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Antiguo 07-12-2011 , 10:48:10   #246
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Laurent soltó un grito repentino, un ronco jadeo que parecía clamar piedad. El amo lo mantuvo inmóvil, tan cerca de él que sus labios casi se tocaban. La mano izquierda del señor liberó la cabeza del esclavo, recorrió su rostro y le separó los labios con un dedo. Luego las lágrimas brotaron de los ojos de Laurent.
El amo retiró el brazo con gran rapidez, se desprendió del guante y lo arrojó a un lado mientras el esclavo colgaba asido por los mozos, con la cabeza caída y el rostro enrojecido.
El amo hizo un breve comentario y los asistentes se rieron otra vez con beneplácito. Uno de los mozos volvió a colocar las abrazaderas en los pezones del príncipe forzando una mueca en él. Al instante, el amo indicó con un gesto que dejaran a Laurent en el suelo y, de repente, las cadenas de las correíllas quedaron sujetas a una anilla de oro ubicada en la parte posterior de la pantufla del amo.
« ¡Oh, no, esta bestia no puede separarlo de nosotros!», pensó Bella. Pero esto no era lo que Bella temía. De hecho, lo que la aterrorizaba era que fuera Laurent y sólo él el escogido por el amo.
Los estaban bajando a todos al suelo. Bella se encontró de pronto a cuatro patas con la suela de suave terciopelo de una pantufla apretándole el cuello. Se percató de que Tristán y Elena se encontraban a su lado. Los empujaron hacia delante mediante las cadenas que les pinzaban los pezones, al tiempo que los azotaban con las correas de cuero para que salieran del jardín.
La Princesa alcanzó a ver el dobladillo de la túnica del amo a su derecha y tras él la figura de Laurent, que se esforzaba por seguir el paso de su señor. Estaba anclado a los pies del amo por las cadenas que tenía sujetas a los pezones y su pelo castaño le ocultaba el rostro misericordiosamente.
¿Dónde estaban Dimitri y Rosalynd? ¿Por qué los habían descartado? ¿Se quedaría con ellos alguno de los otros hombres que habían venido con el amo?
No había forma de saberlo. Aquel largo corredor parecía interminable.
Sin embargo, Dimitri y Rosalynd no le importaban realmente. Lo único que le interesaba de verdad era que ella, Tristán, Laurent y Elena estaban juntos. También, por supuesto, el hecho de que él, este amo misterioso, esta criatura alta, de elegancia increíble, se movía justo a su altura.
La túnica bordada le rozaba el hombro al avanzar, mientras Laurent se esforzaba por mantener el paso del amo.
La correa daba en el trasero y el pubis de Bella mientras se apresuraba a seguir a los otros dos.
Por fin llegaron a otra doble puerta y las correas de cuero les apremiaron a atravesarla y entrar en una estancia iluminada por lámparas. Una vez más, la firme presión de una pantufla sobre su cuello ordenó a Bella que se detuviera y luego se percató de que todos los criados se habían retirado y la puerta se había cerrado tras ellos.
El único sonido audible era la respiración ansiosa de los príncipes y princesas. El señor pasó junto a Bella para acercarse a la puerta. Se había corrido un cerrojo y una llave había girado. De nuevo, silencio.
Luego, Bella volvió a oír la melodiosa, suave y grave voz. Esta vez hablaba, vocalizando con un encantador acento, en su propio idioma.
-Bien, queridos míos, podéis adelantaros y quedaros de rodillas ante mí. Tengo muchas cosas que contaros.

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