Entonces bajé mi lengua, y empecé a pasársela por todo su coñito, desde el clítoris, pasando por su rajita hasta llegar a su culito. Lo hice varias veces, muy lentamente y aumentando la fuerza de la presión en cada ocasión. Al final me detuve en su clítoris para chuparlo y morderlo levemente. Notaba que estaba a punto de correrse de nuevo. Entonces paré, la tenía justo donde quería, caliente, chorreando esperando que la follara.
Poniéndome un preservativo, acerqué mi dura polla a su coño y empecé a pasársela por la entrada de su coño.
- ¿Notas lo dura que la tengo?¿Quieres que te folle?
- Siiiiiii, cabrón, quiero que me la metas de una puta vez¡¡¡¡¡
Yo seguía rozándole su coño con mi dura polla, quería hacerla enloquecer y que aumentara su placer cuando la recibiera enterita.
- Así no se piden las cosas….. quiero que me pidas que te folle.
- Fóllame, fóllame, fóllame…..
Rápidamente y sin dejarla reaccionar, me aparté un poco, le escupí en su coño y le pegué dos palmaditas bastante fuertes en todo su clítoris para a continuación meterle mi polla de un solo golpe y empezar a follarla fuertemente.
Tenía el coño ardiendo y chorreando, yo empecé a embestirla con mucha fuerza, después se la sacaba y volvía al martirio de antes, pasándosela por toda su rajita para volvérsela a meter de nuevo.
Me incorporé como pude para que la penetración fuera más profunda, entonces cuando más fuerte se la estaba metiendo, me ensalivé el dedo pulgar y empecé a masajearle el clítoris con una fuerte presión y moviéndolo arriba y abajo.
-Joder carbonazo, me corroooooooo, si, si, siiiiiiiiiiiiiiiiiii…..
- Eso es perra, córrete, quiero que recuerdes siempre esta follada cuando entres en el coche, quiero que nunca olvides lo mucho que estas disfrutando aquí y ahora.
- Siiiiiiiiiiii
Cuando terminó de correrse, se recostó en el asiento. Yo estaba a punto, pero no quería irme de allí sin intentar probar su culito. Así que la puse de lado con las piernas recogidas, dejándome una visión privilegiada de su coñito y su culito.
Con una mano me seguía pajeando yo mismo, y con la otra empecé a pasarle los deditos por toda su rajita, atrapando sus flujos para empezar a meterle poco a poco mi dedito en su culo.
-Mara ¿Te han follado alguna vez el culito?
- Pues sí cariño, hay pocas cosas que no haya probado, pero de eso hace mucho tiempo, así que si lo quieres es todo tuyo, pero trátalo con cuidado que hace mucho tiempo que no entra nadie ahí,jejeje…
Nada más me dijo esto empecé a meterle el dedito, cuando su esfínter se acostumbró, le puse un poco más de saliva y empecé a meterle el segundo. En unos instantes ya la tenía lo suficientemente dilatada para probar con mi polla.
Acerque mi glande a su culito, y tras una leve presión cedió y mucho más rápido de lo que yo me hubiera imaginado ya le estaba abriendo su precioso culo.
-Joder tia, que estrechito, como me gusta. No tardaré mucho en llenarte de lechecita. ¿Dónde la quieres?
-Aguanta un poco cabrón, no pares de follarme el culo, pártelo, así con fuerza….
-¿Te gusta mi polla, verdad zorra?
-Eres un cabrón, y me encanta como me estas follando
Toda esta conversación, con lo calientes que estábamos, no hizo más que aumentar mi calentura, y tras dos últimas embestidas con fuerza para dejarle el recuerdo de mi polla en su culito por última vez, se la saqué rápidamente y quitándome el preservativo me corrí. El primer disparo le llegó a la cara, los siguientes los derrame sobre sus pechos llenándolos con mi leche.
Caímos los dos rendidos, completamente exhaustos y empapados de sudor. La tapicería de cuero de su coche se pegaba a nuestros cuerpos desnudos. Los dos estábamos sin decir nada pero sonrientes y contentos por el placer experimentado.
Nos fuimos limpiando, yo le quité toda mi leche de sus pechos, aprovechando acariciarlos a modo de despedida. Habíamos estado casi una hora, y los dos teníamos algo de prisa.
Después de ayudarla a adecentar un poco su coche e intentar quitar el olor a sexo que allí se respiraba, nos despedimos. Intercambiamos los teléfonos para ver si algún día podríamos compartir algún espacio más cómodo.
En el momento de separarnos nos besamos por última vez, y al tenerla de nuevo tan cerca me volví a empalamar. Le cogí su mano y le hice palpar mi dura polla por encima del pantalón.
Ella sonrió, y sin soltarme de la mano, me llevó a mi coche, subimos en los asientos delanteros, y con una maestría envidiable me volvió a sacar la polla para hacerme una paja.
Me encantan las pajas, y Mara sabía como manejar una polla. Lo hacía fuertemente, cambiando el ritmo constantemente, y sin hacerme daño. Además sin decirle nada hizo algo que me fascinó. Cuando notó que estaba a punto de correrme, dejó de pajearme, simplemente presionó toda la polla hacia abajo dejando mi glande totalmente estirado, notando el placer que hace el frenillo al estirar la piel, hasta que mi polla empezó a contraerse echando varios goterones de leche que fueron a parar a su mano.
Ella los recogió y se los llevó a la boca como si fueran el más suculento manjar. Antes de bajar y despedirnos le di el folio de regalo:
- Toma Mara, para que lo pongas en un cuadrito…
- Cabronazo¡¡¡¡¡