III Laura los descubre
Laura tiene la tarde libre y decide salir sola a efectuar unas compras y quedar un rato con su amiga Lucía. Luego quedará a una hora determinada para reunirse con su marido, su madre y el bebé y pasar juntos el resto del sábado.
Laura se despide de ellos, al poco rato de comer. Ha quedado con Lucía dentro de una hora, en la terraza de un bar y antes quiere visitar sola una tienda de ropa cercana. El verano sigue caluroso.
Se distrae un largo rato, más de media hora, en la tienda. Elige dos o tres prendas, que le han gustado y se va hacia la caja, para pagarlas. Al abrir el bolso, cae en la cuenta.. El monedero, olvidado, en el mueble de la entrada, ya que cambió de bolso y se olvidó cogerlo. Que contratiempo, caray, ahora tiene que regresar, menos mal que está cerca.
Le dice a la cajera que le guarde las prendas que vuelve en poco rato.
Su bebé tiene el sueño sumamente ligero y hay que andar con mucho cuidado para no despertarlo. Al llegar a la puerta de su vivienda, se quita los zapatos de tacón y abre la puerta muy suavemente, sin el más mínimo ruido. Hay silencio total en el piso, seguro que su marido y su madre están también durmiendo un poco de siesta. Recoge el monedero, pero antes, como buena madre, quiere ver como está el bebé.
Pasa con los zapatos en la mano, delante del salón, vacío. En el primer dormitorio, echa un vistazo a la cuna del niño, que duerme plácidamente. Se dispone a dar la vuelta y salir, pero siente entonces un ruido algo extraño.
Sigilosamente para no despertar al resto de la familia, que los supone dormidos, sigue pasillo adelante, hasta el fondo. Por la puerta entreabierta del último dormitorio, se encuentra con la escena.
Es una pareja en plena actividad sexual. Están sobre la cama, pero atravesados sobre ella. Los pies les quedan un poco en el aire. De espaldas a la puerta, el cuerpo de su marido, boca abajo. A los lados sobresalen los poderosos muslos de su madre, totalmente abiertos. La escena es tremenda. Su marido da rítmicos empujones de caderas contra la hembra, y cada empujón arranca un suave gemido de ella…ahh, ahh, ahh…. Ese fue el sonido que le llamó la atención.
El impacto en ella es terrible, queda anonadada, confusa. Le entra de momento un miedo terrible a ser descubierta y retrocede aterrada con los zapatos en la mano hacia la puerta. Abre y cierra con la llave de nuevo, con un cuidado exquisito. No llama ni siquiera al ascensor y baja rápida por las escaleras, hasta dos pisos más abajo. Entonces se serena algo, y se sienta en un descansillo, para tomar aire y ponerse los zapatos. No puede pensar siquiera. Sale a la calle a toda prisa, ahora le apetece ver a Lucía y desahogarse.
Lucía es como una hermana, desde niñas. Nada se ocultan entre ellas.
Cuando llega la amiga ella está ya sentada en la terraza del bar. Ha pedido una tila, lo necesita.
- Hola…-saluda Lucía- Qué estás tomando?
- Una tila..
- Tila ahora, con este calor? Estás nerviosa, quizás?
- Más de lo que te imaginas…
Lucía se fija ahora mejor en su amiga, en su rostro algo descompuesto.
- Laura, no me asustes. Qué pasa?
- Pues te lo diré sin rodeos, Lucía: Mi marido se folla a mi madre…
- Anda ya.. estás de broma?
- En absoluto, hablo totalmente en serio.
- ¿No estarás imaginando cosas y estás confundida?. Quizás no es lo que crees.
- ¿Confundida?.. Mira, dime. Piensa en una mujer totalmente desnuda sobre la cama, totalmente despatarrada y a un hombre también desnudo sobre ella, moviendo el culo… Eso que es? Es follar, no?.
- Desde luego… Pero eso lo has visto?
- Pues ahora mismo, hace quince minutos.
Laura le cuanta a su amiga lo que ha sucedido, el hecho de volver a por el monedero, la escena que ha contemplado.
- Es grave lo que me dices, Laura. Y que piensas hacer?
- No lo sé. Creo que también es culpa mía. Creo que he engañado a mi marido, porque no fui sincera con él, al no hablarle antes de casarnos de mi inapetencia sexual.
- Ya… es asunto complicado el tuyo, cierto.
- Lo es… ¿Porque ahora que hago? ¿Separarme de mi marido, romper con mi madre, quedarme sola?. No podría soportarlo, los necesito y a pesar de esto, les quiero.
Las dos amigas hablan durante mucho tiempo, sopesando los pros y los contras. Al final Laura se va relajando. Su conclusión es que va a tolerar la situación, al fin y al cabo, si mi marido me engaña, dice, mejor que todo quede en casa, y si mi madre también es feliz, pues mejor. Así, de paso, también mi marido me dejará algo tranquila y no me forzará a tener relaciones. Luego, el tiempo dirá.