantuve así un ratito corto y luego, tratando de no se apreciara mi erección bajo los vaqueros, recogí las cosas con rapidez y me fui a casa a encerrarme en el baño. Según estaba haciéndome la mejor paja de mi vida rememorando los momentos pasados, llegó un mensaje de Cristina “Sé lo que estás haciendo. Eres un guarro. Yo también he tenido que volver al WC. He dicho a Johann que me encontraba mal ”.

A partir de aquí, nuestra “relación” se revolucionó. Continuamente nos mandábamos mensajes guarros. Especialmente cuando había gente delante. Ambos teniamos asumido que era sólo un juego morboso. No hablábamos del tema entre nosotros, sólo miradas cómplices y mensajes. Para no levantar sospechas, ocasionalmente me dejaba ver por allí con Marta, mi chica que se parecía a Cristina, y que sin saberlo “pagaba” las consecuencias de nuestra historia. Supongo que el imbécil del holandés también salía beneficiado, aunque paradójicamente a mí me hacía sentirme superior a él por el hecho de que su linda novia con quien se ponía realmente caliente era conmigo. En realidad, estaba “trabajando para él”, manteniendo excitada a su novia. Incluso tenía una pequeña colección de bragas suyas escondidas en casa, y yo mismo le marcaba el tipo de ropa interior que debía llevar. Eso me hacía sentir que tenía poder sobre ella y me excitaba sobremanera.

Se acercaba el fin de curso y nuestro juego se mantenía. Ahora era incluso más morboso, porque el tiempo era muy bueno y la ropa era más ligera, aunque yo debía llevar siempre vaqueros u otro pantalón que disimulase mis continuas erecciones. Después de tanto empeño por mi parte para follármela, al final todo llegó por casualidad. Ese día llegó Cristina con Ken y me pareció más guapa que nunca. Llevaba un vestido ligero amarillo clarito con escote y manga corta, como de algodón, y unas sandalias de tiras de cuero marron. Debajo del vestido se adivinaban las formas de un tanga. No mostré mucha atención al saludarla, dije un simple “hola” y volví la cabeza a mis apuntes.

No obstante, al cabo de unos minutos ya estábamos con nuestro “juego” y mi pie rozaba la cara interior de sus rodillas. Rápidamente se mostraron visibles los puntos de sus pezones bajo su sujetador y vestido. Eso me encantaba. Después de un rato de caricias bajo la mesa y miradas cómplices, le mandé uno de mis mensajes habituales de esos días “Cristina, ve al baño que quiero tener ese precioso tanga en mi colección. Y no te entretengas”. Para mi sorpresa, ella me miró y con un leve movimiento de labios me dijo “no puedo”. Yo sabía que no tenía la regla porque la acababa de tener hacía unos días. Me sorprendió, pensé que se negaba a cumplir una “orden”, así que insistí con otro sms “Quiero que lo hagas. Vamos!”. Esta vez sí se levantó, pero el gesto de su cara decía que no lo iba a hacer. Efectivamente, al minuto me llegó un sms suyo desde el baño “no puedo, se va a notar”.

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