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Antiguo 15-11-2011 , 10:07:10   #213
esquimala
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Predeterminado Respuesta: Las aventuras de Bella

Cuando el muchacho de piel oscura lo llevó sobre Bella y le empujó la cabeza hacia la
axila izquierda de la muchacha para que tocara la miel con el rostro, Tristán se puso a
lamerla.
Bella suspiró al sentir la intensa presión húmeda de la lengua en la curva de la axila. Sus
ojos se agrandaron mientras él la limpiaba del líquido, produciéndole cosquillas en la
cara con el pelo, y luego empezaba a nutrirse de la axila derecha con la misma avidez.
Parecía un dios extranjero encorvado sobre ella: su rostro pintado, sus poderosos brazos
y aquellos hombros pulimentados hasta conseguir un lustre magnífico parecían recién
salidos de lo más profundo de sus más inconfesables sueños.
El ágil guía de dedos largos obligó a Tristán, con un tirón de la frágil cadena de oro, a
descender por el cuerpo de la princesa y tomar con su re luciente boca el dátil
almibarado del ombligo.
Las caderas y el vientre de Bella se alzaron con acentl1ados movimientos al sentir el
contacto de los labios y los dientes de Tristán. Un gemido sur gió de su interior, y las
flores que sostenía en la boca temblaron contra sus mejillas. Como a tra vés de una
bruma, la princesa vio sonreír a los ayudantes, que asentían con beneplácito y la in
ducían a continuar con ademanes de ánimo.
Tristán se arrodilló entre sus piernas. Esta vez no fue necesario que el asistente le guiara
la cabeza. Con un gesto casi salvaje, el príncipe esclavo mordisqueó el relleno de fruta,
y la suave presión de las mandíbulas contra el pubis de la princesa casi la hicieron
enloquecer.
Tras consumir las uvas, la boca de Tristán se comprimió contra los labios púbicos de
Bella pa ra atrapar con los dientes los gruesos pedazos de melón.
Ella se retorcía y se agarraba con fuerza al al mohadón mientras alzaba las caderas sin
control.
La boca de Tristán se adentraba cada vez más por sus profundidades, mordisquendo y
lamiendo el clítoris mientras extraía más trozos de fruta. En un frenesí de movimientos
ondulantes, Bella for cejeó para ofrecer la fruta a su compañero.
La conversación que antes llenaba la habita ción se había desvanecido. La música
sonaba gra ve y rítmica, casi obsesiva, acompañada por los gemidos de la princesa que
se convirtieron en ja deos vociferantes mientras los jóvenes asistentes rebosaban de
alegría y los observaban orgullosos desde sus puestos.
Las mandíbulas de Tristán trabajaban con efi cacia sobre ella, vaciándola. En ese
instante suc cionaba los jugos que rezumaban por su entre pierna, y la lengua volvía
incesantemente sobre su clítoris con amplios y lentos lametones.
Bella sabía que su cara estaba al rojo vivo. Los pezones eran dos pequeñas almendras
doloridas. Su cuerpo serpenteaba con tal violencia que las nalgas se levantaban del
cojín.
Pero, con un angustiado gemido de decep ción, vio que levantaban la cabeza de Tristán
tirando de la pequeña cadena. Bella sollozó queda mente.
Por suerte todavía no había acabado. Los asistentes obligaron a Tristán a desplazarse
hacia arriba y, diestramente, le urgieron a darse media vuel ta ya colocarse de nuevo
encima de ella. Luego su verga descendió sobre los labios de la muchacha mientras la
boca de él se abría completamente para cubrir el pubis. La princesa levantó la cabeza
para lamer el miembro, intentando atraparlo fir memente entre sus labios, y de pronto lo
capturó y tiró de él hacia abajo mientras alzaba los hombros.
Lo chupó febrilmente, hasta la base. El dulce sabor a miel y canela se entremezcló con
el caliente aroma salado de la carne de Tristán. Bella movía rápidamente las caderas
sobre el cojín y, encima de ella, el príncipe lamía el diminuto nódulo es condido en su
entrepierna. Tristán llevó su boca hasta que atrapó los gruesos y palpitantes labios
púbicos con los dientes ya continuación lamió la miel que exprimía de ellos.
Bella, entre gruñidos que parecían casi lloros, chupaba el miembro del príncipe con la
cabeza echada hacia atrás, contrayendo la boca al ritmo de los espasmos que Tristán
provocaba al lamerle el clítoris y el monte púbico con una fuerza repen tinamente
violenta. Cuando el ardiente y deslum brante orgasmo inundó todo su cuerpo, provo
cando fuertes y gimientes suspiros, la princesa sintió la eyaculación de él desbordándose
en su interior.

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