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Antiguo 25-04-2012 , 11:25:48   #2
ShadowLC85
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ShadowLC85 el Usuariox va por buen camino
  
Predeterminado Respuesta: Morbo en la Biblioteca

Estaba enamorada. Algún día, en plan broma, cuando la notaba tensa con los estudios, le decía que tenía que relajarse “nos fumamos juntos un porrito y nos vamos con la moto a un sitio chulo que conozco donde puedo hacerte algo relajante…” y luego añadía “darte un masaje, no pienses mal jajaja, que además te ahorras el fisio”. Ella sonreía ante mi ocurrencia pero me decía “No puedo, tengo novio”.

Pero como a veces la suerte ayuda a los audaces (como decían los latinos), un día llegando a media tarde a la biblioteca la encontré en la puerta, con lágrimas en los ojos y muy nerviosa. Había tenido una bronca con su novio. Al parecer, el imbécil se había dejado el ordenador abierto y ella le había encontrado unos correos electrónicos con su antigua novia holandesa. Los tíos somos un poco cabrones. Incluido yo, que no pude evitar aprovecharme de la situación. Pasé mi brazo por sus hombros, y la llevé a un lugar apartado “vamos Cris, no des a la gente el placer de verte hecha polvo”.

Ella se dejaba guiar sin saber que se estaba metiendo en la boca del lobo. ¿O quizá lo supiese? Jaja lo desconozco pero el hecho es que acabamos sentados en la parte de detrás del aparcamiento, con las espaldas contra el muro, viendo como se hacía de noche. Ella, entre lágrimas, me contaba lo que había visto en el ordenador de Ken y yo, en una maniobra premeditada, la dejaba desahogarse diciéndole las cosas bonitas que a todas las chicas gustan mientras, esta vez sí, la daba de fumar de mis canutos procurando que esta vez estuviesen cargaditos.

- Necesito relajarme –decía-

- Fuma lo que quieras, son suaves, aunque no te pases…

- ¡Joooo eres un sol! Vaya tarde te estoy dando –decía apoyando su cabeza en mi hombro y ya trabándosele un poco la lengua-

Como el buen cazador que estaba acostumbrado a ser (en mi barrio), esperé al momento adecuado pegadito a ella pero sin dejar traslucir mis verdaderas intenciones. Era un caso de libro: Cuando noté que había pasado la fase de o, la de nostalgia, y ya iba a empezar la fase de euforia, la convencí sin demasiados esfuerzos a montar conmigo en la moto y la llevé al monte de las antenas. Era el sitio ideal: cercano, bonito, solitario y con vistas de la ciudad.

Imaginaos para mí, conduciendo mi moto y sintiendo en mi espalda las duras tetazas de Cristina, que iba partiéndose de risa detrás de mí mientras sus manos estaban sobre mi pecho. Mi pantalón estaba a reventar, pero aún no era el momento de actuar. Sólo cuando llegamos a mi sitio favorito, entre los árboles, y ella estaba boquiabierta con la vista de la ciudad de noche, le planté un beso tierno y suave. Profundo, intenso y cariñoso. No hay chica que se resista a un beso así. Vosotras lo sabéis.

- Cómo besas –dijo divertida y algo borracha-

- Gracias –dije yo aparentando la timidez propia de nuestra diferencia de edad y haciendo que nuestros cuerpos estuvieran muy juntos-

Tenía que actuar rápido, antes de que se arrepintiese de lo que iba a pasar o que pasase a otra fase menos conveniente “Ven, guapa, vamos a ver la ciudad” –dije yo mientras colocaba mi cazadora en el suelo junto a un árbol-. Una vez más, noté su actitud frente a las órdenes directas.

Me senté apoyando la espalda en el árbol, mirando el contorno de luces de la ciudad, y mandé a Cristina que se sentase conmigo. Sobre mi cazadora, con mis piernas a ambos lados de su cuerpo, y apoyando su espalda sobre mi pecho podía respirar el aroma de su pelo. Ummmm. Joder, qué delicia. Ambos veíamos la ciudad, mis labios rozaban sus oídos al explicarle cuál era cada barrio, y mis brazos la envolvían. La posición era ideal para mis propósitos. Tenía libre acceso a su cuello, su nuca, sus oídos y cada vez que ella giraba la cabeza, a sus labios. Joder, ¡qué necesitada de cariño estaba! Giraba su cabeza hacia mí para que continuase con mis besos, y yo le susurraba cosas bonitas mientras mis manos se metían dentro de su camiseta. Uffff qué piel más suave bajo sus tetazas, aún no le había soltado el sujetador, pero a través del tejido se adivinaban unos pezones durísimos pugnando por salir de la tela.

No opuso resistencia alguna a mis manos. Más aún, cada vez estaba más tiempo girada uniendo sus labios a los míos y explorando mi boca con su lengua. Había soltado su sujetador y mis manos acariciaban sus tetas ya sin ningún obstáculo. Ufff qué sensación era sentir sus duros pezones cómo se interponían y plegaban entre mis dedos según la acariciaba. No quería estropear nada, pero cada vez me comportaba más atrevido presionándolos y tirando de ellos. Cristina empezaba a jadear como una perra. Ella misma quiso dárse la vuelta y ponerse frente a mí, pero la sujeté firme en esa posición. Me gustaba dirigirla y marcar los tiempos, oponiéndome a su ansiedad. Supongo que los porros influían en su deseo. Después de soltarse ella misma con un gesto los botónes de sus vaqueros, me tomó la mano y la dirigió hacia sus braguitas. Yo detuve el movimiento en la costura, a la altura de su cálido abdomen, jugaba con su ombligo, con el elástico de su prenda íntima y con el suave vello de su pubis, pero voluntariamente no llegaba a su sexo. Quería que lo deseara. Sentía como respiraba y gemía. Si paraba mi mano me decía “sigue… sigue” y trataba de llevármela más abajo pero yo me negaba.

- tócate tú, vamos, obedece que son tu jefe. Hoy mando yo –dije con firmeza-

- Eshhhperaa –contestó con voz de borracha y haciendo ademán de levantarse-

Por un segundo temí que el juego se había acabado. Pero no. Lo que hizo fue levantar su culito para quitarse sus molestos pantalones vaqueros. Ya sin obstáculos, ni corta ni perezosa, metió su mano dentro de sus braguitas y se puso a masturbarse suavemente delante de mí. Yo alucinaba. Desde mi posición veía completamente el pelo moreno de su coño y como sus dedos lo recorrían longitudinalmente haciendo ruiditos. Me mantuve unos segundos más disfrutando del espectáculo, y luego empecé a picarla un poco más:

- Ummm con lo mona que parecías, ahora descubro que eres una chica mala

- Essrsss pp…

- ¿Quéeee? -no entendí del todo bien su respuesta pero por su sonrisa pícara y el colocón de los porros sospechaba que había dicho algo sucio-

- Sssoy una putita… -dijo con voz algo pastosa-

- ¿Sí? Repítelo que no lo he oído bien…

La dejé seguir calificándose con las palabras más cerdas mientras yo cada vez era más duro amasando sus tetazas y tirando de sus pezones. A veces entremezclaba mis dedos con los suyos entre los labios de su encharcado y caliente coñito. Estaba excitadísima y os podéis imaginar cómo estaba yo. No sé como no le hacía daño en la espalda con mi polla que estaba como una piedra. Ella empezó a gemir más y más. Parecía totalmente una película porno “ummmm ummmmggfff sí síiii”. Estaba a punto de correrse, pero no podía permitirlo no fuera a ser que se relajase y no me dejase follarla. Entonces la tomé con brusquedad del pelo y le dije

- ¡Saca la mano de ahí!

- Nooo –dijo melosa-

- Que la saques, ¡joder! –Obedeció-

- Jooo

- ¿No eres una putita? Pues a comportarte como lo que eres, pero conmigo…

Entendió perfectamente lo que pretendía de ella. Rápidamente, se arrodilló ante mí que me había puesto de pie. Obedeciendo un gesto mío, me soltó con ansiedad mi cinturón, despojándome a la vez de mis pantalones y calzoncillos. Vi un gesto de aprobación en su cara cuando vió lo que escondía debajo. Mi polla estaba completamente empalmada apuntando al horizonte. Ni corta ni perezosa la metió en su boca y golosa se puso a saborear todos los liquidos preseminales que allí había. Se notaba que era una experta. Con una mano la tomó del tronco y la dejaba resbalar entre sus labios hasta lo más profundo, mientras con su lengua estimulaba la punta. Por aquel entonces nunca me la habían chupado tan bien. Era una auténtica profesional. Quitó la otra mano de mi cadera y se dispuso a llevarla de nuevo a su coñito desnudo.

- No se te ocurra tocarte, sólo lo harás cuando te de permiso

- Gggfrfagg –protestaba-

- Aún tienes que mejorar tu trabajo de chupapollas –Yo estaba crecido, y además notaba que cuanto más sucio la hablase, más excitada estaba- y abre las piernas, me gusta que mi zorra abra las piernas cuando no lleva bragas…

Por supuesto, mis palabras eran órdenes para ella. Era bestial la sensación. Incluido el hecho de tener a una chica a la que admiras desnuda de cintura para abajo y comportándose como una guarra arrodillada ante mi polla. Yo estaba en un estado de gozo tal que dudaba si correrme en su boquita aún perdiendo la opción de podérmela follar después. Con mi mano acariciaba su cabello que me parecía el más suave que había tocado nunca.

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