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Antiguo 07-12-2011 , 10:46:15   #245
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Al parecer, estos atributos superiores habían provocado una nueva excitación en el amo, que abofeteó con fuerza a Laurent en una sucesión asombrosamente rápida de golpes con el revés de la mano. El enorme torso se retorció mientras los mozos forcejeaban para mantenerlo quieto.
Luego el amo retiró las abrazaderas, las dejó caer al suelo y apretó los pezones del esclavo mientras éste gemía a voz en grito.
Pero había algo más. Bella lo vio. Laurent había mirado fijamente al amo; más de una vez. Sus miradas se encontraron. En ese instante, mientras el amo apretaba una vez más sus pezones, al parecer con fuerza, el príncipe se quedó mirando a los ojos de su señor.
«No, Laurent -pensó Bella con desesperación-. No lo provoquéis. No será como la gloria de la cruz de castigo, sino esos pasillos y el olvido más miserable.» De todos modos, el coraje de Laurent la fascinó por completo.
El amo rodeó al príncipe y a los mozos que lo sostenían. Entonces cogió la correa de cuero de uno de los criados y fustigó los pezones de Laurent repetidas veces. El príncipe no podía permanecer quieto pese a que ya había apartado la cabeza. Su cuello exhibía las nervaduras provocadas por la tensión y las extremidades le temblaban.
El amo parecía tan interesado y absorto en el examen como siempre. Hizo un gesto a uno de los otros dos hombres. Mientras Bella continuaba observando, trajeron al señor un guante de fino cuero dorado.
La piel estaba exquisitamente trabajada con diseños intrincados que decoraban toda la longitud del brazo hasta el gran puño. Todo el guante relucía como si estuviera embadurnado con algún bálsamo o ungüento.
Mientras el amo lo estiraba para adaptarlo a la mano y al antebrazo, Bella sintió su propia excitación y acaloramiento. Los ojos de su dueño casi parecían aniñados en su aplicación, su boca resultaba irresistible cuando sonreía, la gracia de su cuerpo en el momento de aproximarse a Laurent le pareció cautivadora.
El hombre llevó la mano izquierda hasta la nuca de Laurent para mecérsela y con los dedos le enredó el pelo mientras el príncipe miraba fijamente al cielo. Con la mano derecha enguantada, empujó lentamente hacia arriba entre las piernas abiertas de Laurent e hizo penetrar primero dos de sus dedos en el cuerpo del esclavo, mientras Bella observaba descaradamente.
La respiración de Laurent se hizo más ronca y rápida. Su rostro se oscureció. Los dedos habían desaparecido dentro del ano y parecía que toda la mano se abría camino en su interior.
Los mozos se acercaron un poco desde todos los lados. Bella advirtió que Tristán y Elena observaban con la misma atención.
Entretanto, el amo parecía tener ojos únicamente para Laurent. Lo miraba fijamente mientras su rostro se contraía de placer y dolor y la mano continuaba adentrándose más y más en su cuerpo. La muñeca también estaba dentro y las extremidades de Laurent habían dejado de estremecerse. Estaban paralizadas. Dejó escapar un suspiro prolongado y sibilante entre los dientes apretados.
El amo alzó la barbilla de Laurent con el pulgar de la mano izquierda. Se encorvó hasta que su rostro estuvo muy cerca del esclavo. En medio de un largo y tenso silencio, el brazo subió aún más por el interior de Laurent mientras el príncipe daba la impresión de estar a punto de desvanecerse, con la verga erecta y quieta rezumando una humedad diáfana en forma de diminutas gotitas.
Todo el cuerpo de Bella se tensó, se relajó y, de nuevo, se sintió al borde del orgasmo. Mientras intentaba contenerlo, sintió una creciente debilidad, un agotamiento extremo. De hecho, todas las manos que la sostenían le hacían el amor, la acariciaban.
El amo llevó su brazo derecho hacia delante, sin retirarlo del interior de Laurent. Este movimiento alzó aún más la pelvis del príncipe, dejando todavía más al descubierto los enormes testículos y el reluciente cuero dorado que ensanchaba el anillo rosa del ano hasta lo imposible.

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