| Staff Retirado Con Honores Denunciante Dorado
| Respuesta: Viernes de depresion Que cosa sea el amor verdadero sólo la omnipotencia -si acaso- lo sabe la humanidad se desangra en las penas de nuestra especie eternas, Esperanzas, sueños, alegrías que como en el poema de Silva nunca han sido nuestras, han movido el hacer y la ambición, y han ahogado como dicen también, mas hombres que el mar. Cuando me asaltan estas dudas, fatales para la confianza, sólo encuentro sosiego en la lectura, en la poesía, en las desventuras de desdichados que han compartido los anhelos y la angustia de no saber quien es, ya versaba Rubén Dario en Lo Fatal: " DICHOSO el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque ésa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... ¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!... " La poesía de personas que han sopesado el terror de la oscuridad de los años frente a la luz de su pensamiento, para rememorar lo pasado o lo por venir, como Mi sueño de Verlaine, donde no es una mujer, acaso no un genero, es el amor el que presuroso llega, el que rompe cualquier esquema "Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante de una mujer ignota que adoro y que me adora, que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora y que las huellas sigue de mi existencia errante. Se vuelve transparente mi corazón sangrante para ella, que comprende lo que mi mente añora; ella me enjuga el llanto del alma cuando llora y lo perdona todo con su sonrisa amante. ¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro. ¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro, el de virgen de aquellas que adorando murieron. Como el de las estatuas es su mirar de suave y tienen los acordes de su voz, lenta y grave, un eco de las voces queridas que se fueron" ya con ánsia se ha pensado en el amor idílico, unidos los amantes respirando una misma sangre, un mismo cuerpo, esa era una de las ideas precisamente de El Banquete en donde se narra una historia que une dos cuerpos hasta la saciedad de las formas "»En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito. En segundo lugar, todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción. Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que querían. Cuando deseaban caminar ligeros, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como los que hacen la rueda con los pies al aire. La diferencia, que se encuentra entre estas tres especies de hombres, nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esférica." algo así, como un par de siameses, aunque la gráfica no muestra a cabalidad lo que el mito narra, Hegel tendía a comprender el amor como la "libre unidad de los particulares en su diferencia" es la armonía de la música, concordancia entre variaciones ¿se puede comprender y vivir conforme a estos preceptos de razón? Cuando la duda asalta y son los años y la seguridad lo que nuestro pecho aguarda, el camino seguido es el recorrido, mas, si el espíritu vive con ímpetu de cambio, y en cada instante las variaciones han sido constantes, no es conveniente retener la ambición y el sueño, pues con seguridad cada noche cuando la cabeza la almohada o el cojin o el brazo encuentre, va a rememorar, a extrañar y anhelar instantes fugaces que con suspiros se viven. Es lo que se quiera, es con lo que se comprometa. La vida corre como en sensación de Rimbaud "Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,
herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.
Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma.
Me iré lejos, dichoso, como con una chica,
por los campos , tan lejos como el gitano vaga."
Marzo de 1870
Si el dulce olor del regazo al que el olfato alcanza, es el que gustoso día tras día se acompaña, es necesario conservarlo y no dejarlo ir tras la efimera presencia del beso, la intensa sensación se puede vivir, capturarla y transmitirla, expíandola como otras mentes que sopesaron las contínuas calamidades de la especie Termino mi perorata con dos poemas de uno de mis favoritos, el señor Roberto Juarroz, representante de lo que algunos llaman, poesía del pensamiento, El amor empieza cuando se rompen
los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se agacha hasta la sangre. El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte. El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable. Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales. y este, sobre la incapacidad de las palabras para enunciar un final, sobre terminar la presencia de los cuerpos acostumbrados a los pliegues de la sabana; No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen.
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como lanzadera
de un telar descompuesto.
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de un mundo.
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia. Amigo  |