NOTA: Este relato tiene dos que le anteceden “Reencuentro con mi hermano, mi cuñada y mi sobrina”, “Luego del reencuentro, a solas con mi cuñada y sobrina”, “La ayuda de mi sobrina Laurita” y “Al día siguiente, a solas con Sofía (mi cuñada)”. Si bien puede leerse en forma independiente. Si tienes ganas, leer estos dos relatos previamente hará que la historia te resulte aún más interesante, o al menos esa es mi intención.
Luego de aquel encuentro con Sofía, decidí salir a caminar... en realidad lo que necesitaba era un momento para estar a solas y poder procesar todo lo que estaba sucediendo. Sofía se estaba bañando, le avisé que saldría a traves de la puerta.
- Recuerda llevar el celular que te dio Laurtia, porque además tienes que pasar a buscarla -me recordó-.
- No te preocupes, yo pasare por ella.Sofía me había dejado en claro que sabía todo lo estaba sucediendo entre su hija y yo, luego de que mi lengua delatara mis deseos hacia las dos. Aquella mujer sabía que cuando fuera a buscar a su hija, probablemente me la cogería nuevamente. No solo esto no le preocupaba, sino que parecía interesada en que así fueran las cosas. Todo aquello me producía mucho morbo, es que no terminaba de creérmelo.
Salí a la calle y comencé a caminar sin rumbo, reencontrándome con la ciudad que me había visto crecer. Estuve así, deambulando durante más de una hora, hasta que llegó una llamada al celular que me había dado mi sobrina. Atendí inmediatamente:
- Hola ¿Laurita?
- Si tío. ¿Como empezastes tu día?
- Magnífico -conteste recordando el cuerpo de Sofía entre mis manos-.
- ¿Mamá te atendió bien?
- Si, muuuy bien -dije con satisfacción, convencido de que aquella pendeja y su madre estaban confabuladas, seguramente mi sobrina ya sabía que me había cogido a su madre a comienzos de la tarde-.
- Estoy segura que tu también la atendiste bien -respondió confirmando mis sospechas-.
- Eso creo... -mientras hablaba, me fui excitando con el solo hecho de saber que ambas eran concientes de lo que sucedía entre los tres y que lo consentían gustosamente. Esa idea abría ante mí miles de posiblidades, pero en particular me excitaba imaginarme cogiendo con Sofía y Laurita al mismo tiempo- ¿Ya tengo que pasar a buscarte? -pregunté intentando aterrizar nuevamente en la realidad-
- No, todavía no. Necesito que me vayas a buscar a “la guarida” recién en una hora y media.
- ¿A la casa abandonada?
- Si, “la guarida”. ¿Recuerdas donde es?
- Si, si... ¿Pero no prefieres que pase por la facultad?
- No, porque antes tengo que dar una vueltas y no se bien desde donde iré para allí -justificó-. Tu entra y me buscas ¿Ok?
- Si, bueno... pero ¿por donde tu busco?
- Y por adentro, en las habitaciones ¿Donde más?
- ¿Pero si entro a una habitación que esté ocupada? tu me entientes...
- Y sigues buscando -concluyó con naturalidad-. Además si vas dentro de una hora y media seguro que yo ya estaré esperándote.
- Bueno, como digas. Nos vemos allí.
- Dale, en una hora y media ¿está bien?
- Si, si.Corté la comunicación con mi sobrina y una idea comenzó a pujar en mi mente. Por mi larga caminata ya me encontraba a unas pocas cuadras de “la guarida”, posiblemente en cinco o diez minutos podía llegar allí. Y si bien mi sobrina me había citado para dentro de una hora y media, si iba antes podría descansar un poco, pensé. En el fondo otra intención me impulsaba...
Tal como preveía, en cinco minutos ya estaba frente a la casa abandonada. Entré por la misma puerta que había utilizado antes al ir con Laurita, y me introduje en la vieja casona. Al hacerlo me di cuenta que no me había preparado adecuadamente, ya que no había llevado una linterna o algo similar, que me permitiera resolver la falta de luz. Recordé entonces que tenía el celular, y aunque no era gran cosa, la luz de la pantalla me permitían una visibilidad mínima en mi entorno más próximo.
Fui caminando por uno de los corredores, intentando detectar la presencia de otros ocupantes. Me acerqué a una de las habitaciones y apoye una de mis orejas en la puerta para escuchar cualquier sonido generado desde el interior... nada. Mi primer frustración evidenciaba la verdadera motivación que me había llevado a adelantar mi llegada a aquel lugar. Quería espiar a cualquier parejita de estudiantes que pudiera estar allí. Era algo que nunca había hecho, lo cual generaba una dosis de adrenalina que me impulsaba más aún.
Seguí buscando en un par de habitaciones pero nada, la casa parecía totalmente vacía.
Subí por una escalera al piso superior, el cual no había llegado a recorrer en mi visita anterior. Llegué hasta la entrada de un gran salón que estaba totalmente en penumbras. La habitación era realmente grande, ya que cubría más de la mitad de ese piso. Fui adentrándome y para mi sorpresa encontré una gran construcción de madera que llamó mi atención. Al comienzo pensé que podía ser una especie de escultura, pero pronto comprendí que no se trataba de eso... cadenas, grilletes y piezas desmontables que parecían diseñados para aprisionar distintas partes del cuerpo. Me recordó algunas películas medievales, ya que había bastante similitud entre aquello y las “trampas” donde mantenían inmóviles a los prisioneros.
Aquello me perturbaba, ya que no terminaba de imaginarme para que querrían aquello los estudiantes que usaban la casa.
En ese momento escuché un creciente numero de voces y ruidos que comenzaban a rebotar por las paredes llegando desde la entrada. Pronto pude reconocer el sonido de un enjambre de pies subiendo por la escalera hacia el piso donde yo estaba... no se porque, pero en ese momento me sentí muy asustado, ya que la única salida que conocía necesariamente me llevaba por la escalera desde donde llegaban aquellas voces. Quizá por el sobresalto, o quizá por intuición, algo en mí me impulsó a buscar escondite. Caminé hacia una de las paredes donde se encontraban unas grandes ventanas tapiadas por bloques de semento, pero que aún conservaban sus viejas cortinas. Me cubrí con una de ellas, dejando una pequeña rendija por donde podía observar lo que sucedía sin temor a ser descubierto.
Las voces fueron ganando intesidad, mientras los pasos se aproximaban más y más. Junto a ellos pequeños focos brillantes comenzaron a iluminar la habitación, lo que me inquietó ante la posiblidad de ser descubierto. Por suerte para mi, todos los que iban entrando a la habitación rápidamente dejaban sus linternas en el piso, cerca de las paredes, apuntando hacia el centro de la habitación. Gracias a esto pude ver que junto a la construcción de madrea que antes describí, habían algunas mesas más pequeñas, sobre las cuales aparecían distintos objetos. Reconocí varios juguetes sexuales, otros parecían más bien instrumentos de tortura y también habían algunos para los cuales no podía imaginar la función para los que fueron diseñados, aunque sospechaba que todo apuntaba en la misma dirección. Todo aquello fue aumentando mi inquietud.
CONTINUA ABAJO...