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Antiguo 25-11-2006 , 17:06:13   #194
wirewood
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Predeterminado

¿Ha tenido problemas de seguridad, clientes que la hayan agredido?
Nunca, aunque siempre existe la posibilidad. En este trabajo uno sabe con quién se mete. Yo he aprendido a identificar la voz, los modales, tengo unos requisitos, unas precauciones, yo no voy a ciertos lugares de la ciudad, me fijo mucho en los lugares donde me citan. Yo no voy a una casa, solo voy a edificios, generalmente a apartamentos, confirmo siempre la dirección, el teléfono y le pago a una persona para que esté pendiente, él sabe qué hacer en caso de que algo extraño ocurra. No voy a negar que me he encontrado con personas muy particulares, pero nunca se han pasado de la línea en cuanto a lo físico.
En la página está muy claro hasta dónde puede llegar el cliente, ¿le han pedido hacer cosas fuera de lo común?
Me toca ser todavía más clara porque la gente me pide cosas que no hago como participar en sadomasoquismo o disfrazarme de X o Y manera. No es mi rollo. Hago todo dentro de lo normal. Me piden también sexo anal que es un servicio que sí presto, pero dependiendo de la persona y de mi disposición. Hay días que no quiero, eso me desgasta mucho y a veces no tengo el ánimo.

¿Qué tanto disfruta de lo que hace? ¿Simplemente el dinero es el motivo de este trabajo?
Es muy variable, depende de la persona. Yo diría que en un 50 por ciento es agradable y en otro 50 por ciento no lo es. Hay personas con las que me toca ponerme a pensar en otras cosas: qué voy a hacer al otro día o apenas salga de esa cita. No necesariamente la persona se tiene que ver bien en lo físico. Para mí es muy importante su energía, su olor, su sentido del humor. Hay veces que llego a un lugar y sé que no podría y me voy de inmediato por la presencia del cliente, su actitud, sus modales. Si no me tratan debidamente prefiero irme.

¿Cuál es el perfil de los clientes?
La edad oscila entre los 30 y 45 años, muy rara vez 50, y de vez en cuando de 25 ó 26 años. El 90 por ciento son ejecutivos. Me buscan mucho empresarios del sector financiero y las telefonías, oficiales del ejército, de la policía. También actores de televisión, pero con ellos no me gusta. Son muy prepotentes y a veces me quieren hacer sentir como si yo tuviera que darles las gracias por estar con ellos. Prefiero a los empresarios, personas que sí tienen poder y con las que me siento más cómoda por los apartamentos donde viven, por sus modales, su educación. Ellos me buscan porque no quieren ningún tipo de relación sentimental con nadie y saben que yo no les voy a pedir compromisos. Hay personas que solo necesitan desahogarse, hablar con alguien, que necesitan un abrazo, que puedan expresarse libremente.

¿Hay clientes que se han enamorado?
Una vez me pasó con un tipo muy chiflado que, además, no podía ofrecerme nada como para que yo dejara esto. Estaba obsesionado, me llamaba a diferentes teléfonos, y lo peor es que era de mal gusto, me molestaba. Cuando veo que alguien se obsesiona trato de anotar el celular porque siento paranoia y cuando me llaman no contesto.

A propósito, ¿cómo maneja su vida sentimental, tiene novio?
Vida sentimental no puedo tener. No quiero que ningún hombre si me ve en la calle venga a reclamarme, no soy nada de nadie, no tengo nada. Trato de tener amigos pero tampoco es fácil porque también están pendientes de que a lo mejor me voy a acostar con ellos, la naturaleza masculina. Yo pienso que este trabajo es algo temporal, estoy joven, estoy pensando en otras prioridades, tener ahorros, dinero, ciertas cosas. Después vendrá el amor.

¿Ha pensado en dejar este trabajo?
Muchas veces. Hay días que no quiero saber de nada, me desconecto, me siento cansada física y sicológicamente. No voy a negar que es muy duro. La soledad es muy dura. Yo conozco mucha gente, pero me siento sola, me pongo a pensar en mi familia, me da tristeza, y esos son los momentos en que me quiero salir, ahí es cuando quiero que alguien aparezca y me diga "te ofrezco esta oportunidad". En esos momentos de soledad, es contradictorio, prefiero estar sola. No quiero saber de nadie. Tengo un gato que lo amo y lo adoro, a él le hablo, le lloro, lo abrazo.

¿Quiénes de la familia o amigos saben de su trabajo?
No muchos. Si en la universidad me descubren, yo no me avergüenzo porque sé que hay muchas niñas que están trabajando en esto, como en todas las universidades. Si solo me van a juzgar y no están aportando nada a mi vida, me pongo a la defensiva, no tengo por qué dar explicaciones. Un día me descubrió un compañero de la universidad. Llegué a un encuentro y él abrió la puerta. No sabía si irme o quedarme; él tampoco esperaba que fuera yo. Fue muy incómodo, pero tampoco tiene por qué juzgarme.

¿Y en la universidad?
Tomaría una actitud a la defensiva, a menos de que alguien me diga algo que me va a aportar a mi vida, pero si es para juzgarme les digo que es un país libre y que es un problema mío, de nadie más. Yo no tengo por qué avergonzarme. Me molesta que en Colombia la gente tira la piedra y esconde la mano.

Tiene razón, se tira la piedra y se esconde la mano: en las casi tres horas de conversación la han llamado a sus dos celulares, por lo menos seis veces. La entrevista se termina porque, precisamente, debe cumplir con una cita. Entendemos por qué tiene claro que odia que la juzguen. ¿Quién la estuvo llamando mientras hablamos? ¿Empresarios, oficiales del ejército, ejecutivos, estudiantes, actores? ¿Cuántas mujeres están respondiendo, en ese momento, llamadas de cientos y cientos de hombres casados y solteros? Le agradecemos su franqueza y su disposición para la entrevista. Se despide no sin antes mostrarnos, orgullosa, en la pantalla de su celular, la foto de Beto, su gato. Entre tantos hombres, su verdadera compañía.

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