Esa noche como tantas otras al sentir que estaban teniendo sexo, por los inconfundibles gemidos de ella que tanto me excitaban, salí de mi cuarto por la puerta de vidrio que daba al jardín y me deslicé hacia el suyo, que quedaba al lado, para ver si podía espiarlos o por lo menos sentir mas nítidamente sus suspiros y gemidos.
En esta ocasión la cortina estaba casi completamente corrida de manera que no me era posible observar con claridad, sin embargo no tanto como para que no pudiera observar que ella se encontraba en posición de perrito y mi padre la clavaba por la vagina con fuerza y rapidez. Se notaba que ella lo estaba disfrutando mucho (y no dudo que él también). Me encantaba ver sus senos bamboleantes a cada acometida y su carita con los labios medio abiertos y los ojos cerrados, el cerquillo rubio de su cabello lacio que cubría su ceño ligeramente fruncido en un gesto que por si solo bien valía una tremenda eyaculada. De inmediato me saqué la polla y comencé a pajearme con cuidado de que no me fueran a ver. Noté que él estaba especialmente excitado por lo que deduje que esa noche lo intentaría una vez más. La verdad es que lo mejor de mi madre es su maravilloso culo bien paradito y redondo, de nalgas firmes y grandes, bien proporcionadas, sin sombra de celulitis o cualquier imperfección a pesar de los 37 años de edad que contaba, de manera que no me sorprendía que mi papá cada cierto tiempo intentara romperle el culo, sino que fuera tan torpe y, como es lógico dado su pobre manejo, su ningún éxito.
Yo lamentaba mucho su ineptitud para persuadir a mamá, porque no imaginaba mayor placer que ver ese culo tan bello siendo partido en dos por la buena tranca de mi padre, entre paréntesis; que me enorgullece haber heredado, y esta vez no fue diferente. Sin mediar aviso alguno sacó la polla de su vagina y la enfiló hacia el agujerito del culo lo que hizo que mamá reaccionara violentamente saliéndose de la posición. Sin embargo lo que sí no esperábamos ni ella ni yo fue la reacción de papá que no pudo controlar su mal humor y estalló en una serie de improperios que jamás le había escuchado. La trató muy mal a mi pobre mamita y entre otras cosas le dijo que ya estaba harto de sus prejuicios y complejos y que se iba de la casa con una persona que sí supiera satisfacerlo de verdad. Pobre, después de 19 años de casado (yo tenía 18 entonces) sabe Dios cuántas veces lo habría intentado y ahora su frustración era insostenible. No dudé de que se hubiera conseguido una buena puta que le soltara el trasero y que harto de las reticencias de mamá, se largaba con la susodicha.
Yo, hay que decirlo, me alegré muchísimo porque me di cuenta de que eso me dejaba el camino libre y que ahora sí podría hacer realidad mi más apreciado sueño; destrozarle el culo a mi mami. Esa misma noche mi padre metió en una maleta todo lo que pud que me proponía lograr, algo así como el inicio de la toma de mi nuevo territorio.
Me fui a dormir muy satisfecho esperando que cuanto antes llegara el nuevo día para contárselo todo a mi novia Sonia y juntos preparar el plan que hiciera posible mi tan ansiado sueño.
A la mañana siguiente me encontré a mi mami en la cocina preparándome el desayuno. Aún no se había vestido por lo que se cubría con una bata de felpa que le llegaba hasta las rodillas, me recibió con una sonrisa y me preguntó qué deseaba tomar. Se acababa de duchar y tenía el cabello mojadito y peinado para atrás de modo que se le veía muy bien su precioso rostro. Era evidente que intentaba hacer como si nada hubiera ocurrido y que quería demostrar frente a mí buen ánimo. Me pareció que lo mejor era tomar el toro por las astas de manera que le dije que ya lo sabía todo y que lo lamentaba pero que no había podido dejar de escuchar lo gritos de papá. La pobre se derrumbó de inmediato y sus ojos azules se le llenaron de lágrimas, cruzó los brazos sobre su busto y bajó un poco la cabeza poniéndose a llorar nuevamente. El cerquillo se le vino hacia la frente y le cubría un poco los ojos como tanto me gusta a mí, por lo que sentí cómo se me paraba la polla con una fuerza tremenda. Sin perder e
l tiempo la abracé con cuidado de que no sintiera mi erección ya que no me interesaba que tan pronto se diera cuenta de mis intenciones. Ella se abrazó a mí sin dejar de sollozar y yo aproveché para, sin que se percatara, aflojarle un poco la bata de modo que sus senos quedaron a la vista. Mientras le acariciaba la cabeza y trataba de consolarla se los rozaba con mi antebrazo y mi codo. Sentir la suavidad de su piel y la firmeza de su par de tetas me produjeron un placer intensísimo, tanto que no me molesté en ocultar un prolongado gemido que mi madre seguro confundiría con un sollozo de mi parte producto de mi pena por la nueva situación que enfrentábamos.
No me pude controlar y aflojé todavía más su bata por lo que aparecieron sus braguitas blancas y sus muslos perfectos, el culo no se lo podía ver porque habría tenido que quitarle toda la bata y todavía no era tiempo de hacer eso, pero de todos modos yo estaba a punto de tener un orgasmo de aquellos, de manera que antes de que mi mamita se diera cuenta de que estaba prácticamente desnuda delante de mí le dije que no se preocupara, que yo nunca la dejaría y que juntos saldríamos adelante, acto seguido le levanté el rostro y le estampé un soberbio beso en los labios que hizo que abriera los ojos como platos, no le metí la lengua a la boca porque me pareció que eso habría sido demasiado radical, pero si me demoré un poco en sus labios degustándolos como un adelanto de lo que vendría pasado el tiempo. Yo mantenía los ojos medio abiertos cuidando de que ella no se diera cuenta de que la observaba y vi como se quedaba sorprendida por el beso, pero no atinó a rechazarme ni a decirme nada, probablemente porque lo atribuiría a un exceso de celo de mi parte o de buena voluntad que ella no quiso estropear con malas interpretaciones. Así era ella de buena y linda.
Me separé y se me quedó mirando con sus ojazos muy abiertos sin decir palabra, estupefacta, por lo que yo aproveché para mirarla a sabor y apreciar su bien formado cuerpo. Antes de que reaccionara decidí adelantarme diciéndole; Mamita no me había dado cuenta de que tenías un cuerpo tan hermoso, tienes unos senos maravillosos y tus piernas no se quedan atrás, pero mejor será que te tapes porque hay que tener en cuenta que aparte de ser tu hijo que seducíamos.
En lo primero que nos pusimos de acuerdo fue en que no podíamos apresurarnos, debíamos hacer las cosas con calma avanzando paso a paso no importara cuanto tardáramos. Había que tener en cuenta la infructuosa experiencia de papá que a lo largo de tantos años no había logrado nada. Naturalmente nosotros no cometeríamos las mismas torpezas de él sino que llevaríamos el curso de los acontecimientos de manera que fuera inevitable que ese culo tan bello fuera nuestro. En ese sentido decidimos esperar las dos semanas que faltaban para que terminaran las clases y aprovechar las vacaciones de verano para abordar más decididamente nuestro propósito. De todos modos yo aumenté las horas en el gimnasio para marcar todavía más mi cuerpo porque quería que mi mamita se enamorara de mí y me deseara sinceramente, que se excitara pensando en mí, que se masturbara, que se metiera un consolador enorme soñando conmigo. Aunque mi cuerpo estaba bastante bien me entregué a mis ejercicios con la furia que nos otorga el amor mientras esperaba que llegara la hora.