Los costeños amargaron la noche blanca
Los 31 mil espectadores vibraron con el partido. Salieron tristes mientras Júnior levantaba el trofeo.
Sólo fue que ese disparo de Guillermo Beltrán -que demalas el paraguayo- se estrellara en el palo, para que la mayoría de los casi 31 mil espectadores se pararan de sus sillas y salieran del estadio.
Se fueron gachos, cabizbajos, sin ánimo de pronunciar palabra alguna. Esa anhelo de ver otra vuelta olímpica quedó aplazada hasta nueva orden. El que celebró fue el visitante y, de una vez, prendió un carnaval en 'Curramba'. Allá es donde aún debe estar la rumba prendida. Acá no, acá todos quedaron aburridos.
Se le escapó la estrella al Once Caldas. Los penaltis, esos mismos que el sábado le produjeron una tristeza a unos hinchas rojos, ahora la tienen los 'blancos'.
El día empezó como para ir al estadio. Un sol de esos que hacía mucho no salía en Manizales acompañó la mañana y toda la tarde. Eran las 6:00 p.m., el estadio ya estaba lleno, y un rayo de sol aún se resistía a esconderse. "El día está como para otra estrella", decían muchos en el estadio, que se volvió a llenar después de mucho tiempo.
El blanco predominó en las gradas. Todos se pusieron su camiseta y respiraron un ambiente de optimismo, que se apoderó de todos los rincones del Palogrande. "Huele a título, te lo juro", decía Sebastián mientras hacía fila para entrar a norte. En sur, 12 hinchas de Júnior montaban su carnaval, lo mismo que unos 15 que había en occidental. A comparación de la última final, ante Tolima en el 2009, ayer sí hubo una buena logística y organización y no hubo contratiempos para el ingreso a las gradas.
De la alegría a la desazón
6;:25 p.m. A esa hora ingresó por la puerta de maratón de norte un aerován y comenzó a recorrer la improvisada pista atlética que tiene el estadio. Ese fue el primer estallido de júbilo en las gradas. Allí iba el 'profe' Montoya, que llegó como invitado de lujo a ver el partido. El público no demoró en rendirle tributo con un "muchas gracias, Montoya muchas gracias". Ese coro al unísono se escuchó durante varios minutos. Puso la piel de gallina a más de uno y a la esposa del 'profe', doña Adriana, le arrancó unas lágrimas.
Con ese sentimiento de alegría, el público quedó hasta antes de las 7:00 de la noche, cuando el Once saltó al gramado. Hubo papel picado y humo de extintores en la popular norte. El resto fue algarabía en todas las tribunas.
Lo que se vino después, durante 90 minutos, dejó a más de uno sin uñas en los dedos. Los nervios se apoderaron de muchos, que se emocionaron con el gol de Pajoy, luego se llevaron las manos a la cabeza con el empate de Bacca y saltaron de emoción con el golazo del paraguayo Beltrán, que se puso el traje de héroe, pero luego la pasó mal.
Los últimos minutos fueron de desespero entre los seguidores. Los 12 hinchas del Júnior que había en sur los sacó la policía faltando cinco minutos
-eche no joda, ese viaje desde Barranquilla para no poder ver a su equipo levantar la copa-.
En norte, Holocausto presionó y alentó con sus cánticos, mientras que en las otras tribunas recurrieron al 'corito' del "sí se puede, sí se puede". Se pudo, pero aguantar el 2-1 para los penales.
Lo que ocurrió allí ya es historia. La pólvora que se tenía para el Once campeón, la disfrutaron los costeños, que celebraron en casa ajena. Pajoy lloró desconsolado y a él se unieron varios hinchas blancos, que salieron del estadio sin dar crédito aún a lo que había pasado. Otra vez será.
Solo pocos, muy pocos, vieron levantar la copa al Júnior, mientras 'Cheche' Hernández alentó con sus brazos a unos pocos hinchas costeños que estaban en occidental. Se salió con la suya 'Cheche', que en 1998 ya había amargado la fiesta en este mismo estadio cuando dirigía al Cali.
TOMADO DE LAPATRIA.COM