El calor interno sudaba mi suplicio
temeroso pensaba qué pudo haber pasado
mas tu recuerdo tierno me mantuvo en la línea
tu sonrisa blanca relució ante la partida.
Una hebra dorada encontré colgada
me alegre como niño y suspiré al dejarla
ahora veo que sin ti estoy perdido
quiero tu soliente presencia en mí y no un olvido.
Distancia separa tus manos y las mías
el aleteo tierno para mi todos los días
el camino pedragoso mucho puede terminar
¿será que todo lo que dices es verdad?
El hilo dorado reposa expectante
tu cuerpo dolido, descansado y adoptante
esperando a ser curado y salvado
del mal de la agonía del dolor añejo.
La llegada a tu cuarto oscuro me ha quebrado
por esos colores rojos que no había avisado
el odio broto por todas las paredes
dando vueltas a mi alma hecha tirones.
Oscura es la manera en que ahora te recuerdo
como un demonio silencioso
conjuraste pacto sublime y así me enganchaste
a una espera eterna y a un dolor distante.