Respuesta: Las aventuras de Bella Lo veía más claramente en las ocasiones en que la corte recibía la visita de príncipes de otras tierras que se maravillaban de esta costumbre de mantener esclavos reales del placer. ¡Cómo me había mortificado que me presentaran ante estas visitas! -¿Cómo conseguís que sirvan? -preguntaban, medio asombrados, medio encantados. Nunca sabías si lo que anhelaban era servir o dar órdenes. ¿Acaso conviven enfrentadas en todo ser vivo ambas inclinaciones? La respuesta inevitable a su tímida pregunta consistía en una mera demostración de nuestra esmerada formación: debíamos arrodillarnos ante ellos, mostrar nuestros órganos desnudos para que los examinaran y levantar nuestros traseros para recibir los azotes. -Es un juego de placer -decía mi señora, sin darle más importancia-. Éste de aquí, Laurent, un príncipe de exquisitos modales, me entretiene especialmente. Un día será el soberano de un próspero reino. -Entonces me pellizcaba lentamente los pezones y luego levantaba su palma abierta bajo el pene y los testículos para mostrarlos a sus embelesados invitados. -Pero, de todos modos, ¿por qué no lucha, por qué no se resiste? -acaso preguntaba el invitado, posiblemente para disimular sus verdaderos sentimientos. -Pensad en ello -decía entonces lady Elvira-. Está completamente libre de los ropajes que en el mundo exterior harían de él un hombre, para que pueda exhibir mejor los atributos carnales que hacen de él mi esclavo del placer. Imaginaos a vos mismo tan desnudo, indefenso y completamente rendido. Quizá también decidierais servir, en vez de arriesgaros a recibir una tanda de ignominiosos correctivos. ¿Algún recién llegado había renunciado alguna vez a pedir su propio esclavo antes de que cayera la noche? En muchas ocasiones me había visto obligado a gatear con el rostro enrojecido y tembloroso para obedecer órdenes expresadas por voces poco familiares e inexpertas. Se trataba de nobles a los que algún día yo recibiría en mi propia corte. ¿Recordaríamos entonces esos momentos? ¿Se atrevería alguien a mencionarlos? Lo mismo sucedía con todos los príncipes y princesas desnudos del castillo. Se ofrecía la mayor calidad para esta absoluta degradación. -Creo que Laurent servirá como mínimo otros tres años -explicaba lady Elvira con frivolidad. Qué distante y eternamente atolondrada era-. Pero la reina es quien toma estas decisiones. Cuando se vaya, lo sentiré mucho. Creo que quizá sea su corpulencia lo que más me fascina. Es más alto que los demás, sus huesos son de mayor tamaño pero aun así su rostro es noble, ¿no os parece? Entonces chasqueaba los dedos para que me acercara y, luego, me pasaba el pulgar por la mejilla. |