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Antiguo 07-12-2011 , 10:42:02   #242
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

EXAMEN EN EL JARDÍN




No fue un hombre quien entró en el jardín sino que fueron tres. No obstante, dos de ellos permanecieron en segundo término por respeto al que se adelantó lentamente en solitario
Había un tenso silencio. Bella vio los pies y el bajo de la túnica del personaje que se movía alrededor del círculo. El tejido era suntuoso y las pantuflas de terciopelo tenían un rubí en la punta. Aquel hombre se movía con pasos lentos, como si lo inspeccionara todo minuciosamente.
Bella contuvo la respiración cuando él se aproximó a ella. La princesa miró de soslayo al sentir que la pantufla de color vino le rozaba la mejilla y se apoyaba luego en su nuca, para seguir a continuación toda la longitud de la columna vertebral.
Bella se estremeció, incapaz de contenerse. El gemido sonó fuerte e impertinente a sus propios oídos pero no hubo ninguna reprimenda.
Le pareció oír una risita. Luego, una frase pronunciada con suavidad hizo que le saltaran una vez más las lágrimas. Qué voz tan sedante e inusualmente musical. Quizás el idioma ininteligible la hacía más lírica. No obstante, lamentaba no comprender el significado de aquellas palabras.
Naturalmente, nadie le había hablado. Aquellas palabras estaban dirigidas a uno de los otros dos hombres, pero aun así la voz la estimuló, casi la sedujo.
De súbito, sintió que tiraban con fuerza de sus cadenas. Sus pezones se endurecieron y sintió un picor que al instante extendió sus tentáculos hasta la ingle.
La princesa, insegura y asustada, se puso de rodillas, y luego notó que tiraban de ella para que se levantara. Los pezones le ardían y su rostro estaba al rojo vivo.
Por un momento, la inmensidad del jardín la impresionó. Los esclavos atados, la abundante floración, el cielo azul, de una claridad pasmosa, en lo alto, la gran cantidad de criados que la observaban. Además, el hombre que se hallaba de pie ante ella.
¿Qué debía hacer con las manos? Se las puso detrás de la nuca y fijó la vista en el suelo embaldosado. En su mente sólo persistió una imagen sumamente vaga del amo que la escrutaba.
Era mucho más alto que los muchachos. De hecho, era un hombre muy alto y delgado, de proporciones elegantes, que parecía de mayor edad por su aire autoritario. Era él quien había tirado de las cadenas que aún asía.
De forma totalmente inesperada, se las pasó de la mano derecha a la izquierda y con la mano libre dio un manotazo en la parte inferior de los pechos de Bella, lo cual la sorprendió. La princesa se mordió el labio para contener las lágrimas. Pero el ardor que sintió en su cuerpo la desconcertó. Ansiaba que la tocaran, que volvieran a golpearla; suspiraba por sufrir una violencia aún más aniquiladora.
Cuando intentaba controlarse, vislumbró brevemente el oscuro cabello ondulado del hombre, que no le llegaba a los hombros. Aquellos ojos eran tan negros que parecían dibujados con tinta, y los iris grandes y relucientes, cuentas de azabache.
«Qué encantadora es esta gente del desierto» pensó Bella, y los sueños de la bodega del barco volvieron de repente a ella como una burla. ¿Amarlo? ¿Amar a este hombre que no es más que un sirviente como los demás?
De todos modos, aquel rostro le provocó miedo y turbación. De pronto le pareció una cara inverosímil, casi inocente.
De nuevo se oyeron unas sonoras palmotadas y Bella, incapaz de dominarse retrocedió unos pasos. Sus pechos se inundaron de calor. Su joven asistente le fustigó las piernas desobedientes con la correa. Bella se mantuvo quieta, lamentando aquel error.

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